Leticia Servín: “Ya que para despedirse… mezcales”

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 3 de julio de 2015. Dicen algunas personas que las despedidas son los actos más tristes, pero en esta ocasión fue todo lo contrario con Leticia Servín, cantautora que junto a Sven Ostrowski en el contrabajo y Kino en el violín, se despidieron felizmente del Distrito Federal en la Mezcalería Cultural Binnizá.

Desde muy temprano, el Binnizá se llenó de gente, de amigos, de charlas, de risa, de música y de la potente voz de Servín que inundó de canciones la vieja tienda de raya, acto que se convirtió en una sesión acústica, larga e íntima para todos los que llegaron a escucharla.

Servín se convirtió entre las viejas paredes, en un colibrí-cantor de gris y negro como su pequeño Dante: Así mi pequeño Dante/se está llevando tu amor al mío/Eres rama de canela que lleva aire que abraza el tiempo./Así mi pequeño amor/te está abrazando mi pensamiento… Y con cada una de sus notas, Servín nos da esperanza con su ‘cantada’.

“¡Muchas gracias! ¡Qué bonito aplauso!” –agradece Servín con ese acento tan peculiar que tiene. Después de cantar esta rola, aprovecha para decirnos: “¡Vamos a tocar! ¿no? Un aplauso para invitar a Sven de Polonia, Alemania en el bajo”. Sven es un músico extranjero con un rostro bonachón, serio, de caballo y barba rubia.

Servín no parar de hablar y lo hace del ‘chongo’ que le hizo su hermana y la odisea que pasó con él dentro del metro. Reímos y en cuanto comienza a cantar, su voz nos espinó el oído y nos enredamos en sus rolas: En la montaña la cima espera a sus dueños/en la naturaleza flor de olor en los caminos./Y siempre su color/tan duradero/en el amor y en la montaña ya como en los sueños…

“¡Salucita para todos!” –brinda contenta Servín- “¡Qué emocionante!”. Servín cotorrea con la banda antes de comenzar la siguiente canción: “¿Todos están bien en este lugar?” –pregunta irónica y todos aúllan. “¿No les hace falta algo? Porque esta noche se nos será concedido hermanoooos… ¡Así que pidan! ¿Qué quieren? ¿Quieren paz? ¡Concedida! ¿Qué otra cosa puede ser? ¡Calzones nuevos! ¿Quieren unos calzones nuevos?”. La gente ríe y contesta que “sí”. Y pregunta “sexy”: ¿Un cachondeo nuevo?” y todos vuelven a aullar y algunas contestan “¡Síiii!”. “Bueno, ese pues ya saben: en la imaginación se sirven del bufet” revira Sevín.

La guitarra y el contrabajo comienzan a sonar. La voz de Servín se eleva lentamente y es el momento en que Kino comienza a matizar con su violín el ambiente cachondo que va generando la rola: Llueven ojos que miran al viento/caen hojas color de tu piel/siento tu respiración dentro/en los hoyos de la tierra./ Has ido/has ido/a la cabeza/ Has ido/has ido/y estas de vuelta/…

Y todos nos convertimos en un pequeño hervor: uno, por la calidez de Servín; dos, porque el lugar está repleto y tenemos que rolarnos los lugares los que deseamos tomar fotos, estar uno casi sobre el otro. Vamos adelante, en medio, siempre estorbando a los que atienden el lugar.

Servín tiene que moverse mucho más cerca de la pared para no chocar con los meseros: “Yo siento que voy a chocar con Sven” –hay pequeñas risas. Y pregunta Servín a Sven: “¿Tú no sientes así?”, a lo que le contesta: “No”. Y todos ríen por la seriedad en que lo dice.

Otro de los momentos memorables, fue cuando Servín nos comentó e ironizó acerca de la estrofa de una rancherita que estaba interpretando: “Este es el verso más cachondo que he oído en una canción ranchera con mucha finura” que a la letra dice: Por las mañanas te miro muy temprano/y luego te guardo y te miro más al rato/y por las noches te tiento con la mano/aunque no sea más que el purito retrato/)… Se soltó la risa, las carcajadas, la bulla y todos se convirtieron en un coro vernáculo que aulló y vaciló toda la noche.

El concierto de Leticia Servín se prolongó por más de dos horas entre palomazos (Kevin del grupo Ampersan), chistes, bromas, brindis. Y más se extendió con la intervención de Haydn y Temok de la banda La Bizarrez; y varios más que andaban por ahí disfrutando del momento cantando y bailando.

Con casa llena en el Binnizá, entre mezcales y cervezas, entre pequeños desperfectos técnicos, entre saludos a amigos, entre nuevas amistades y música ranchera, Leticia Servín ofreció una buena despedida que la hará más entrañable con sus rolas, su gran voz y su humor infinito.

 

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