El miedo más profundo

Por Nidia Barajas*

Aún recuerdo esa mañana como una película americana muy mala, sólo que yo no tenía a Bruce Willis, ni nave, ni NASA, ni nada.

         En el regodeo de ¨odiar al mundo¨ po’s medio celebraba que nos quedáramos en casa y que no tuviera que verle la cara a más de la mitad de este pueblo que me revuelven el estómago, que me confirman que los humanos son miserables no sólo por fuera, sino también por adentro.

         Yo no cacho todavía nada, me ilusiona la oportunidad de encerrarme, de no estar en contacto con nadie, de no tener que sonreírle al idiota que estuvo hablando durante mi concierto, ni a los que dicen que me admiran pero le echan 5 pesos al bote después de un buen toque.

         Me aferro. Afortunadamente «El Alas» es acumulador de objeto útiles y preciosos, esas cosas que funcionan para hacer música, grabar, sonar, ver y aproveché para encerrarme otra vez en esta Nidia odiante y escritora, ruidosa y callada.

         No tardé ni dos semanas en sentirme asustada, enfadada; pero como siempre, el espiral de mis emociones me define en todo y no me asegura nada, pues me entrego a las noches de rabia, a las ansiedades persistentes, a las angustias económicas que sinceramente nunca han sido novedades desde que me atrapé en el camino de la autonomía y sigo en lo mío, escribiendo, escribiendo y aprendiendo a escribir.

         Comienzo a preguntarme ¿qué está pasando? ¿será, no será? ¿seré, no seré?

         Caen los muertos, comienzan a caer desde Tijuana hasta mis adentros. Llega el miedo más profundo ¿Y si muero sin ver a mi madre otra vez? ¿Si fallece y yo a miles de kilómetros de su piel y sus ojos? ¿Qué puedo hacer? Si no fuera tan terca y testaruda… hubiera aceptado una beca, trabajado por ella, me hubiera quedado terminando mi carrera para acceder a mi asegurado futuro sin viaje arrebatados, ni amaneceres esplendorosos de libertad: sería más sencillo. Hubiera usado aquellos ahorros en comprar una casa, hubiera, hubiera, hubiera…

La verdad es que no hubo nada, más que canciones, guitarras, sonidos, amores, desamores y demás pasiones que me aseguraron un camino precario, pero sincero: mío, mío, mío.

*Nidia Barajas nacida de su madre en Tijuana, Baja California, México. 18 Diciembre 1980. Sagitaria con todas las mañas y con todos los deseos. «Aprendí a tocar la guitarra tocándola. Descubrí que rayar cuadernos me sirve para no asfixiarme y comunicarme con otros mundos. Defino mi música como la #RabiaFolk, me paseo a donde las emociones me lleven, me entrego a la ira de mis días y creo en la potencia de las palabras».

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