Emilano Buenfil: vino y se fue

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 23 de diciembre de 2016. Esta noche fue especial. La Mezcalería Cultural Binnizá estuvo no repleta, pero sí con mucha algarabía y las mesas llenas de seguidores que venían a escuchar a Emiliano Buenfil, cantautor que desde hace año y medio aproximadamente, no tocaba en la capital mexicana desde que decidió radicar en Mérida, Yucatán, y armar su propia banda llamada Emiliano Buenfil y La Chancil Tropical.

Dos días antes, aprovechando su estancia en la Ciudad de México, Buenfil ofreció un curso de composición en la misma Mezcalería Cultural Binnizá, en el que tocó diversos temas sobre el ejercicio de hacer canciones. “No hay música mala”, dijo a sus discípulos que lo escuchaban atentamente. Y tajante, les comentó: “Hay dos tipos de compositores: buenos y malos”.

El sábado por la noche, Buenfil con guitarra en mano, ofreció una gama de canciones suyas de diversos temas y géneros musicales, mostrando que es de los pocos compositores mexicanos que combinan el rock, blues, la cumbia, el son y la trova yucateca. Un compositor prolífico que sabe lo que hace.

“Regálenme otro igual ¿no? —pide Buenfil— de lo mismo. Ya soy bien intenso. Yo ya llegué al punto en que sólo bebo agua” y se prepara para cantar una cumbia. “Todo el apoyo —vuelve a decir— y el reconocimiento y la admiración a la gente de Chiapas, a la banda zapatista” y comienza a cantar “Lacandona”: Tiene una luna necia que pasaba/y es pasa montañas/en aquella espesura la mariposa de sus pestañas… “Es que no es cierto. ¡maldita sea!”, exclama porque de repente se le olvida la letra de su canción. La banda lo comprende y a manera de burla propia, Buenfil dice: “¡Qué lo saquen! ¡Qué lo saquen!”.

“Es que esta canción siempre, siempre, siempre se me olvida ¡maldita sea!”. Uno de sus seguidores insiste: “¡Otra vez! ¡Otra vez!”. “Otra vez. ¿Quién se la sabe?” pregunta Buenfil. E inicia de nuevo “Lacandona”: Tiene una luna necia que pasaba/y es pasa montañas/en aquella espesura la mariposa de sus pestañas/sobre los lagrimales lleva cocuyo la Lacandona/quien de la noche nace y no la abandona…

El ambiente se siente alegre y varios cantan las canciones del propio Buenfil desde la mesas que ya están llenas de cerveza y mezcales. Y luego suena la rola que dice: Esta es la cumbia del que no tiene nada/no tiene dinero ni tampoco tiene amor/no tiene a nadie, ni un perro que le ladre/nunca tuvo padre, ni a su madre conoció…

Buenfil reconoce su influencia musical mientras afina su guitarra: “Ahora que ando por allá (Mérida), ando retomando el romance con la trova yucateca. Uno de mis autores favoritos de allá se llama Pastor Cervera. Así que a amanera de intermedio esto que se llama «Nuestro nido»”.

Luego de este intermedio, Buenfil se avienta “Karina”, una especie de ranchera urbana: Karina se fue/no contó la otra parte del cuento/«sólo se mentir», me dijo/y yo no le creí./Le gusta dormir calientita en la cueva del lobo/luego al despertar no encuentra una razón para salir…

Con más canciones de su autoría, terminó la primera parte de su presentación. En la segunda, se aventó un palomazo con Son de Caney, cantando y tocando cumbias que prendió a la banda y la hizo bailar.

Emiliano Buenfil vino y se fue. Pero dejó una gran sonrisa a todos sus escuchas que vinieron a escucharlo. Sus canciones son un reflejo de la compleja situación social de nuestro país y de la vida urbana, con un lenguaje directo, urbano, pa’ la banda, pasando por temas como el desamor, el zapatismo y la política. Un compositor que ha dejado huella en las nuevas generaciones que lo escuchan.

También en esta noche, lo acompañaron como teloneros “Viajero y Niña Escorpio” proyecto Argentino de música y poesía compuesto por Nano Anfossi y Victoria Ronsano. Y como invitado especial: Kivort compositor con un estilo desenfadado y blusero.

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