«La nueva normalidad me parece absurda»: Dra. Merarit Viera

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 30 de junio de 2020. Tuvimos la oportunidad de entrevistar vía videoconferencia a la Dra. Merarit Viera, bruja, feminista, activista cultural y académica. Profesora-Investigadora del Área Mujer, Identidad y Poder del Departamento de Política y Cultura de la UAM-Xochimilco y parte del Seminario de Investigación de Juventud de la UNAM como investigadora. Sus estudios son sobre: feminismos, género, juventud(es), música y estudios culturales.

En el contexto del final del primer mes de «la nueva normalidad» en la Ciudad de México, tuvimos a bien de entrevistar a la Dra. Merarit Viera Alcazar para platicar acerca del feminismo actual, de los escenarios de rock con las mujeres, las invitaciones que las mujeres músicas han recibido por parte de músicos que antes las criticaban, el impacto económico que han sufrido por el confinamiento del COVID-19 y de cómo percibe «la nueva normalidad». Esto fue lo que nos respondió:

– ¿Qué es el Feminismo?

– Es una pregunta que parece sencilla, pero en realidad es muy compleja. El feminismo es un movimiento social y político que lucha por la igualdad entre hombres y mujeres. Es una lucha por una igualdad de derechos sociales, políticos, culturales y económicos que busca una vida digna de las mujeres; principalmente de las mujeres en un sentido histórico, estructural, donde ellas han sido subordinadas dentro de las relaciones del poder que dictan el patriarcado. Eso es el feminismo en términos teóricos.

Yo concibo al feminismo como una lucha personal y política; es un proceso de conciencia constante de la importancia de reconocerme a mí y a las otras como seres humanos y con la posibilidad de elegir lo que quieres con la facultad de ser libres en esta vida.

Es muy complejo porque no hay un feminismo. Hay feminismos y pasan por procesos de organización colectiva, que están asociados a procesos individuales: ¿cómo me veo en el mundo?, ¿cómo me conecto con las otras? y ¿cómo esto me permite cumplir objetivos para ser feliz que se conectan con otras mujeres, con otros seres, con otros cuerpos con quienes tenemos luchas en común y afines?.

Entonces es inevitable pensar en el feminismo como algo separado de lo político porque siempre hay un objetivo político. Y aunque uno piense que está luchando nada más por una, mi yo siempre va a estar conectado con una colectividad,y por ende, también con procesos políticos. Y hablo de política no nada más del Estado o de los partidos políticos, sino la política que implican las relaciones de poder afuera, en la sociedad, en diferentes ámbitos públicos y privados.

– Hay hombres que se adjudican feministas. ¿Esto es posible?

– Quiero ser políticamente correcta, Ja ja ja. Estoy intentando ser políticamente correcta. Es un tema tenso. Desde mi posición, creo que hay hombres que pueden tener una especie de conciencia o afinidad política con los feminismos y que pueden convertirse, aunque no me guste tanto decirlo así, en “aliados feministas”, es decir, que pueden apoyar la lucha de alguna manera. Muchas, muchas feministas han hablado de la posibilidad de que necesitamos hombres con conciencia política feminista.

Yo no sé si ellos puedan llamarse feministas como tal, creo que pueden tener un reconocimiento a la lucha feminista y apoyarla desde una trinchera no protagónica. Porque la acción feminista tendría, y a mi me parece importante, que ser protagonizada por las mujeres y por otrxs seres, otrxs sujetos que de alguna manera cuestionen la norma de género.

Si a un hombre le cuesta trabajo reconocer su masculinidad, me parece muy difícil que se nombre feminista. Por eso digo que es un tema tenso, yo he tenido discusiones con amigos que aprecio mucho o incluso con mi pareja sobre si se pueden nombrar o no como feministas. La verdad creo, que no es un lugar que les corresponda políticamente hablando. Sin embargo, considero que es fundamental que haya una conciencia feminista por parte de los hombres, porque ese sería una lucha mucho más integral.

– Por otro lado ¿qué tanto han evolucionado o trasformado los espacios de rock para las mujeres donde la masculinidad sigue presente?

