Kira y las malditas debutan desde las cenizas

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 3 de octubre de 2014. La noche estaba maldita y la acompañó la lluvia. La maldición cayó con música de garage a todos los que nos encontrábamos ahí. No hubo alma que se salvara ni antídoto que funcionara para contrarestar la energía de Kira y las malditas que debutaron por las sendas del rock y del mal.

Bang Bang y los Espectros fueron los primeros en maldecir la noche con su garage salvaje y frenético, un trío que llegó desde la lejana tierra de Toluca para comenzar el rito de iniciación. Su energía desde un principio, poseyó a varias de las malditas que sin control les hacía mover sus cuerpos.

Mientras la noche avanzaba y la lluvia mojaba la ciudad, la maldición nos caería otra vez con la música de Kira y las malditas, un cuarteto con sonidos desde las entrañas al puro estilo de garage, psicodelia y post punk. Para ellas, el ritual iniciático había comenzado tres meses antes y que en esta noche sabrían de los alcances de sus maldiciones.

Kira y las malditas son el resurgimiento de ritos fallidos, son cenizas para conjurar ritos perversos y seguir por los caminos del rock con sus ritmos frenéticos, acelerados, oscuros e hipnóticos con distorciones fuzzeadas, órganos ácidos, bajos inquietos, batería fenética y gritos desgarradores.

Kira no vino pero nos dejó a las malditas: Diana (Los Chiclosos) en la voz y guitarra; Paulina (Futurología, Los Vynilators, Mustang 66, Los Cráneos) en el bajo y coros; Rita (Las Vinylators) en el órgano y coros; y por Zianya (Los Leopardos, Las Vinylators) en la batería. Todas ellas nos poseyeron durante su media hora de presentación.

Por último, Los Arsenics fueron los encargados de apadrinar y cerrar la noche, de envenenarla con su energético sonido de garage altamente tóxico, con sus alocados bailes, con sus intensos ritmos y con su inigualable entrega intoxicándonos casi hasta perder el control.

La noche terminaba. Kira y las malditas nacieron en ella entre locura y frenesí. No pudimos escapar a sus sonidos y sus maldiciones. No cabe duda que en esta noche todos nos volvimos malditos.

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