Industria y militancia: el escenario del movimiento Hip Hop de la Ciudad de México en el contexto de la pandemia por SAR-CoV-2

Por Aczel Fernando Cornejo Pérez*

El Hip Hop es una cultura nacida en los ghettos de Nueva York en la década de los años setenta del siglo XX. En los contextos espaciales que lo ven nacer, el gobierno norteamericano relegaba a la población ya de por sí racializada, violentada, cercenada, estigmatizada y marginalizada. Es esta población la que fungía como ejército de reserva en el desarrollo de la ciudad comercial más importante a escala global, que se trasladaba por grandes distancias para poder llegar a su lugar de trabajo a realizar las actividades más insulsas en el campo del sector terciario, ocupando, así, el peldaño más bajo en la estratificación laboral. Esta población vivió durante mucho tiempo en condiciones denigrantes de insalubridad y hacinamiento, así como la violación constante a sus derechos humanos y civiles, derechos indispensables como el acceso a la salud pública, al trabajo, a la vivienda y a la libertad de expresión, circulación y movilidad.

Un alto porcentaje de la población que confluía en estos ghettos estaba conformada por población negra, que era descendencia directa de personas de distintas culturas africanas traídas a América durante el proceso de esclavización establecido para cumplir el sueño colonial expansionista de las 13 colonias norteamericanas, esta población es conocida como afroamericanos. Pero también, se componía por afrodescendientes migrantes de otras latitudes del centro y sur de América: puertorriqueños, hondureños, brasileños, costarricenses, ecuatorianos, venezolanos, haitianos, dominicanos y, por supuesto, jamaicanos. El porcentaje restante estaba compuesto por latinoamericanos, asiáticos y europeos. Fue justo la gran cristalización de esta diversidad de culturas en su confluencia cotidiana, lo que permitió el desarrollo de diversas expresiones artístico culturales que, a la postre, darían origen al movimiento cultural conocido como Hip Hop.

Sulk, Riek HC, Dezer, Kazer HC crew, 1999./Foto: Riek HC

Estos dos factores antes mencionados, las condiciones estructurales establecidas para la población que era relegada a espacios de marginalización y periferización en las grandes urbes, y la riqueza cultural que simbolizó el encuentro de diversas culturas en estos espacios, son dos elementos que siempre han acompañado al movimiento cultural real del Hip Hop, no solo en su génesis, sino también en el proceso de expansión mundial que significó la apropiación por jóvenes de diferentes barrios alrededor del mundo durante la época dorada de los años noventa.

A estos dos elementos se suma una característica esencial y que disuelve la idea victimizada y de pasividad de estas poblaciones durante la conformación y la expansión de este movimiento cultural. Este elemento imprescindible fue el activismo antirracista heredado por Malcolm X, así como por el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos encabezado por Martín Luther King, a las panteras negras, que más tarde pasaron a la siguiente generación estos preceptos. Fue así como sus hijos, es decir, los jóvenes militantes de los ghettos, dieron origen a este movimiento cultural no sólo en forma de expresiones artístico-culturales, sino a través de una conciencia política contestataria.

Es así que la lucha activa siempre ha sido un elemento fundamental en la conformación de reales militantes del Hip Hop. Sin embargo, con la llegada de la industria al movimiento cultural en los años noventa, que significó no solo su expansión mediática sino también un blanqueamiento de sus prácticas fundacionales (DJing, MCing, B-BOYing, GRAFFing), se fueron disolviendo paulatinamente los preceptos subversivos fundacionales de esta cultura. Este proceso de industrialización de la cultura  fue lo que lanzó indiscriminadamente sus cuatro elementos artísticos de manera aislada y con propósitos diferentes, con el rap como el más rentable para los fines comerciales que se establecieron.

Es por esto que encontramos, en la época dorada del Hip Hop de los años noventa, una influencia que permitió colocar al rap en prácticamente todos los espacios internacionales de la industria musical. En México, el rap llegó a través de grupos de pop que encontraron una fórmula novedosa para ingresar al mercado musical mexicano, siempre rentable. Así, grupos como Caló e, incluso, comediantes como Memo Ríos, son colocados como los primeros raperos del país. Por lo tanto, el rap no solo llega como elemento aislado del movimiento Hip Hop a México, sino que además lo hace sin el carácter crítico que lo caracterizó en su génesis.

Paralelamente se desarrollaba otra escena, de manera mucho más austera, pero que sí logró traslapar al contexto nacional el conocimiento de los cuatro elementos fundacionales del Hip Hop de modo más fiel, fueron los elementos del graffiti y el Break Dance los que en un principio llegaron con gran fuerza. Sin embargo, bastó poco tiempo para que el rap retomara su lugar privilegiado de representatividad, con base en la música, dentro de esta escena. Este movimiento es conocido como el movimiento underground en la CdMx, el cual, al seguir sus propios postulados, no contó con el apoyo de la industria para su desarrollo artístico. En este sentido, podemos decir que existen dos grandes escenarios en la propagación del Hip Hop en México. El primero, el que blanqueó a esta cultura, es decir le quitó el discurso lírico encaminado a la exigencia social, a la narrativa de las condiciones en las que viven los jóvenes de clase baja y que, por ello, no tuvo problema en contar con el apoyo de la industria musical. El segundo, aquel que se desarrolló de manera autogestiva dentro de los barrios de la ciudad, conservando en sus militantes el verdadero espíritu crítico del Hip Hop.            

