Evelyn Cornejo se despide de México

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 7 de abril de 2018. Evelyn Cornejo se despidió de México con un último toquín el sábado por la noche en El Hórreo, una gira pequeña pero intensa que le permitió conocer parte de la cultura musical de nuestro país.

En esta noche, su concierto inició pasada las nueve de la noche. El haz de luz del reflector caía sobre su rostro pero el brillo se deja ver por sus excelentes canciones que hablan de la mujer, la tierra y las injusticias sociales de su país Chile, temas que han echado raíz poco a poco en la gente que la escucha.

Canciones como “Negra Mariposa” (cuando era muy pequeña la obligaron a casarse/con un insecto mayor que no tenía corazón), “La Chusma Inconsciente” (Somos los rotos de mierda de piel morena y la cabeza negra), “Los ratones” (Yo tenía un novio/y de un día pa’ otro dejó de hablarme/un día se marchó/y penando me quedé por los rincones), “Las Leyes” (A mi matan las leyes/…/tienen el burgués las leyes a sus pies), “La huelga” (Trabajando barato el día/sudando sudando/como mano de obra barata/nos negociaron, nos traicionaron) y muchas más, son canciones que no necesitan explicación.

La noche continúo con una bohemia entre cantautoras como Joe Drattana, Lorena Moctezuma y Lore Holly, tres cantautoras mexicanas que pusieron más amena la bohemia con sus interpretaciones y sus rolas. Sones jarochos, canciones tradicionales, canciones de amor y desamor, de lucha política y femenina fue lo que se dejó escuchar.

Pero no fue suficiente para despedir a Evelyn Cornejo. Después de la media noche, nos fuimos a Garibaldi una vez más. Una botella de tequila fue nuestra compañera incondicional. Llegamos a una mesa en que la caguama era más o menos barata y sobre todo, rendidora para todo el grupo que la acompañábamos.

Bebimos alegremente y prometimos ir a Chile, mientras un bolero indigente se acercó a la mesa a pedir un poco de dinero. Más tarde, la fiesta continuó. Mi amigo Jair Marvera, cantautor, me habló por celular y dijo que le cayera al departamento de Fernando Ramos, otro buen amigo escritor que vive muy cerca del Metro San Antonio Abad.

Les comenté al grupo y decidió que sí. Nos dirigimos a la calle de Allende y ahí tomamos un taxi que nos llevó por 50 pesos a todos, es decir, a los ocho que íbamos al depa de Fer. Nos encimamos unos con otros, o unas con otras y contentos, nos fuimos para allá.

La pila y la energía seguía, así que nos detuvimos en un 7 Eleven a comprar más cerveza que, en verdad, parecía que se acababa el mundo. Fue una brutal carga de latas que todavía a las dos de la tarde quedaban cuatro.

Cuando llegamos, Fer bajó por nosotros y al vernos en la puerta del edificio, fue tan graciosa y al mismo tiempo, tan asombrado su rostro, que sólo sonrió porque la fiesta se convertiría en otra bohemia que se prolongó hasta las diez de la mañana del domingo, entre carcajadas, canciones, plática amena, albures y ronquidos.

Evelyn se fue contenta y promete regresar en diciembre de este año. La esperamos con ansia y ojalá esta vez, su gira pueda tener mayor difusión ya que su trabajo vale la pena escuchar.

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