De mujeres en el rock: un espacio en disputa

JURIS TIPA*. Para MH RADIO. 27 de febrero de 2015. Este 25 de febrero en la Ciudad Universitaria de la UNAM tomó lugar un evento algo extraordinario: “Mujeres y rock: experiencias de jóvenes en el escenario del Distrito Federal”, organizado por el Seminario de Investigación en Juventud (SIJ) encabezado por el reconocido juvenólogo y sociólogo el Mtro. José Antonio Pérez Islas.

Esta no fue cualquier otra reunión académica donde investigadores hablan sobre el rock y las culturas juveniles limitándolo a su espacio escolar y sus saberes obtenidos en el campo. Esta vez el evento contó con la presencia de varias personas vitales para el tema de las mujeres en los escenarios del rock: Greist, baterista de “Las Navajas”, Taty, vocalista, y Angy, baterista, de las “Bloody Benders”; además estuvo presente Martín Zárraga mananger y parte de la organización del Colectivo “Histeria femenina”. Además del Mtro. Paco López y Tere Estrada, la autora del libro seminal “Sirenas al ataque”. Contrario al estereotipo, las rockeras se sintieron cómodas en el ambiente académico, ya que también son profesionistas en biología, letras hispanoamericanas y psicología.

Si se hace un evento cuyo tema principal son las mujeres en el rock, entonces es un tema que no sólo llama la atención, también perturba y, además, debe de hacerlo. ¿Por qué no hablamos particularmente de hombres en el rock? ¿O “personas en el rock”? ¿Por qué las mujeres? Como lo reveló y explicó detalladamente la Dra. Merarit Viera (también curadora del evento) en su presentación/ponencia “Jóvenes rockeras: las histéricas somos lo máximo”.

A través del prisma de género y el feminismo, la escena del rock resulta ser un espacio en disputa, donde los varones suelen aparecer como protagonistas y las mujeres son delimitadas al plano secundario (“cuidadoras de chamarras”). Además, cuando músicos mujeres toman el escenario, sea como solistas de bandas o integrantes de bandas, la reacción del público frecuentemente no se remite a sus propuestas musicales, sino al hecho de ser mujeres tomando o interviniendo al “juego de hombres” con todas las connotaciones sexistas. Así, la formación de una banda de mujeres, sin querer se convierte en un acto socio-político de cuestionamiento y resistencia contra las absurdas normatividades y estereotipos de género.

¿Dónde queda la música, entonces? Como lo confirman Greist (“Las Navajas”), Taty (“Bloody Benders”) y Angy (“Bloody Benders”). Su meta y lucha principal es ser valoradas y juzgadas por su música y la estética de la banda, aunque al inicio de sus carreras no era algo común. “Son chavas, hay que darles chance”, “Sí, no me importa qué tocan, pero están guapas” fueron los comentarios que solían escuchar estas artistas en varios espacios del rock DFeño supuestamente democrático, incluyente y plural. Esta extraordinaria situación sólo motivó a estas bandas a tomar el control en sus manos para conseguir espacios y organizar eventos propios.

La indirecta marginalización en el rock que aparece en los discursos de las artistas, curiosamente, se ve semejante a la que enfrentan varias bandas mexicanas que no cantan ni en español, ni en inglés sino en sus lenguas maternas, por ejemplo, rock en tsotsil.

Así, tanto para las bandas de integrantes mujeres como para los jóvenes de los grupos étnicos llegan las invitaciones a presentarse cuando hay alguna celebración de su condición sociocultural y no musical. En otras palabras: “El día de la mujer” y “El día de la lengua materna”. Si para las rockeras aún no es muy común alternar con bandas de chicos, para los rockeros tsotsiles aún no es común alternar con alguna banda nacional de habla española.

Por otro lado, tanto las rockeras como los músicos tsotsiles, igual como cualquier otro artista, desean ser incluido en la corriente cultural contemporánea, sea en sus propios términos o no, pero sin discriminación subyacente que tiene poco que ver con su obra artística. En el caso de las rockeras se habló de cambios positivos pero lentos y nuevas formas de organizarse para seguir con su trabajo y sueño al mismo tiempo: hacer música, ser escuchadas, ampliar el público y consecuentemente derribar poco a poco los prejuicios a cerca de los deberes y capacidades de hombres y mujeres.

