Andanzas con el Kivort

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 1 de julio de 2017. Kivort es uno de mis compositores jóvenes favoritos. No lo puedo ocultar. Lo conocí un día allá en la Moctezuma personalmente. No recordaba que Arturo Waldo, guitarrista del grupo Real de Catorce, ya me habían hablado de él y de su proyecto musical. Me había enviado las maquetas que habían grabado para comenzar a producir el primer ep de Kivort. Cuando lo escuché en vivo, mis oídos no pudieron resistirse a los juegos de palabras que formaban cada canción, sus albures y sus sucios acordes.

Fue hace dos años que me lo topé. Por la tarde de este sábado, me lo volví a encontrar y nos fuimos a echar unas chelas en Tepito, en una casa que se dedica a vender cerveza artesanal de distintos países y regiones de nuestro México. Ahí platicamos un rato. Yo pedí cerveza clara y me trajeron una llamada “Colimita” que, nos explicó el don que atendía, estaba elaborada con agua del volcán de Colima. La cerveza realmente era muy buena. Me tomé dos y una más de otra marca pero clara: fueron exquisitas.

Kivort por su parte, se tomó tres cervezas, una con sabor a chocolate pero pesada y fuerte. Estaba haciendo un poco de tiempo para su concierto de la noche, donde le abriría a Armando Rosas. Cuando Kivort se lanzó a tocar, yo me lancé a la kermés musical “Rumbo al Festival Comparte por la Humanidad”. En realidad llegué muy tarde. Me perdí de todos los proyectos musicales, excepto de Lengualerta, que fue el que cerró la noche.

Luego me lancé a esperar a Kivort más al sur y nos fuimos a la Taza de los Sueños, un lugar que está a unas cuadras del metro Complico. Cuando llegamos, la puerta estaba cerrada y sólo dos chicas estaban observando como los músicos comenzaban a guardar sus instrumentos. Cuando entramos, Kivort saludó a todos y cada uno de los que estaban ahí. Entre albures y bromas, pidieron a Kivort que cantara parte de su repertorio. No hubo gente y la lluvia había terminado de caer. Kivort sacó su guitarra, sus pedales y comenzó a probar el sonido. Los administradores del lugar pidieron que bajara el volumen del amplificador donde se conectó, pues los vecinos podrían llamar a la policía y tener problemas.

Dylan Barroco en ese momento armó la “vaca” para ir por cervezas. “No toques aún, hasta que lleguemos”, le dijo Dylan a Kivort. Pero éste, después de unos diez minutos, comenzó a cantar algunos covers, entre ellos, rolas de Emiliano Buenfil.

Por fin llegaron las chelas que nos dejaron pasar a la Taza de los Sueños, un lugar que se encuentra en un simpático jardín que fue adaptado para hacer presentaciones musicales. Kivort se echó sus rolas mientras los demás ya bebíamos cada uno su Victoria de lata. Como la onda no estaba tan chida, Kivort sólo tocó unas cinco rolas y mejor su puso a platicar con sus cuates que conoció en un taller de composición.

Los administradores primero nos invitaron a quedarnos y hacer la bohemia en el patio, en las mesas del lugar, que no había problema, que se podía platicar y cantar siempre y cuando fueran de manera acústica. Y pues ahí nos quedamos. Yo bebiendo chelas y escuchando las pláticas de todos ellos. Hubo rolas y Dylan se echaba el palomazo con su teclado. Pero cuando vieron los administradores que no nos íbamos, amablemente nos corrieron del lugar disculpándose con nosotros, diciéndonos que ellos tendrían que levantarse muy temprano para emprender un viaje y ya no era posible quedarse más tiempo.

Así tuvimos que irnos. Eran cerca de las dos de la mañana. Y nos fuimos a la altura de Taxqueña y eje la Viga. Allá seguimos la bohemia y la charla. Siguieron tocando covers clásicos de música popular. Reían, se burlaban o expresaban el sentir o admiración hacia tal o cual canción. Y la tomadera hasta bien entrada la madrugada que más bien, se había transformado en alba. Yo dormí en la barra del restaurante. Dylan se juntó unas cinco sillas y ahí durmió. Kivort hizo lo mismo pero con una silla menos. Otro chico, amigo de Dylan se acomodó en el suelo y se cubrió con papel periódicos para taparse del frío.

Las fotografías que presento aquí, fueron elaboradas en La Taza de los Sueños y en un restauran que próximamente abrirá sus puertas más o menos al sur de la ciudad. Un ensayo fotográfico en que muestro un poco la bohemia de esta noche de rol con Kivort.

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