Aquí no estuvo Alicia

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 3 de febrero de 2015. Llegué tarde al Multiforo Alicia. Una hora después de iniciado el evento, me encuentro a la primera banda sacando sus amplis. Me los presenta un amigo y me dice que son Día de furia, un grupo entre Limp Bizkit y Korn o “algo así”.

Subo las escaleras y me adentro al Alicia. No está a reventar pero hay bastante gente. Las chelas las han subido de precio y eso le resta encanto. “Ni modo, habrá que sobrevivir de algo” – me digo.

Veo algunas caras conocidas y simulamos no vernos. O mejor: no conocernos. Llego hasta el frente del escenario y comienzo a sentirme viejo y sin alcohol. La gran mayoría de los jóvenes que miro tendrán cerca de 18 a 25 años en su mayoría. Gritan, cotorrean, aplauden, aúllan, interpelan.

Barbanegra está arriba del escenario y armaba el desmadre con su punk en contra del priísmo y del presidente Peña Nieto. “A ver culeros: que se escuche hasta Los Pinos y después de mí van a gritar ¡Mal gobierno! ¿Están de acuerdo?” – e incita a gritar y a bailar slam en cuanto comienzan su rola ‘skapunkera’.

Una chica me dice que los metales que acompañan a Barbanegra no le agradan: “suenan como raros”. No le comento pero me parece acertado. Me agrada más Barbanegra sin su base de alientos metal, su onda harcorera, pero sobre todo, porque de la noche, es el único grupo de la escena que mantiene un discurso político con sus ska/punk/harcorero.

Jean Loup está listo. Dice el cantante de Barbanegra que “es música para niñas” y así los presenta. Se tardan un poco más. “¡No voy a alcanzar metro!” – gritan detrás de mí; “¡Alex! ¡Te amo!” – grita una fan casi enamorada. Fernanda, la joven baterista, está lista y comienza el sonido que llamo “minimalismo impertinente” por sus prolongadas repeticiones en ambas guitarras y cierto grado de insolencia juvenil.

“Muchas gracias chiquitas” – dice Emanuel al respetable después de tocar la primera rola. El frente del escenario está más apretujado. No sé si son amigos o seguidores, pero en ambos casos, los piropos y los gritos no se dejaron esperar.

“¡Voyuer! ¡Voyuer!” cantaban todos los morros que se desviven al percibir los suculentos cambios de ritmos que va marcando Fer desde su templete y van tomando mayor velocidad, algunos de ellos me recuerdan ciertos toques prehispánicos.

Más tarde vendría Tau, banda de Berlín, Alemania, con un sonido psicodélico, casi avant garden y con mucha onda étnica, casi experimental. Para mi sorpresa, es la única banda que imprime en su música raíces indígenas mexicanas. Dos guitarras, un bajo, una batería y un teclado, daban forma entre la oscuridad y las sombras, un ritual místico posmoderno (lo que quiera decir eso).

“Mucha gracias. Es un placer tocar para ustedes. Vengo de lejos. Soy de Irlanda. Es un placer, un verdadero placer” – comenta en inglés Shaun Mulrooney, vocalista de los Tau después de tocar una versión del tema indígena nahua ‘Huey Tonantzin (Madre Tierra)’. Su sonido es hipnotizante.

Su guitarra suena fuerte, como si el Alicia no fuera lo suficientemente pequeño para que todos podamos oírlo. “Venadiiiiito, venadiiiito” comienza a sonar por las bocinas. Un bajo incisivo que no cambia de nota pero sí de ritmo, un teclado que fondea y sirve de base armónica, una flauta de carrizo que suena a instantes durante los diez minutos que dura la interpretación, van tejiendo una performance que recuerda a Velvet Underground. Los cantos rarámuris se van alternando para estallar en un ritmo casi mágico al final de la pieza, donde la batería entra de lleno y hace explotar esta amalgama sonora y psicodélica.

Vendría la oportunidad de Vyctoria. La banda comienza con una improvisada textura musical larga, lenta, oscura. Más tarde, la voz de Mariana comienza a inundar la noche con la primera rola: ‘Espíritu en el tiempo’. Su mirada parece triste y se va mezclando con sus prolongadas vocalizaciones llenas de reverberación.

Mariana baila, controla su voz desde su pequeña mezcladora para procesar su voz. “¡Te amo!” – le gritan mientras su voz y su cuerpo producen un vaivén casi alocado, casi en éxtasis. Sí, no resisto entregarme a sus gritos. Es como una sirena en plena oscuridad de la nada.

“¡Hey! ¿Cómo están? Esperemos que estén así súper drogados porque esto va a ser un viaje” – saluda Yiru de Acidandali, trío que ha logrado un sonido único con su música experimental y ruidosa. Su participación estuvo cargada de cierta improvisación y ruido desaforado que te mantiene fuera de ti mismo.

“¡Oigan! ¿Cómo se escucha todo? ¿Se escucha chido? ¿La guitarra, el bajo? ¿Chingón? ¿Chido? ¡A huevo!” – ironiza Yuri. Polly se une a la broma con su voz totalmente procesada varias octavas abajo que la hace parecer de ultratumba: “¿Se escucha bien la voz? ¡Gracias!”. Todos ríen.

La energía de Polly, la guitarrista, me atrae como si fuera una polilla. Si performance es radiante: cabecea, sacude su cabello, levanta la lira, la vuelve a bajar, se acerca a Yuri y se vuelve a alejar para comenzar su rito musical una vez más pero en otro espacio del escenario que en realidad es pequeño.

Acidandali llena de ruido el Alicia. Se avientan un cover de Radiohead. Lo celebran. Cada vez hay menos personas. Mucho menos que al principio. De hecho parecen quedar sólo los músicos de la otras bandas. Pa’ no sentirse solos, se acompañan.

Me encuentro nuevamente a la chica del principio. “¿Qué te pareció el evento?” – le pregunto. Ella contesta: “Me quedo con Tau que fue lo mejor y con Acidandali”. Estoy de acuerdo con ella, aunque no dejé de disfrutar las buenas intervenciones de los otros grupos.

AQUI NO ESTUVO ALICIA (video)

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