– Yo no se si han evolucionado. No me gusta mucho hablar en términos de evolucionismo, pero sí creo que ha habido procesos de concientización de la presencia de las mujeres en la escena. Lo digo con mucho cuidado porque no quiere decir que el escenario rockero, el escenario panrock (punk), el escenario hardcore, incluso el escenario hiphopero de los escenarios musicales dejen de ser masculinos, pero sí se han transformado por la enorme presencia de las mujeres. Ha habido un proceso de concientización política por parte de las mujeres. Ha habido un boom que tiene que ver con los feminismos jóvenes que ahora le llaman “la 4ª ola de los feminismos”. Ha habido como una especie de boom de las mújeres músicas y ha habido un proceso de conciencia de las mujeres música de su condición de género en los espacios rockero.

            Esto inevitablemente ha traído procesos de transformación al mismo espacio. Cuando las mujeres toman conciencia de esa condición y empiezan a exigir su derecho de ser reconocidas por su trabajo artístico, el espacio musical rockero, los hombres por ende y las otras personas que lo integran generan otro tipo de conciencias.

Esto no quiere decir que no haya una dominación masculina en el espacio. Lo sigue habiendo. Por eso es necesario este proceso de concientización feminista en la escena. Del 2015 al 2020, en cinco años, de manera impresionante, por ejemplo, muchas de las chicas con las que empecé a trabajar no se nombraban feministas: ahora lo hacen. Y no sólo eso, sino que a través de la música empiezan a generar una práctica activista. Han cambiado mucho las formas de relacionarse en las mujeres. No todas obviamente. Me refiero a ciertos grupos y a ciertas mujeres. Ha habido un boom del 2015 hasta hoy de tocadas organizadas por mujeres, donde ellas hablan de sí mismas, donde son protagonistas del escenario. Ha habido un “uso”, porque ya no me gusta usar la idea de “apropiación”, del espacio rockero que también es habitado por las mujeres.

            Esto genera otro tipo de conciencia y de problematizaciones, por ejemplo, la normalización de las violencias en la escena rockera. En estos cinco años, se ha logrado visibilizar (la violencia) de una forma impresionante a partir de que las mujeres se sientan a hablar en estos conversatorios sobre su experiencia en la escena. Ha sido impresionante como ahora podemos hablar de una concientización masiva de las mujeres, de su condición de ser mujer y una necesidad de visibilizar las violencias.

            Entonces, estos actos, estas acciones son contagiosas pues, como dice la filósofa feminista Sara Ahmed, hay una especie de afectividad pegagosa, nos afectamos de manera política para darnos cuenta que lo que le pasó a la otra también me pasó a mí y que eso no es la norma, que hay que romperla. Las mujeres hemos sido violentadas, ha sido normal esa violencia, incluso, estamos hablamos de violencia sexual, abusos sexuales que han sido normalizados por la misma escena y que hay que romper esa norma.

Esto que está pasando en el escenario rockero no está aislado de un panorama nacional del movimiento feminista, ni del boom que ha habido con las mujeres jóvenes y del hartazgo frente a la violencia machista. En cinco años ha habido un proceso de politización mediante la música por parte de una generación de mujeres jóvenes hartas de la violencia. En el caso de las mujeres en la música, de ser víctimas de una violencia machista en la escena, que además atraviesa el poco reconocimiento a su trabajo como artistas y sobreponer su cuerpo objetivado. Creo que eso es el mayor cambio.

– Me ha tocado ver como algunos músicos criticaban el trabajo musical de las mujeres y hasta decía que se les entrevistaban por su cara bonita y no por su calidad artística. Hay las invitan a tocar con ellos ¿Qué opinas de esto Merarit?

– Es este rollo de “vamos a ser políticamente correctos porque si no las chicas andan enojadas, entonces hay que incluirlas para que no se enojen más”. ¿Qué opino? Opino que está bien. Qué bueno que hay más mujeres. En Argentina se empezó a hacer la “Ley de Cuotas de Mujeres”, una ley impulsada por las mismas mujeres feministas músicas que dijeron “no es posible que en un evento no haya ninguna mujer y que nos digan que no hay mujeres haciendo y siendo artístas”. Las mujeres se empezaron a organizar y a crear colectividad. Las chicas dicen: “¡Aquí estamos! ¡Miren! Es más, “vamos a hacer un evento de nosotras, donde no haya hombres”. Luego fue “pero ¿saben qué? queremos estar también en los eventos de hombres” y se hizo una cuota y se impulsó una Ley. Ahora en Argentina es incluso una Ley.

