La herencia del creer y querer

Por Danixa Tornero González*

“Mamá, hoy decidí ponerme un vestido que hace
muchos años no me ponía, me lo puse para él
con la esperanza de que me dijera que me veía
hermosa, pero no lo notó, ni siquiera estoy segura
de que me haya mirado. Tengo 62 años, 43 de
ellos con el hombre del que enamore y lo único
que quería era que él me notara y me dijera que
me veía hermosa. Ya me es difícil distinguir entre
esa mujer y la otra”.
Flor

“Mi querida Flor, partes de una historia pueden
repetirse generación tras generación. También me
enamoré, también me puse muchos vestidos para
que él me notara y me dijera hermosa, también
quise creer y esa mujer intentó muchas cosas pero
tampoco lo logró. Duele. Tengo 43 años, 20 con el
hombre del que me enamoré pero ya no quiero. La
otra mujer ya no quiere”.

Eva

De niña no comprendía muy bien el enojo, la tristeza o la preocupación de las mujeres en mi familia, hasta que claro, fui creciendo y todos los comentarios, miedos, exigencias que decían las fui encarnando. Recuerdo muy bien una reunión familiar en la que dije hacia mis adentros que si ser mamá o esposa significaba eso que escuchaba y observaba jamás querría serlo. También recuerdo que a mis escasos 6 años ya notaba todas las miradas lascivas que los hombres ponían sobre el cuerpo de mi madre, miradas que poco a poco me hicieron sentir miedo por lo que mi estrategia para protegerme era ponerme pants talla grande con chalecos que cubrieran sobre todo mis nalgas. El objetivo de esa acción era ser lo menos visible para ellos. Continuó por muchos años el camino de esconder/proteger mi cuerpo, había una relación constante que iba y venía entre el miedo y la conciencia. La secundaria fue ese momento de resistir las propuestas y tentaciones del sexo y anteponer la idea de que si accedía simplemente sería un objeto de placer que desconocerían al día siguiente pero que estaría en la boca de todos y todas. Me reservé, reservé mi cuerpo, y fue a los 22 años que encarné de manera arrasadora todas las herencias del creer y querer de las mujeres de mi familia.

Era de las que pensaba y decía muy superficialmente ¿por qué sigue con él si ya no es feliz, si él la maltrata? ¿Por qué sigue ahí? Y tiempo después cuando decidí compartirme muchas respuestas a esa pregunta llegaron, y sí, tiene todo qué ver con la manera de amar que nos han enseñado e impuesto a las mujeres, y también tiene qué ver con los valores e ideales que la cultura da a cada cuerpo. En mi caso, y sé que en muchos casos implica aceptar y adaptarse a lo que te están ofreciendo en ámbitos laborales, escolares, familiares o sentimentales. Consiste en idealizar a ese otro (hombre) y agradecer que esté contigo olvidando el valor propio manteniéndote amable y compresiva aunque por dentro quisieras enloquecer y gritar a la cara porque todo dentro de ti se está cayendo. El ejercicio, o mejor dicho la costumbre cultural de la servilidad y la concepción de ser una buena mujer y el sometimiento precisamente hacia estos cuerpos impera ante todas las violencias habidas y por haber.

– ¿Me pasó a mí? ¿En serio? ¿En pleno siglo XXI?

– Sí, esa es la realidad.

– Bueno pero, ¿por qué se quedan con ellos a pesar de que las hieren? ¿Por qué en su momento me quedé ahí?

– Resignación y lástima—creo que diría tu abuela. –Mantener la careta de buena madre y esposa –creo que diría tu tía. — Porque él no se va– diría unos años atrás tu madre aunque al final sí se fue.

– ¿Y yo qué? ¿Por qué me quedé?

– Porque quisiste creer que podría ser algo bueno. Porque da miedo decir que te están lastimando y dejen de hacerlo, da miedo expresar que todo lo que pasa te está rebasando cuando te has puesto la máscara de mujer fuerte ante ti y ante otrxs, da miedo decir en voz alta que lo que él está haciendo no está bien y para nada es compatible con tu idea de amar y compartir con una persona. Te da pavor porque en el fondo sabes que no lo va a cambiar, que no va a acceder a generar acuerdos, a mostrar cariño frente a otrxs sin que eso le importe, porque no va a dejar de ver a la otra mujer aunque hayas dicho que no puedes con esa realidad, y ni siquiera se va a plantear que lo que está haciendo no es sensato ya que mucho más y muchxs más siguen brindándole ese poder que sabe
que tiene y lo utiliza, y entonces serás la loca, la celosa, la codependiente, la controladora. Vas a ser esa persona que atenta a su libertad, algo que ni por error es aceptable y muchos menos en un hombre que lleva el “desapego y la libertad” como estandarte. ¿Qué, no que muy feminista? ¿No que mucha independencia en todo sentido? Es
confrontar todo eso o seguir ahí.

