Café Tacuba: 25 años de cafeína musical

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 28 de mayo de 2014. Ayer martes, la agrupación Café Tacvba celebró sus 25 años de tocar por primera vez; lugar: el bar el Hijo del Cuervo Coyoacán, en donde tuvieron que vender boletos para poder hacerlo. Nos entraron los recuerdos y les dejamos esta pequeña reseña de la primera vez que los escuché en el teatro Isabela Corona, allá por el año de 1989.

La primera vez que escuché a Café Tacvba fue en el año de 1989 en el teatro Isabela Corona, a pocos meses de haberse formado. Yo tenía por ese entonces 19 años. Había conocido como mensajero a dos chicos de mi misma edad: Héctor y César que trabajaban en la misma tienda que yo en la calle de República del Salvador, centro. El primero moreno, el segundo pálido; Héctor de la Narvarte, César de la Culhucán. Con ellos inicié un viaje a los antros subterráneos de la ciudad de México. Con ellos conocí la escena industrial y rock que no se encontraba en las filas del rock en español.

Fue Héctor que vivía a unos cuantos metros del hoy mítico Rockotitlán, quien nos invitó a escuchar a Café Tacvba en ese lugar. Sin embargo, por una u otra circunstancia siempre lo posponíamos. Seguramente era por la falta de dinero.

Fue en La Jornada o en la revista Tiempo Libre, cuando leí que se presentaría Café Tacvba en uno de los teatros del IMSS en Tlatelolco. El costo del boleto era módico (16 mil viejos pesos más o menos). Así que les avisé a mis nuevos amigos y nos lazamos a escuchar a este nuevo proyecto musical.

Cuando salió Café Tacvba al escenario, no sabía quien era quien. Sólo vi a un pequeño y delgado hombrecillo que bailaba enérgicamente por todos lados sobre el escenario; a dos chicos muy parecidos tocando cada uno, una guitarra acústica y el otro el contrabajo; y por último, a un joven de cara alargada y cabello largo que tocaba la melódica y ponía en marcha la caja de ritmos. Su vestimenta no era folklorista sino, más bien, de mezclilla desgastada, guayaberas y camisas sencillas.

Desde la primera rola me cautivaron. Su sonido áspero, era una extraña mezcla de música punk, tecno, bolero y polka. Sabía que era un grupo de rock pero sin instrumentos de rock. Sabía que era algo nuevo, pero con vieja tradición musical. Su actitud era salvaje, la voz era increíblemente mala pero atractiva; era una amalgama intensa que a mis 19 años se convirtió en furor.

Escuchar por primera vez Noche oscura, La chica banda, Rarotonga, Las Persianas, Pinche Juan, Ingrata y otras más, fue el encuentro de la nueva escena de la música subterránea que buscaba su propio camino y reconocimiento como juventud que, cuatros años antes, había sufrido un terremoto y un año antes, elecciones sucias.

Café Tacvba desde ese momento se convirtió en mi grupo favorito. Trataba, junto con mis amigos de escucharlos lo más seguido posible. Aún sin disco oficial, corrían los famosos cassettes piratas de sus conciertos. Amaba ese audio lleno de ruido que el reproductor transformaba en sonidos. Hallé y compré ese concierto y que hoy lamento haber perdido.

25 años de Café Tacvba, un grupo con el que me tocó compartir la mayoría de edad y votar por primera vez; conocer lugares como el LUCC, Tutti Fritti o Rockotitlán y ver una escena subterránea oscura, desesperanzadora, pero con muchas ganas de decir cosas, de levantar nuestra voz.

Café Tacvba se ha descafeinado. La industria los ha permeado de un aura casi divina. Me agrada encontrarme al buen Rubén trabajando y defendiendo la cultura indígena. Me gustaría escuchar nuevamente esas grabaciones sucias y ásperas, ese demo mal grabado en el teatro Isabela Corona y que hoy se ha convertido en objeto de culto.

Extraño su primer aniversario en el LUCC y a mis viejos amigos de entonces. Extraño a Café Tacvba con esa dosis de cafeína que emanaban en sus orígenes y esos locos y caóticos slams que se armaban en el teatro Isabela Corona y en La Última Carcajada de la Cumbancha.

A 25 años de originarse Café Tacvba, revaloramos su trabajo musical. Han crecido aunque su sonido ha perdido esa suciedad llamada ruido.

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Emmanuel, Rubén, Enrique y Joselo: Café Tacvba/Foto: Jorge Romero O, 1989.

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