«Física de colchón»: Mª José Bataller*

Física de colchón

No me extraña que se me haya ocurrido esto después de haber estado contigo en la cama si nuestros físicos manipulan las leyes de la física como se les antoja, algunas veces siguiéndolas a raja tabla como cuando convertimos el aire de nuestro aliento en movimiento, o cuando a cada acción corresponde una escandalosa reacción; y otras rompiéndolas al estirar y comprimir los minutos, ocupando el mismo espacio al mismo tiempo o haciendo fuego de la humedad.

Cabe agregar que también perdemos el norte geográfico y que el uso aceptado de las almohadas para arriba, cabezas sobre de ellas y la cobija cayendo hacia los lados nos acaba importando poco. Por eso es que buscando el equilibrio térmico, es decir, dejar contra la pared helada ese calor que me habías pasado, apoyé mis plantas y entonces te dije: ¿te imaginas una gravedad que actuara hacia todas direcciones? Que pudiésemos caminar como algunos insectos sobre todos los lados de cualquier sitio.

Me miraste tratando de dormir, mientras yo exploraba las posibilidades sexuales de dicha habilidad: saltarte desde un costado, besarte de cabeza, hacer cierto número sin aplastarnos, lanzar la cobija contra el techo, que ahí se quedara para solo jalarla cuando hiciera falta e incluso abandonar el lecho para ir por agua sin moverte caminando despacito por la pared.

Luego me seguí con otros usos menos eróticos, que los vasos no se vaciaran aun volteados, muy útil si estás en una montaña rusa para agarrar valor con cerveza, o sentándote en el techo del cine y ver el mundo al revés o evitar las aglomeraciones al caminar.

Pero mientras te resignabas a ya no dormir, comenzaron los terrores: tropezar en un techo y caer dos metros lastimándome como nunca, el metro lleno por todos los flancos posibles mientras en un frenón podemos chocar contra el resto de modos macabros, perder objetos en muchos más sitios, que alguien tire una botella desde cualquier punto y te golpee, que los automovilistas atropellen a personas asomadas en sus ventanas por darse una vuelta prohibida.

– ¿Y si todo se pone feo? – te decía cuando me jalaste hacía a ti. Me dijiste que estaba muy loca y me besaste. Ley de la atracción pensé, mientras me repegaba a mi cuerdo opuesto.

* María José Bataller A. (Cd. de México, 1987): es Antropóloga, tallerista y escritora amateur. Desde hace ocho años escribe para el diario Portal Guanajuato con su columna «El Laberinto». Es fanática de la música emergente y es conductora en el programa «Noche de capitán gallo». Este cuento es inédito.

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