El porvenir de la música en tiempos de coronavirus

Por Luis Carlos Sánchez Díaz

“Ahora que empiezo de cero
Que el tiempo es humo
Que el tiempo es incierto
Ahora que ya no me creo
Que la vida será un sueño”

Humo. Jarabe de Palo

A partir de la declaración de la pandemia por COVID-19, muchos acadé[email protected] y [email protected] se dieron a la tarea de reflexionar sobre los eventos sanitarios, sociales, culturales, económicos, políticos y ecológicos que se han visto modificados por la pandemia, (muchas veces apresuradamente). Aún a seis meses de los primeros casos registrados,  muchas incógnitas siguen pendientes de resolver y solo tenemos una cantidad exorbitante de información y noticias –muchas de ellas falsas que consumimos a diario, lo que nos ha provocado una sobresaturación que en ocasiones tiene efectos esquizofrénicos en nuestra vida.

Al mismo tiempo, el confinamiento  ha dado paso a un aumento de actividades culturales y recreativas. Muchas personas han re-considerado tomar un poco del tiempo (que bien merecemos) para practicar deporte, meditar, escribir, bailar, leer o cocinar. Todas estas expresiones nos demuestran la necesidad social y personal para considerar las artes como actividad fundamental en la vida cotidiana de toda la humanidad. Si bien, en los últimos años, se ha menospreciado el valor de la música, esta pandemia ha demostrado su utilidad e importancia para  sobrellevar la angustia, la incertidumbre y el estrés causados por el confinamiento. Como muestra de  lo anterior,  se han incrementado las listas de reproducción en Spotify tituladas como “Música para relajarse”, “Música para dormir”, “Música para meditar” etc. Lo cual nos demuestra la manera en que la música nos ha permitido canalizar nuestros sentimientos y pensamientos que vivimos en estos días de vigilia.

Al igual que se han modificado la mayoría de los ámbitos de la vida cotidiana a causa de la pandemia de la COVID-19, la música se ha visto inmersa en procesos de readaptación  tanto en su producción como en las maneras de consumir y apreciar. Una de estas primeras modificaciones se relaciona con el cambio en la distribución musical. Hoy en día, las plataformas digitales como Spotify  y YouTube han monopolizado el acceso y distribución  a nivel mundial. La llamada economía de nicho o de long tail,  le ha permitido a estas  empresas difundir una gran cantidad de contenido musical y con ello, multiplicar ganancias económicas aun en tiempos de pandemia. El claro ejemplo de esto es el valor de las acciones de Spotify en la bolsa de valores, las cuales sehan incrementado en los últimos 4 meses, pasando de un precio promedio de $2800 pesos (febrero 2020)  a  $4300 pesos (junio 2020) pese a la crisis económica y el desplome de los precios del petróleo que ocurrieron a principios de mayo.

Al tiempo que las grandes empresas logran capitalizar ganancias con el aumento de usuarios en los últimos meses, la pandemia ha permitido visibilizar las desigualdades, carencias e inestabilidad laboral y económica en la que viven un gran número de miembros del  ámbito musical. Esta precarización del trabajo musical (al igual que en el campo de las artes o de la comida)  ha traído consigo que los músicos tengan la necesidad de implementar estrategias de apoyo para subsistir durante estos meses. Ha provocado lo que Vania Fortuna (compositora del ensamble Selvanegra) menciona como “un momento para construir solidaridad, que el tejido comunitario resista, crezca y se diversifique a pesar de la crisis”[1].

En este sentido, las mismas plataformas digitales se han convertido en un medio para tejer redes de solidaridad de difusión y acercamiento con los seguidores a través de conciertos online, rifas, venta de discos, serenatas virtuales y producción musical,  que en cierto modo han mantenido a flote las expresiones musicales a diferentes escalas.

¿Y qué hay del consumo musical?