La foto y el mito del rock

Otra dimensión del evento era puramente visual – una mini exhibición de unas quince fotos tomadas por Orlando Canseco – en las cuales podíamos ver los rostros de varias bandas del garage, punk y horror rock integradas por mujeres. Estas fotos capturaron el movimiento de las histéricas en su momento y el lugar – los espacios underground de la escena musical capitalina. Quién sabe dónde estarán estas bandas en 3 o 5 años, pero hoy en día sus rumbos van por distintos foros y “bares con escenario”.

La fotografía es parte esencial en la formación estética y el imaginario del rock. La foto capta al artista en su plena virtud y a partir de ahí, sólo viendo la imagen, imaginamos la experiencia de verlo en vivo. Este es uno de los momentos cuando el rock a través de la imagen produce a las nuevas generaciones de jóvenes aficionados a esta cultura.

La foto es un guión del cuál se aprende cómo uno se debe de vestir, como se debe ver y qué posturas tomar para ser un rockero “de verdad”. El rock sin la imagen sería mucho menos potente de lo que es. La imagen nos hace creer que lo que está pasando es real y obsoleto, pero del otro mundo que sólo podemos observar, sentir, hasta tocar y no ser parte de él. Nadie se preocupa de qué vidas están viviendo estas jóvenes artistas afuera del escenario, su cotidianidad, lo común y normal. Lo que importa es lo nos proyectan estas imágenes de chavas con guitarras, baterías y bajos en plena acción rockanrolera. Y así también la propia cotidianidad del observador se vuelve irrelevante y distante.

Esta no es la primera exhibición de la obra de Orlando Canseco, se ha presentado en varios espacios de música y arte (no-sonora) en el DF, sin embargo muchas veces coincidiendo con los lugares donde se presentan las bandas que él convierte en imágenes potentes.

El rock, el efecto Metrobus y los nuevos horizontes

Hablando de qué es lo que pasa en las presentaciones de estas bandas, nos encontramos con varios detalles curiosos. Por supuesto, la pregunta central es cómo han sido recibidas por parte del público masculino y el femenino. Efectivamente se vislumbran algunas diferencias. Como lo comentan las rockeras, en las ocasiones cuando han alterado con bandas de chavos, el mismo movimiento y segregación en el escenario también suele espejarse en el público.

Cuando tocan las bandas de chavos, los varones se acercan más al escenario. Cuando se suben las bandas de chavas, los varones se hacen para atrás y las primeras filas están llenas de jóvenes mujeres que arman su slam y disfrutan del concierto al cien. Por un lado, es algo parecido a lo que uno puede observar en las divisiones de género en el transporte público, por otro lado esto nos indica que la identificación con el sexo biológico del interprete está algo más que presente: los jóvenes suelen preferir a los interpretes varones y las jóvenes suelen preferir las interpretes mujeres.

Esto no quiere decir que “Las Navajas” y “Bloody Benders” no tengan fans entre hombres. No, al contrario, como lo revela Angy, cierto grupie-ismo también existe entre hombres. Estas artistas no sólo han recibido “regalos extraños” y otras señas de afición, sino también han enfrentado stalking en las redes sociales.

Sea como sea, estos conciertos también tienen otra faceta que puede ser considerada entre las más nobles y socialmente “peligrosas” en el rock – inspirar a las demás. Como lo cuentan las rockeras, en el público ven los ojos brillosos de las jóvenes las cuales después de las presentaciones de acercan y con asombro dicen que “si ustedes pueden, yo también”. Como meta indirecta es algo fundamental, tanto en las artes en general como en la música. Cuántos y cuántas no hemos pasado por los primeros encuentros sea con punk, rock o indie que nos dejan con la sensación de admiración, vitalidad e irresistible deseo y convicción de también hacerlo.

Aún así, esto no es nada exclusivo de los escenarios del rock, sino también sucede en la investigación académica. Como bien lo mencionaron varios comentaristas, el trabajo de Dra. Merarit Viera acerca de las mujeres jóvenes en el rock inevitablemente servirá como inspiración para las nuevas generaciones de investigadores sobre el género, la música y jóvenes. Además, como lo mostró el evento “Mujeres y rock: experiencias de jóvenes en el escenario del Distrito Federal”, la presentación de los resultados de un estudio con “los investigados” presentes, no sólo le da más validez a la interpretación del investigador, sino también vuelve la obra académica menos abstracta y menos distante a la realidad social.

* Juris Tipa es socioantropólogo de la Escuela Nacional de Antrpología e Historia.

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