“Buscando la libertad del músico”: La Orquesta Vulgar

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 16 de febrero de 2015. Fue viernes 13. Dice el vulgo que es un día de mala suerte. Que no hay que casarse ni “embarcarse”. Nunca lo he creído. Lo que sí fue cierto es que el frío fue bastante pero no lo suficiente para acabar con lo ánimos de La Orquesta Vulgar, una agrupación de jazz funk con aproximadamante seis años de existencia, y que en esta noche realizó una fiesta de recaudación de fondos para su viaje a Austin, Texas, en donde fueron invitados por segunda vez consecutivo al  festival de música SXSW MUSIC.

La fiesta fue en la periferia del Centro Histórico en una vieja casa que logró sobrevivir al terremoto de 1985, me dice el vecino que vende alitas al carbón. Es una hermosa casa con un gran patio que en esta ocasión, estuvo iluminada por una coqueta serie de luces navideñas que a manera de lona, iluminaba el espacio donde tocó La Orquesta Vulgar.

Al lugar arrivamos cerca de 150 personas, la gran mayoría jóvenes que disfrutaron la hora y media de música que esta banda oriunda del Distrito Federal nos ofreció. La cerveza comenzó a venderse, aunque la verdad, no era tan buena como la música de la banda, que a más de dos o tres hizo “venirse” de tan sólo escuchárlos y bailar.

La Orquesta Vulgar es “una mezcla de jazz con un poco de todo: de funk, reggae, ska, rock, de todo” – me dice Cuautli, guitarrista de la banda. Fernando, bajista del grupo, comenta que esta última aliniación lleva cerca de “dos años” y se consolida como quinteto: “dos saxofones (saxofón tenor, saxofón alto), bajo, batería y guitarra” y con ello logran un sonido “más dirigido” porque antes “era mucha improvisación: jam”, y “aunque sigue siendo una búsqueda, ya tiene un sentido más claro” – recalca Fer.

Escuchar a La Orquesta Vulgar en directo es un viaje que nos eleva espiritualmente. La energía que derrocha ‘Simbad’, el baterista en cada una de las piezas, es una especie de perfomance casi erótico con sus gestos faciales que contagia. En muchos de los remates más fuertes, ‘Simbad tiene que levantarse del asiento porque no es suficiente su punch, intercambia baquetas, mazos, escobetillas.

La Orquesta Vulgar ya está terminando lo que sería su primer disco, o mejor dicho, una grabación en la que están más satisfechos con el resultado. La producción fue realizada en los estudios de otro grupo de jazz funk: Los Músicos de José. “Jose nos está haciendo el paro y el plan es que ya salga en un mes, aproximadamente, para poder irnos con él al festival que vamos ir” – dice entusiasmado Fer.

El patio ya no parece suficiente. Todos estamos apretujados alrededor del grupo. Una chica baila, otro chico cierra los ojos al escucharlos. La espera para el baño se hace larga porque es mixto. La energía que se genera es sensacional. La noche termina y es hora de marcharse. Cuautli me ofrece irme con ellos a casa de Simbad.

La dueña de la casa desesperada, comienza a corrernos, no si antes, ayudar un poco a recoger la basura que rueda por el suelo. Me siento cansado y es hora de volver a casa. En la cabeza me queda una idea a partir de la organización de este evento autogestivo en donde La Orquesta Vulgar va “buscando la libertad del músico y la libertad expresiva” porque “el sistema en el que vivimos (es) muy capitalista, muy mexicano, (y) no permite ciertas cosas”, y de ahí “ser libres y de hacer lo que nosotros queramos”.

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