Por otra parte, el consumo musical también se ha visto modificado en tiempos del coronavirus. El confinamiento para algunos de nosotros ha permitido acercarnos y experimentar nuevas expresiones musicales, retomar la escucha radiofónica, o bien,  desempolvar algunos de los CD´s guardados. La práctica de la escucha musical se han ubicado principalmente en los hogares y con ello, la asistencia a conciertos o tocadas en salas, centros culturales o auditorios ha sido desplazada por la audición musical a través del radio o de las plataformas digitales.  

Probablemente en un corto tiempo no volvamos a tener conciertos masivos, festivales, bailes o fiestas y cuando volvamos, una nueva realidad necesariamente modificará nuestra mediación social con la música, probablemente hacía una tendencia más individualizante y reducida. Lo anterior me hace recordar una escena de la película The Lobster de Yorgos Lanthimos en donde, una de las protagonistas  menciona “We all dance by ourselves. That´s why we only play electronic music” seguido de una escena en donde todos se encuentran bailando en solitario escuchando música desde sus audífonos. Tal vez, esos comportamientos futuristas que nos parecían aun lejanos, nos han alcanzado hoy en día  tal como ocurrió en el Club Index ubicado en Alemania en donde en mayo, se realizó la propuesta de “autodiscoteca”, una idea que se retoma de los casi extintos auto cinemas.

Imagen. Imagen. The Lobster (2015). Director. Yorgos Lanthimos. Recuperada de https://www.pinterest.com.mx/winnichouu/the-lobster/

Por lo pronto, el consumo musical y los conciertos se han traslado a la vía live stream, en donde a diario podemos encontrar conciertos virtuales que para todos los gustos. Desde iniciativas como “Live Aid” coronavirus: One World: Together at Home, o  conciertos desde casa como el que realizo el argentino Fito Páez. También estos tiempos han brindado tanto a los fanáticos como a las bandas rememorar discos y conciertos del pasado como la remasterización del concierto Pulse de Pink Floyd el cual busca donativos para apoyar a los más necesitados por la pandemia.

Dos conclusiones resaltan de estas semanas en que la humanidad se ha paralizado. Se me ocurre que es un buen momento de reencontrarnos en sociedad por medio de la música. Compartir nuestros soundtracks con nuestros seres queridos, tener una mayor apertura a conocer nuevas propuestas y a recordar aquellas canciones que han marcado etapas de nuestra vida. Probablemente en algunos años recordemos aquellas canciones que nos hicieron sobrellevar y animar los tiempos de cuarentena.  Como mencionaba el sociólogo francés Pierre Bourdieu: “La música es una cosa corporal porque encanta, arrebata, mueve y conmueve: no está más allá de las palabras sino más acá, en los gestos y en los movimientos, en las emociones”

La segunda conclusión se encamina hacia una nueva actitud con el gremio musical en la cual impere una mayor solidaridad. Por un lado, es necesario que se priorice la creación y fortalecimiento de incentivos y apoyos por parte de los gobiernos y la iniciativa privada, además, el cambio en el gremio musical también atraviesa por la exigencia de sus derechos laborales y estabilidad económica. Por otro lado,  la ciudadanía debemos generar dinámicas de apoyo a las propuestas y expresiones musicales que nacen y se desarrollan en nuestros entornos y reconocer el valor que deja la música a nuestras vidas.

Esta pandemia nos ha dejado algunas enseñanzas sobre el papel y el uso que hemos venido haciendo de la música. Tal vez, nos deja un deseo de mejorar nuestra relación con el arte y la cultura en donde imperen nuevos lazos sociales y culturales. Por lo pronto, nos queda  imaginar un mejor porvenir para esta nube gris de incertidumbre.


[1]  Ver. “Vania Fortuna, fortalecer y diversificar la comunidad” en Malaria Sonora, 4 de Junio, 2020. Disponible en: http://malariasonora.com/vania-fortuna-fortalecer-y-diversificar-la-comunidad/?fbclid=IwAR25oN-np8dnhadX67kO2QPpiXE3FPQFVnH3bWnSRG-0bKajex0EP3apt5o

A %d blogueros les gusta esto: