Guillén, Vargas y Vanegas: canciones de ciudad

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 25 de junio de 2015. La ciudad, la noche y la canción se dieron cita nuevamente en la Mezcalería Cultural Binnizá en voz de tres cantautores urbanos: Víctor Guillén ‘Kivort’, Guillermo ‘Memo’ Vargas y Daniel Vanegas.

Víctor Guillén ‘Kivort’ abrió la noche con su doble sentido y sus crónicas de ciudad: “Pues la hora de la verdad en punto y como siempre, yo nunca se que hacer. Entonces voy a tocar lo que se vaya… ‘ora sí’, lo que se me vaya viniendo en cima ¿no?… del cerebro”.

Estamos pocos. Nuevamente las amistades que andamos buscando este tipo de música nueva, desconocida y llena de impurezas: Asfalto cruel D. F. sin fin/no necesito que muerdas/mi rol… Ladrido amargo, insomnio largo/y otro cigarro y que hueva/no hay tos…

Guillermo “Memo” Vargas continúa la noche con un blues: Si acaso hubiera otra oportunidad/el cielo dejaría de brillar/no andaría pintando tu figura/como un perro husmeando en la basura… “Gracias por sus aplausos físico –bromea Memo. Vienen incluidos en su cuenta. No se preocupen. ¡Aplaudan! Aprovéchenlos”.

Memo es mordaz y comenta ante la platica de los visitantes: “Pues bueno… Haciendo música de fondo… ¡Qué bueno que se reunieron aquí! Que dejaron la televisión para poder venir a platicar. ¡Eso está chingón!” y continúa por media hora más con sus rolas.

¡Qué me arranquen los libros con violencia/la desnudez de amor que me sofoca!./Leer como dar besos en la boca/me inyecta dopamina en la conciencia… Nos recita Peter Paul, poeta citadino que escuchó atentamente la audición y a cada uno de los cantantes. Los graba. Guarda un silencio respetuoso. Y Memo o invita a pasar al frente y se avienta tres textos.

Por último vendría Daniel Vanegas, cantautor con veinticinco años de en el oficio y que se dedica a realizar trabajo de cancelería y que presume modestamente desde su teléfono celular al mostrarnos fotos. Vanegas es alto. Pasa de los cuarenta años. Es jovial y siempre sonríe.

“A mi me dijeron hace tiempo leí ahí en el fase buc, que esto era algo así como sin límite de tiempos –comenta Vanegas. Advertido muy claramente bajo los texto de mi amigo Kivort Guillén… Entonces yo voy a empezar con el principio y les voy a tocar la primera canción que yo escribí hace cerca de veinticinco años que se llama Hay una mujer”.

Vanegas no ha grabado disco me comenta mi amiga Lorena que llegó a escuchar el trabajo de estos compositores. Suelta una sonrisa de emoción al saber que estoy grabando la sesión. Sin embargo, desconectan los cables y sólo se logra documentar un par de ellas.

Termina la primera ronda. Continúa una segunda. Guillén, Vargas y Vanegas vuelven a subir al escenario a cantar canciones rotas que la ciudad y las mujeres les han dejado. Tres generaciones que la miran desde puntos diferentes. Ellos no desean ser músicos de fondo. Y tienen razón: tenemos que aprender a escucharlos.

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