            Sin embargo, creo que todo lo que tiene que ver con cumplir cuotas tiende a caer en procesos de simulación. Es como cuando se incorporó la perspectiva de género en el Estado como una regla. Fue como “vamos a decir que todo tienen perspectiva de género” pero en realidad no se está haciendo una transformación de raíz. Entonces, para mí un evento que es manejado por “vatos”, y lo digo en términos despectivos, y no hay una verdadera conciencia de reconocimiento a la experiencia musical de las mujeres, no hay un cuestionamiento a los machismos de los otros participantes, donde no hay una reflexión de raíz del patriarcado, se cae en un evento de simulación.

            Es un tema contradictorio. Qué bueno que de alguna manera se vean obligados a reconocer a las mujeres e invitarlas, pero me preocupa que en los escenarios, en la política del Estado, tengamos una simulación de la perspectiva de género, donde no hay un compromiso político feminista de transformar el espacio para convertirlo en un lugar incluyente, armonioso, donde las mujeres y los hombres y los otros seres que hacen música, sean reconocidos como artistas.

            – ¿Cómo ha estado la escena de rock de mujeres y como les ha impactado este confinamiento del COVID-19?

            – Ahora estoy participando en una investigación de “Jóvenes en contextos de COVID” desde el Seminario y para mi propia investigación de la UAM y me he concentrado en trabajar con mujeres sobre todo que dependan económicamente de prácticas musicales/artísticas. Eso me parece una reflexión urgente y necesaria. El COVID-19 como virus trajo consecuencias sociales, políticas y económicas que estamos viviendo y que estamos reflexionando por los intereses y mi práctica como investigadora, como rockera, porque a mí me encanta ir a los toquines. El COVID-19 es un virus que además nos exige el no acercamiento físico y la verdad es que los espacios musicales tienen mucho de acercamiento físico y corporal, hay un ritual de corporalidad muy importante.

Estos espacios de sociabilidad, espacios, territorios que nos permiten construir afectividades, emociones, que tienen que ver con cuerpos. Una de mis preocupaciones en los últimos tiempos es “¿qué haremos para generar o seguir generando formas de construcción afectiva y social desde un confinamiento que nos obliga a estar en casa?” Me empieza a preocupar esto. Darme cuenta que muchas de las chicas con las que he trabajado, que además también considero mis amigas y que se dedican a la música, con quienes además he construido procesos de afectividad, me digo “¿Cómo le están haciendo para vivir en este momento? ¿Cómo le está haciendo nuestra querida Nidia (Barajas) que es viajera y vive de la música? ¿Cómo le está haciendo Mimí (Dementia Sinner) de Las Navajas? Sé que ella vive de las tocadas, por ahí hace tatuajes, que además implica también cosas corporales y que en este momento está detenido. ¿Cómo le está haciendo Obeja Negra de Batallones Femeninos? Entonces pienso “les voy a preguntar”.

Es algo que todavía estoy reflexionando. Ahora pienso cómo se han transformado estos espacios de sociabilidad através de las redes en el espacio privado, es decir, no es que dejen de existir, los estamos recreando en el espacio privado, los estamos haciendo en casa y los estamos haciendo a través de las redes. Ahora sí que somos una generación donde lo digital se convierte en fundamental para poder seguir creando colectividad, porque sino nos quedamos en lo individual.

Entonces ¿qué veo en estas chavas?: veo a mujeres súper creativas haciéndose espacios de socialidad en su casa, creando escenarios con lucecitas, tocando e intereactuando con un público móvil, que eso también pasa en la tocada, pero además acá (en las redes) realmente con un público fugaz. Me decía Ale Cuellar, que también hace música y que apenas entrevisté en esta semana, “wey, hice un facebook live y en un momento tenía 13 personas, en otro tenía 5, en otro tenía 2”. O sea, la movilidad del público, la fugacidad de las redes se traspasa a una presentación de forma solitaria, pero a la vez de manera colectividad.

