Los Delincuentes de Lujo asaltan el 246

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 12 de junio de 2015. Vaqueros, forajidos y uno que otro valedor le cayeron a la guarida 246 que se convirtió en una cantina del oeste, aunque, guardando las diferencias, no hubo pistolas ni trajes vaquero ni mucho menos duelos personales. Ni caballos.

Jim Debutcher y sus Charros Calavera abrieron la noche con su música country echando tiros con sus rolas. Jim aún continúa abriéndose camino con César y Jon en este terreno musical que no es muy popular en la capital mexicana. A Jim la vemos con su chorcito morado, un sombrero, lentes retro y con muchas ganas de cantar su propio material; César se le vio domando su guitarra eléctrica cual caballo salvaje; Jon hasta atrás con sombrero y su relativa calma, hace lo propio con la batería, banjo, bajo y programación.

El debut de Los Delincuentes de Lujo por fin se dio. Nos asaltaron con su música country. Dementia se veía emocionada desde antes de subir al escenario y no lograba ocultarlo. Ahí estaba, con sus secuaces a punto de abordarnos con sus armas blancas, negras y corcheas. Sonaron bastante bien. Con sombreros, nos recetaron una buena hora de canciones, casi como balazos, aunque estas sólo matan el corazón y no la vida como las reales. Con buenos requintos, una batería bien sostenida y bastante energética, un bajo saltarín, un teclado muy tímido, Los Delincuentes de Lujo llegaron como forasteros a abrirse camino en estos lares polvorientos de smog.

Belafonte Sensacional fue el último forajido valedor en presentarse. Mientras la cuadrilla de vaqueros gritaba “¡Fondo! ¡Fondo! ¡Fondo!” más allá de escenario, él comenzó a sonar su guitarra acústica, cual ranchero yonky gabacho. Fue como “el malo”, pero no por su calidad, sino por su actitud intensa.

En solitario, Balfonte es como un vaquero foráneo perdido, un forastero: Ya no sé quien soy/¿Quién es esta voz?/¿Quién prendió el televisor?/En la mañana me encontré/y el futuro era de ayer,/alto al fuego, Kurt Cobain… canta casi melancólico ante los pocos que quedamos ahí. Y como forajido valedor, si va sin anunciarse.

Y así la noche entre vaqueros queriendo tener una noche de acción.

 

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