La labor de reventar en tiempos excepcionales

Por Daniela Chávez*

La siguiente reflexión está encaminada a problematizar el momento histórico de la pandemia, mi tarea sigue siendo pensar cómo transformar la visión del lugar que tenemos los humanos en el planeta, en esta ocasión sugiero partir de plantearnos una brújula que genere la creación de nuevos espacios excepcionales. Subdividí este texto en cuatro breves apartados: 1.- El llamado tiempo “excepcional” 2.- ¿El artista? 3.- Principios generadores como brújulas y 4.- Reventar y hacernos los locos.

1.- El llamado tiempo “excepcional”
Dicen que estamos en tiempos excepcionales, como he oído decir a algunos intelectuales del campo de la pedagogía. Se refieren a que debemos hacer una excepción a la normalidad, entender este momento de la pandemia, como una pausa, pero ¿para qué? ¿y por qué merece la pena hacer una pausa?

Ahora es cuando podemos ver a gran escala la fragilidad de la vida, es el momento de repensar qué sentido tiene, de cuestionar las creencias y la idea de que debemos tener una labor muy predeterminada bajo la idea normalizada de cómo es o debería ser la vida.

¿Cuál es el lugar del “trabajo artístico” antes del COVID-19? ¿Cuál es en este momento? ¿Debería marcar diferencias?

Pienso dos cosas:

– NO debería marcar diferencias en tanto que la vida ha tenido pequeños momentos excepcionales, ES DECIR, NO ES NADA NUEVO QUE, la vida hasta como la conocemos hoy, se ha basado en la explotación (desmedida, exagerada e innecesaria) de los recursos del planeta y de la humanidad.

– SÍ debería marcar una diferencia, en tanto que LA PANDEMIA muestra y da lugar a pensar nuestras necesidades UN POCO MÁS COLECTIVAS. ME REFIERO A -QUIZÁS- SER MÁS EMPÁTICOS.

NO sobran los comentarios al respecto de que la pandemia dejó al descubierto los problemas que ya existían, debemos repetírnoslo hasta que cada uno de nosotros se haga responsable de dos cosas:

Primero, tener claro que las condiciones excepcionales ya han existido, pero hemos normalizado la precariedad, la pobreza y, en general, la violencia de diversa índole que a niveles macro, meso y micro social, se reproducen.

Lo segundo, es ser corresponsables con el planeta y con los sujetos con quienes lo compartimos y por lo tanto debemos realizar acciones, objetivas, contundentes y radicales. De lo contrario este tiempo (y otros tiempos que han pasado y vendrán) “de hacer una pausa”, no tiene ningún sentido, seguimos en la normalidad, pero ahora adornando nuestra cara con cubrebocas muy bien diseñados, simulando, nos limpiamos los zapatos en tapetes sanitizadores que están secos, nos ponemos gel antibacterial y nos miden la temperatura en la muñeca (en donde sería difícil marcar una temperatura mayor a 36°), compartimos el transporte público porque debemos salir a trabajar, compartimos espacios cerrados o hacinados porque no hay de otra.

2.- ¿El artista?
Para empezar, debemos cuestionarnos la noción de “labor artística”, ¿quién y qué es “el artiste”?

Entiendo la labor del artista como la producción de un “ser divino” (es broma). Más bien, es aquél valiente que enfrentó cualquier estereotipo al respecto del “ser artista”. Digo valiente porque es compleja la noción del “artista” (desde el punto de vista teórico y que en otra ocasión podríamos discutir). En principio tendríamos que desarticular la idea de que éstos son los genios, nacidos con alguna aptitud técnica, (el que sabe dibujar chido, la que tiene mucha flexo elasticidad y el que se atreve a expresarse frente al público), necesitamos creer en que todos tenemos la capacidad de ser artistas, en el sentido de que podemos adquirir o desarrollar aptitudes y herramientas para transformar un objeto y sus significados, para hacerlos estéticos, para compartirle al otro una versión extravagante, utópica, amplia y/o profunda, de cualquier ideación o emoción, con el fin de transmutar y sublimar la vida.

