El punk rock y las chicas zombies

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 26 DE OCTUBRE DE 2014. Magazine o Monday ya estaba listo para nuestra entrevista, sentados frente a la puerta del bar Cara Dura. La tarde comenzaba a caer y el frío a hacer de las suyas. Una vez realizada la charla, me invitaron a pasar a su toquín.

Antes de entrar, vi a dos chicas disfrazadas de zombies y no entendía cuál era el objeto de la tocada, hasta que me explicaron: “se presenta un chico colombiano llamado Nicolás Arrieta”. Me sentí tan ignorante que ya no pregunté más.

Al entrar, me sorprendió ver a más chicas disfrazadas en una larga fila. Pregunté a la bajista de Black Cats cuántas chicas habían ingresado para ver a este colombiano, previo pago de $250 pesos. “300 más o menos” me dice con su look de metalera. Las chicas esperaban su turno para ver a este postadolescente vestido con overol de mezclilla y sin camisa, que dejaba ver sus tatuajes coloridos.

Aún no comprendía que relación había entre este videoblogger y los grupos de punk rock de ese día. No pude escuchar ni fotografiar a la primera banda por la entrevista y el ritmo de la tocada fue apresurada. Cada banda tocó un tiempo de media hora, mientras el tal Arrieta abrazaba a las chicas, las besaba con una osadía que en verdad no sabía que pensar: ¿machismo? ¿fama? ¿envidia?

Los gritos de las admiradoras se dejaban escuchar fuerte. Las bandas hacían su mejor trabajo para levantar con su música, la admiración de las fans hacia ellos. Era la segunda ocasión en que participaban en la gira de este chico colombiano.

La bajista de la Black Cats se sumergió entra las doncellas zombies para armar el slam mientras Magazine o Monday sonaba duro por la bocinas. Y lo logró. Se armó el baile pero sólo por unos momentos. Lo que importaba era saber que en unos veinte minutos, cada fan estaría con su admirado artista.

A ratos gritaban “¡Que salga Nicolás” y todas entonaban “¡Nico! ¡Nico! ¡Nico!” y en momentos sorpresivos, éste se aventaba desde el escenario sobre el pequeño lago de adolescentes que lo levantaban sin hacerlo caer y lo devolvían como si fuera un dios. En otra ocasión , casi le rompen su playera rayada. Pero aún no entendía la relación de Arrieta y las bandas de punk rock.

Me acerqué a una de las chicas y me dijo: “sinceramente me llama la atención que no le importa una mierda lo que le digan a él de cómo es, qué se hace o cosas así. Y es un gran tipo, es muy humilde, no sé. Es grandioso. Si fuera por mí me lo follaría también”. Y ríe como su fuera la frase más perversa y oculta de esa noche.

Otra chica morena, de cabello largo y quebrado, logró burlar la seguridad y se sube al escenario para saludarlo. Arrieta no le hace caso. Le pregunto por qué lo viene a ver: “porque lo quiero, porque es diferente, pues… porque no sé, ni yo tengo idea… pero… pero… aquí estoy con él y siempre voy a estar con él”.

Al igual que ella, no tengo idea aún de la relación entre los grupos de punk rock con este joven al que todo le vale mierda. Una madre acerca a su hija adolescente para que la bese, la abrace y se delite con él. Después, la mamá ocupa el lugar de la hija y se deja firmar un autógrafo en el pecho. Se mira orgullosa porque las más jóvenes aún no tiene el pudor de hacerlo.

En fin, la noche transcurrió entre punk rock, zombies y gritos. Ya no supe quienes ganarían el concurso de disfraces, y que como premio, acompañarían al colombiano a los juegos mecánicos allá en el Ajusco al día siguiente.

La noche fue pasable. Sin embargo, no logré entender qué relación tenían los grupos de punk rock con este chaval que, al terminar el toquín, no terminaba de autografíar, besar y tomarse fotos con más de la mitad de las chicas.

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