Iván García: lejos del Paraíso, cerca de la oscuridad

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 4 de febrero de 2017. Iván García es un músico maldito que revive a los muertos, un espectro oscuro que goza el sabor del alcohol y cuando lo vomita, lo hace en canciones oscuras y desoladas. Iván es un músico que ha generado un culto a su alrededor en la Ciudad de México que como fantasma, se va apareciendo cada vez más en esta ciudad de muertos.

Esta noche fue un héroe en el Binnizá porque no hubo mejor lugar para olvidar que estamos condenados a la muerte, un lugar semi-oscuro en donde pocos cuervos le cayeron para escucharlo. No sé si habrán llorado pero su ukulele y la guitarra eléctrica parecían que sí.

“¡Pues salud a todos! ¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!”, nos dijo mientras tomaba un sorbo de su cerveza y se llenaba su voz de dolor. Iván es un ser que se aleja del mundo que con exquisito sarcasmo, nos canta que no cree “en la voz del martillo y la hoz”, porque prefiere sentarse “a ver el fin del mundo” con sus “lentes 3-D”. Así el destino.

Para Iván, el amor es una “sarna”, un gato por lo tejados, húmedo y arisco. “Un agradecimiento –nos dice pausadamente Iván– primero al Binnizá que ya me explicaron que significa. ¡Me gusta! Desde la primaria andaba en las nubes también”, bromea.

Más tarde, hace un cambio de instrumento y se va a la guitarra electroacústica. Al estar listo, nos dice: “Esta canción la escribí hace muchos años y puede ser muy probable que ya no la pueda cantar. Pero bueno, ustedes me van a ayudar para que no me vea tan miserable”, y canta: Amanecía más frío que el invierno/ave en el cementerio buscando mi corazón./Paso los días con mi bola de estambre/y sólo tengo hambre de tu piel./La sangre de los árboles me sabe amarga/en las noche extrañándote en la raya./Hoy amor no sé a dónde voy…

Su evento recorre las viejas canciones de sus discos con Los Yonkis, su grupo poblano de rock, aunque en esta ocasión sólo llega con uno de ellos: Carlos Iván Carrillo que lo acompaña en la guitarra eléctrica, adornando sus rolas llenas de folk. “La verdad es que –nos comenta de manera amable–, es una noche muy bonita; y quiero agradecer a los dos talleristas que… hace rato tuvimos la sesión (de composición y armonía); y las dos canciones sí me hicieron un nudo en la garganta. La verdad es que creo que son dos excelentes canciones; y pues salud por ustedes hermanos porque acaban de empezar una larga carrera en esto de la composición”.

Casi al terminar su presentación, se avienta, a mi parecer, una de sus mejores canciones: “Ajedrez”, una especie de corrido que viene en su nueva producción solista llamada Sal Paraíso (2016), en donde muestra una gran madurez como compositor, con versos bien logrados, llenos de ironía, perversión, soledad, desamor y oscuridad que lo distinguen de otros compositores llenos de lugares comunes en sus letras: Entre tanta depresión uno se puede matar/Entre tanta decepción en quien se puede confiar/Entre tanta excitación uno se puede follar un muerto (…) Entre tanta soledad uno puede enloquecer/Entre una suave enfermedad como si uno fuera a perecer/Entre tanta oscuridad uno puede prenderse fuego…

Entrar al imaginario que contienen las canciones de Iván García, es adentrarse a una profunda cueva llena de desolación, alcohol, desesperanza, soledad, desamor, cuervos y personajes vacíos con caminos perdidos. Su estilo es como de un rockero arrabalero; y eso hace que su sonido sea más ríspido pero muy honesto. Y te contagia de un mundo lleno de referencias a la Edgar Allan Poe, a la Tim Burton y a los desolados mundos de los poetas malditos. Un compositor joven al que, efectivamente, vale la pena rendirle culto. Les dejamos el video con su rola “Estertor” que grabamos ese mismo día en la Mezcalería Cultural Binnizá.

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