La canción romántica o “el eterno masculino”

Por Orlando Canseco*

Es febrero y su fecha más importante para muchxs no es el 24 “Día de la Bandera”, sino el 14 de febrero “El Día del amor y la amistad”, una fecha en que la gente gusta mostrar su afecto por otras personas, sobre todo, aquellas que forman una “pareja”. Pero por otro lado, es la reproducción del amor romántico que tiñe de rojo y adorna de globos y corazones todo lo que hay alrededor. Y la música no es un lugar que pueda salvarse. Es más, refuerza la idea cursi y monotemática del amor romático en eso que llaman “canción romántica”.

Después de todo, he intentado refrescar mi oído con nuevas canciones desde hace tiempo. Debo confesar que las canciones de amor o románticas, por lo general, me aburren. Son pocas las que me atraen y disfruto. Y me aburren por su falta de narrativa, por sus frases sueltas que no construyen una buena historia y, sobre todo, me permitan imaginarla. Un amigo me decía que yo sufro del “síndrome de la narración”, es decir, que a fuerza quiero escuchar una historia con introducción, desarrollo y desenlace en apenas tres o cuatro minutos. Tal vez tenga razón.

            Pero aquí no hablaré de la forma musical de la canción, sino más bien, de su discurso. O eso espero. Yo, como mi maestra Carmen de la Peza, a propósito del bolero (yo agregraría que en todas las canciones populares del mainstrem y underground) veo a la canción “como un texto”, como “un buen pretexto para abordar algunas formas que adquiere la educación sentimental en los diferentes grupos sociales en México” (Peza, María del Carmen de la. El bolero y la educación sentimental. Sus procesos de significación y resignificación, de lecturas y escrituras diversas. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas. 1994;VI(17):297-308). Un texto que nos educa de cómo debemos ser con las mujeres.

            De ahí mi desinterés cada vez más hacia las canciones “románticas” elaboradas por hombres, que se inflan de protagonismo y desdeñan el trabajo de las mujeres compositoras, que a mi parecer, han elaborado canciones que han roto con el imaginario masculino (que yo llamo “el eterno masculino”, basado en Rosario Castellanos) que hemos aprendido como hombres en la radio, el cine y la televisión. Actualmente, en las plataformas digitales de streaming y descarga.

            A pesar de todo, encontré propuestas que iban más allá de este romanticismo cursi y ramplón y me fui tendido. Sin embargo, al escucharlas repetidamente, me fui desencantando poco a poco de su discurso en donde aflora éste “eterno masculino” que objetiva a la mujer, la desdeña, la violenta, la usa o la desea sin consentimiento o sin responsabilidad afectiva, donde muchas veces queda claro el rol depredador de los hombres.

            Al acercarme a nuevos proyectos musicales, me di cuenta de que en varias canciones de compositores o “cantautores” existe una falta de imaginación para contar una “historia de amor”, un exceso de lugares comunes y rimas simples como las de infinitivo; textos que en apenas tres o cuatro minutos de una canción, usan palabras y frases cursis oídas mil veces; al que muchos recurren haciendo tedioso el género.

Ejemplos (me abstengo de mencionar nombres porque luego lo toman personal): ausencia, entre tú y yo, calor, olvido, pecho, tus manos, sonrisa, tomarnos un café, canto del río, mirándote a los ojos, tu belleza, cenarte, tu sonrisa, filo del olvido, estrellas con alas, caricias, robarte un beso, unicornio, princesa, por amarte, cama, desenfreno, mañanas de papel, frágil, café, ir de la mano, error, tiernas caricias, ella, vino, como el verso, amor, centro del dolor, estar a tu lado, fina, universo, hambre de ella, instante, pasión, palabras, paso del dolor, tu piel, lluvia, versos, sol, encender el fuego, tu nombre y un largo etcétera que muestra todo un imaginario masculino de dependencia, control y depredación. Y de aburrimiento.

Como compositores, es necesario romper ese “eterno masculino” que forza, que engaña, que acosa, que cosifica, que piropea, que violenta, que insulta, que sobaja a la compañera. Al contrario, nuestra tarea es encontrar nuevos paradigmas, cantar historias humanas y no romantizadas. No se trata de ser políticamente correctos, sino de llevar el lenguaje e historias a otros derroteros en la canción y quitarle el imperante y doloso romanticismo que tanto nos ha educado a hombres de “cómo debemos conducirnos” para “conquistarlas”. Es necesaria una nueva canción de amor.

Orlando Canseco (CDMX, 1969). Es comunicólogo social con Maestría en Comunicación y Política en la UAM-X. Profesor de música y es director, productor y conductor del programa MÚSICA HÍBRIDA, MH RADIO y de este fanzine. Como cantautor se hace llamar LOBO ESTEPARIO y tiene un primer disco llamado AULLIDOS CRUDOS.

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