Sí, eso pasó, en pleno siglo XXI, y mi sentir no era tan diferente al de mi abuela o mi madre. Caí en cuenta de que lo que ellas querían era sentirse acompañadas y validadas de aquel que dijo lo haría. No querían un esposo o un amante, querían un compañero. Audre Lorde decía que una paga demasiado por el conocimiento, y que cuando se
desarrolla ese conocimiento a la par se desarrolla un sentido de compenetramiento consigo misma. Es cierto, no niego ni rechazo esta idea, me queda muy claro que hay un costo por saberlo y es verdad también que cuando abres los ojos, la piel, la mente, escuchas y hablas ya no hay camino de regreso, ya no puedes ignorar todo lo que está enfrente, a un lado o dentro de ti. Ser consciente de todas las violencias que ejercen ellos hacia nosotras, nombrarlas y no querer que eso pase tiene un costo y es una idea que me ronda en varios instantes, quedarse sola.

– Bueno pero muchas mujeres se quedan solas y continúan su vida, además, tú has estado sola por muchos años, y si somos muy críticas ¿a qué te refieres con estar sola?

– Me refiero a estar con alguien con quien compartas de forma emocional, racional, íntima, sexual etc. Yo sé que muchas mujeres han estado solas y continúan su vida pero qué me dices de ese tono melancólico o de añoranza que hemos escuchado de mujeres que están solas y aún de las que no lo están sobre el extrañar esos instantes donde se creían y sentían amadas por un tercero. ¿Me vas a decir que nunca lo has sentido? Y no es que no pueda o no me guste estar sola, como bien dices lo he hecho, sé que puedo hacerlo y concentrarme en cambio en mi trabajo, en mis amistades, en mis proyectos o familia. Soy consciente de que no es vital estar con alguien pero no significa que no me quiera sentir enamorada, que quiera abrazar a alguien, compartirme de manera profunda.

– ¿Y qué te detiene o te hace dudar?

-El conocimiento. El saber que mi lugar como mujer en esta sociedad todavía está muy abajo, y que el aspirar a que alguno de ellos me vea de manera diferente fuera del sometimiento, de la debilidad, emocionalidad o del objeto sexual es una lucha que no sé si quiero tomar, así que el estar sola se está volviendo una posibilidad, y la verdad, desconcierta.

– No sé si puedo comprenderlo ahora, pero sigamos dialogando.

Sea cual sea el sentir, sea cual sea el momento en nuestro proceso personal el dialogo entre mujeres es un acto
revolucionario, no sólo porque rompe con esta idea de que las otras son el territorio enemigo, sino también porque es un acto sanador y constructivo, en lo individual y en lo colectivo. Concuerdo con Audre Lorde al decir que aunque nos podemos ayudar unas a otras a movernos, a crecer, a ser más humanas, una finalmente hace lo que debe hacer por sí misma, pero ello no implica que el camino en donde vayamos quitando toda esa piel que ya no nos sirve o de la cual ya hemos aprendido lo hagamos solas, con las mismas dudas o culpas. Nosotras pagamos mucho por el conocimiento pero buscarlo y “(…) hacerlo con la mente y el corazón y los ojos bien abiertos es sentir… más. Algunas veces esto significa sentir más dolor, pero este camino nunca es aburrido. Nunca es un sueño crepuscular”.

Así que elijamos estar despiertas.

* Danixa T. G. (Mujer Cueva). Soy mujer, artista, escritora, poeta, técnica en recreación y bordadora. He trabajado por algunos años (6 exactamente) en programas vivenciales que buscan el desarrollo humano a través del contacto con la naturaleza y el juego. Mi obra es mi vida intentando comprenderla al sentir, pensar y cuestionarla, sólo así puedo concebir la creación y reconstrucción individual y colectiva en la cotidianidad y en el arte (aunque no me gusta separarlos), siempre a partir de lo personal.

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