Armando Rosas: el oficio suyo

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 22 de octubre de 2016. Escribir canciones señor/es el oficio mío/componer canciones señor/es oficio divino/hay que decir palabras con mucho tino… Así iniciaba Armando Rosas su concierto en “La Estación”, un restaurante de la ciudad de Amecameca (Edo. de México) en donde estrenó dos canciones que vendrá en su próxima producción “El Oficio Mío”.

A pesar del frío, Amecameca lo esperaba ansioso y tibio en una vieja casona construida a finales del siglo XIX, hoy convertida en el restaurante “La Estación”, con deliciosa comida y buena cerveza, además de un trato cortés del personal a quienes le caen por allí, que en esta noche, fueron bastantes para dar cobijo a Rosas que sonreía contento por la convocatoria que hubo.

Hay que darle la pausa y mucho sentido/hay que decir historias que no se han dicho/y contarlas con frase y mucho ritmo… Al terminar ésta primera pieza, el público le aplaude entusiasmado y Armando nos cuenta la aventura que vivió para grabar lo que será su décima producción musical: “Esta es la rola que le da título a mi disco número diez. Fue un disco azaroso, un disco que inició en Ciudad Neza y concluyó con sesiones en la ciudad de Amberes, Bélgica”.

Armando, con esa voz grave y tranquila, rememora: “Es un disco que quiero mucho. Me llevé cinco años. Quizá es el disco más largo que he hecho. Generalmente, organizaba las canciones, me metía a un sólo estudio y lo concluía a los cinco o seis meses. Sin embargo, este disco anduvo rolando por todos lados”.

Armando, ante el tiempo de gestación de su disco, esperanzado comentó: “Espero que este disco ya esté con ustedes en unos días; espero que no sea en más de un mes; espero lo estemos presentando completo por acá”.

El público es variado. Hay niños, adolescentes, jóvenes y adultos; hombres y mujeres emocionados. Algunos comienza a tomar fotos, a tomar videos, a dejar evidencia del paso de Rosas por su ciudad. El ambiente es ameno y se nota que Rosas lo está gozando.

Él comienza su segunda canción diciendo: “Cuando era chavo mis abuelos, mis padres, mis tíos y yo, nos reuníamos alrededor de la televisión para ver un programa que se llamaba «Bonanza». No sé si ustedes lo recuerdan. Era de vaqueros. Y siempre los fugitivos con culpa o sin ella, soñaban con escapar a México”. Y con un ritmo entre rockero y blusero, Armando Rosas estrena por acá “El ombligo del Mundo” que “también es parte de esa producción llamada «El Oficio Mío»”, nos aclara.

El público canta, al principio, tímidamente, dejando que la voz de Armando los vaya seduciendo. Pero al recetarnos “Rhythm & Pango”, las voces se convierten en una sola. Y a partir de ahí, el concierto. Cuando anuncia la rola “El Papalote”, la sala se convierte en un coro que murmura Por qué te niegas al despegar/por qué te aferras al no dudar/suelta le cuerda y ya verás/que el papalote se elevará/y ya en el cosmos vas a notar/la diferencia que hace al volar/y sentirás que vives de más/y de allá arriba no bajará…

Armando Rosas lleva cerca de media hora tocando con su guitarra electro-acústica. Después de unos cuarenta minutos, toma su piano eléctrico y ejecuta “Herraje”, y la marea se convierte en sutiles voces que lo acompañan desde adelante hasta la parte trasera de la sala.

En otro momento, invita al proyecto “Los Bufones” a echarse la rola “Habrá tiempo” que cantan con mucho entusiasmo. El público los escucha y canta con ellos. Armando la vuelve a cantar, pero ahora con su piano y muy a su estilo. Y la sala se vuelve a llenar de voces melodiosas.

Armando Rosas ofreció cerca de dos horas de música imposible de reseñar en tan corto espacio. Amecameca, a pesar de su cercanía a los volcanes y su frío intenso, entró en calor en “La Estación” con las rolas de este músico. Armando Rosas consintió con su “quiquiriquí” a los pobladores de esta ciudad, y sin proponérselo, a los dos volcanes que la custodian.

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