3.- Principios generadores como brújulas
Lo que me gustaría es comentar dos ideas que han girado últimamente en mi cabeza desde que aprendí a pensar desde “principios generadores” que problematizan ¿Por qué tendríamos que tener una labor como humanos? (Ya sea que nos llamemos o no artistas, pero asumamos el riesgo que conlleva estar y ser planeta).

Para mí los principios generadores desde dónde los humanos tendríamos que actuar, son: desde una posición ética, ecosófica y utópica. En términos generales, se refieren al bienestar común para todos y cada uno, así como el cuidado de sí, del otro y del planeta; conlleva el “hacer en colaboración” con el fin de procurar la justica social.

Los principios generadores son objetivos, medios y la consolidación de un proyecto histórico-colectivo.

4.- Reventar y hacernos los locos
Qué pasaría si estalláramos ahorita? si nos volviéramos locos en el sentido de hacer sustancialmente algo que nunca nunca nos hubiéramos atrevido a hacer bajo las reglas en las cuales hemos vivido antes del COVID-19… ¿has pensado o te has atrevido a explotar antes?… Muchos nos mantenemos a raya, porque la vida y la muerte nos tienen atrapados; en términos estrictos “hay un virus mortal” que nos persigue a todos lados. Pero esto me regresa de nuevo a la idea de ¿cuándo ya es válido inaugurar un momento excepcional? ¿Qué piensan de esto los han vivido así toda su vida? Pensemos un poco más en los otros habitantes de este planeta, de quienes tan poco sabemos. Descentralicemos los problemas. ¿Qué dirían los exiliados del mundo, los presos y perseguidos políticos, qué diría Palestina y qué diría la producción de diamantes en África?

Estallar y crear las condiciones para transmutar es la labor de los locos. Ellos son los que nos pueden impulsar a querer transformarnos. Nos construyen un piso en medio de la niebla, que al menos se asoma un poco, para caer en un brinco al vacío.

El trabajo del loco (llámense artista o no), es uno de los pilares que derriba ideologías y concepciones del mundo ya establecidas y normalizadas; el trabajo (de cualquier humano en el planeta) tendría que existir para construir una sociedad justa. Exijamos tener una concepción amplia de la vida, dispongámonos para problematizar para qué estamos en este planeta.

Es una locura insistir en construir utopías, por eso necesitamos inaugurar momentos de excepción, crear grietas colectivas por dónde caminar. Debimos actuar en cada grieta de excepción que hubiésemos encontrado, por ejemplo, desde el momento en el que la industria de la moda gasta “93.000 millones de metros cúbicos de agua cada año, una cantidad suficiente para que sobrevivan 5 millones de personas”[1], debimos hacer algo al respecto; está totalmente fuera de lugar y contraviene los principios de bienestar para todos, el cuidado de sí, de los otros y del planeta.

Regresando a la cuestión del llamado “tiempo excepcional”, es un tiempo que debemos repensar ¿Por qué podríamos hacer una pausa hoy y no antes? ¿Por qué es necesario hacer pausas no sólo en tiempos extra normales? ¿Qué tendría que ser un momento excepcional y por qué esperar a la catástrofe?

La labor de los locos, es dar otra visión de lo que podría existir, marcar horizontes y reflexionar la vida. Es una obligación volvernos más locos cada día.

[1]  https://n9.cl/0bks   ONU, 2019, “El costo ambiental de estar a la moda”.

* Daniela Chávez. «Mi nombre es Daniela Chávez y soy antropóloga social, nací en CDMX, en 1990. Estudié la maestría en Pedagogía en la UNAM, licenciatura en antropología social, en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Mi trabajo se centra en el análisis de la educación artística en escuelas públicas y en la formación de docentes, mi referente ético-político es la pedagogía contemporánea para la innovación (de la Dra. Julieta Valentina), entre otras cosas, propulsa una visión transdiciplinaria, compleja y ecosófica del humano-planeta».


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