Es muy interesante porque veo a unas chicas intentando seguir creando musicalmente pero no sólo eso, sino seguir sobreviviendo económicamente porque ponen su cuenta de banco, cooperación voluntaria y entonces ahí sí, más allá del cover o de contar a la gente que entró, se trata de confianza y ahí hay una extensión de confianza de estos procesos afectivos en que alguien diga “no mames, esta morra está tocando, me quedo a verla, ver tres o cuatro canciones y se las voy a pagar electrónicamente”.

Es un poco como cuando vas a tocar a la calle ahora vemos escenarios virtuales, que son colectivos pero individuales y sacas el sombrero para pedir una cooperación voluntaria por tu música, son formas creativas de trabajo artístico. Yo veo a las chicas siendo súper creativas con la reconfiguaración de los espacios de sociabilidad, la sociabilidad pensada desde Maffesoli como espacios donde se generan afectividades, pero que además rebasan lo físico. Te lo estoy contando todo de manera caótica porque la verdad, lo estoy procesando aún.

– ¿Habría una nueva normalidad Merarit? Y viéndolo desde el punto de vista feminista ¿qué se replatean ustedes conforme a esta “nueva normalidad”? ¿Existe?

– Ese es el anhelo. Ese es el gran anhelo de lo que estamos viviendo. Hay un anhelo muy fuerte de la normalidad. Lamentablemente yo no tengo esa respuesta. A principios de este año, ninguna de nosotrxs pensamos que íbamos a pasar por un proceso por el que estamos pasando.

Esta idea que el Estado ha aplicado de “la nueva normalidad” me parece absurdo, porque es vender una esperanza totalmente banal. ¿De qué normalidad estamos hablando? En todo caso, no quisiera volver a una normalidad patriarcal y de violencia machista que, a pesar de este proceso de confinamiento, las mujeres seguimos viviendo, porque el patriarcado y las violencias no han parado. O sea, las mujeres en casa han sido las más vulnerables de vivir violencias. Y violencias en muchos niveles porque todo el trabajo de cuidados del hogar y del trabajo doméstico han recaído históricamente en las mujeres.

Ese “quédate en casa” que se ha utlizado me causa mucha molestia, porque quedarte en casa, la significación histórica que tiene “la casa”, “el hogar” en un sistema patriarcal es muy fuerte para las mujeres que nos está llevando replantear la idea de la familia.

Esa banderita blanca ¿qué simboliza? ¿qué hay detrás de eso? Me parece que nos exige tener ese pensamiento crítico. Yo no estoy abogando a que salgamos a la calle todas y exponernos y enfermarnos. Ojalá en algún momento podamos recuperar las calles porque eso fue uno de los símbolos principales del feminismo. El 8 de marzo, esa marcha tan fuerte que nos movió tanto a todas y el 16 de marzo ya estábamos obligadas a estar en casa. Sí creo que el virus provocó y dio herramientas políticas, cierta forma de represión a los activismos.

Sin embargo, yo no quiero volver a la normalidad anterior, ese anhelo de normalidad patriarcal no lo quiero. Va haber procesos de transformación fuertes sociales, políticos, económicos y obviamente individuales, que nos replantean cosas tan sencillas como el cuidado de nuestro cuerpo, la buena alimentación, hacer ejercicio, el estar fuertes frente a procesos biológicos que nos puedan rebasar también socialmente.

Son muchas cosas. Quisiera algunas cosas de normalidad como poder ir a una tocada, abrazar a mis amigas, poder juntarnos en una marcha. ¡Esas cosas claro que las extraño! Creo que vamos a lograr hacer otras maneras de estar juntxs y las redes van a ser fundamentales para no perder la colectividad.

Y en algún momento volveremos a tomar las calles, de eso estoy segura. La gente salió a marchar ahora que mataron al chico los policías en Guadalajara; en Estados Unidos con el evento de racismo de la muerte al chavo afrodescendiente, la gente salió a marchar. Sin embargo, creo que mientras no exista una vacuna esto va a seguir transformándose y nosotrxs tendremos que adaptarnos.

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