De esta manera se facilita el ubicar en alguna de estas dos categorías a los raperos desde el lugar en que se oferten: los raperos que salen en la radio, en la TV y en comerciales, seguramente formarán parte de la categoría comercial e industrializada del Hip Hop, y a los de la escena underground se les encuentra en tocadas independientes, canales de YouTube, pero casi nunca en la radio y, por supuesto, no cuentan con el mismo nivel de audiencia debido a la nula propagación, que aún antes del confinamiento actual traído por la pandemia por COVID-19,  representaba la falta de acceso a los medios. En este sentido, no es difícil entender por qué hay una demanda altísima de asistencia cuando se presenta “Residente” (René de Calle 13), “El alemán” o “La Banda Bastón” en espacios consagrados de la CdMx, como el Teatro Metropolitan o el Palacio de los Deportes, y por qué, contrario a esto, en los eventos realizados por la escena underground no se pueden contabilizar, muchas de las veces, más de 500 personas.

Por lo tanto, poner a la industria cultural como mediador indispensable entre los productores y los consumidores es una variable nodal. No podríamos entender el desarrollo actual del Hip Hop, ni el que se establecerá pos-pandemia, sin esta industria, que lleva a la desaparición de quienes no se adaptan a sus estrategias de mercado; lamentablemente muchos de ellos son reales exponentes de la cultura Hip Hop.

Por consiguiente, podemos entender al Hip Hop no solo como un género musical que se desarrolla a la par de la industria cultural, sino que en otras instancias para muchos jóvenes implica cuestiones de resignificación de la propia vida en contextos de relegación urbana, conocimiento generado y empleado en la fecundación de sus producciones culturales.

Aquí radica la pertinencia de estudiar la importancia que la industria jugará en la nueva realidad musical, que se presentará posterior a la pandemia actual por COVID-19,  para la subsistencia de la escena real Hip Hop en nuestro país. Este hecho resulta preocupante pues, una vez más, así como ocurrió en los años noventa, se tendrán que sortear las imposiciones de la industria y también las exigencias que para su permanencia exige el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC´s). En este sentido, subsistir será una opción para quienes se dejen absorber, y los reales militantes, quienes entienden en él una forma de vida más allá de un negocio, se verán en el peligro de desaparecer.

Lo anterior pareciera ser un mecanismo en el que la radicalidad ante el proceso de apropiación cultural resulta determinante, ya que puede dejar fuera de escena interesantes propuestas musicales y llevarlos a la desaparición, pero eso sería un análisis superficial en el cual son los mismos raperos underground quienes eligen quedarse fuera y, por el contrario, es un proceso complejo en el que las determinantes son las que establece la propia industria y que van desde los temas, las letras y los ritmos de las canciones hasta la imagen de los MC´s. Por lo tanto, estamos hablando de un proceso de enajenación de la cultura Hip Hop en la conformación hegemónica de esta cultura simplificada como género musical, en donde importa más la imagen de los raperos y lo pegajoso de las canciones que el mensaje que conllevan.

Ante este escenario de transformación de la escena musical del país, que está siendo  transversalizada en mayor grado por las TIC´s y las redes sociales que en ellas se desarrollan, que pone en peligro la escena underground del rap, resultarán imprescindibles dos cosas: la resistencia con la que los seguidores de esta escena logren dar soporte a los productores musicales underground, lo que Pablo Semán denomina “aguante”, una categoría retomada de las barras de fútbol argentino y que se traslada al ámbito de la música. Y el seguimiento de los preceptos del Hip Hop como guía.

MC Hero- Acento Mozombico & MC Afreeka d Sound en el Chanti Ollin, 2012./Foto: Komún

Por fortuna, el movimiento cultural Hip Hop tiene como uno de sus principales decretos el encontrar maneras novedosas y adaptativas para lograr preservarse como cultura real por sobre los cánones de la mediatización de la industria cultural. Esperemos que estos elementos fundacionales y expresados por KRS One en su Evangelio, logren mostrar el camino para sortear los obstáculos que los reales militantes deberán trazar en la preservación de esta hermosa cultura que salva vidas y que “forma soldados con niños de hogares rotos”.                                         

Nota: como nota final quiero aclarar que las dos escenas del Hip Hop, enunciadas en este texto, son paralelas pero no siempre son contrarias. Algunas veces se contraponen y se nutren una de la otra; por lo tanto es importante, en un ejercicio dialéctico, la existencia de la una para la otra.

* Aczel Fernando Cornejo Pérez ([email protected]) de la Escuela Nacional de Trabajo Social, UNAM (Ciudad de México, México).

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