Música Híbrida. Hacia una nueva cartografía sonora de la ciudad

LA REDACCIÓN. Para MH RADIO. 16 de enero de 2016. Durante el festejo del Tercer Aniversario del programa Música Híbrida, producido y conducido por el comunicólogo Orlando Canseco, el recién sociólogo Edgar Ruiz* de la UNAM, brindó una lectura acerca del programa. Aquí su texto completo.

“La música adquiere de manera fundamental su contenido de verdad social únicamente mediante la oposición, mediante la rescisión de su contrato social.

Theodor W. Adorno

Introducción a la Sociología de la MúsicaOrlando Canseco es un detective salvaje; se le podría encontrar junto a los hombres del alba transitando a pie por la Avenida Central después de una noche de heterodoxas sonoridades. Orlando podría entrar a cualquier rincón del pentagrama urbano y fugarse para darse un rol por el siguiente compás funky. Orlando lleva más de tres años haciendo ciudad.

Canseco es la mente maestra y las manos ejecutoras de Música Híbrida; nadie lo puede imaginar, pues cuando pensamos en un medio independiente viene a la mente un equipo de trabajo que se reúne periódicamente, que autogestiona sus recursos – si los tiene –, que divide el trabajo y que busca posicionarse como tendencia a través de novedosas estrategias cibernéticas.

Pero no. Música Híbrida no es un medio que se autogestione, pues no genera un recurso que se reinvierta para sostenerse, sino que funge a mi juicio como un servicio ciudadano. Y en ello reside su politicidad, en su compromiso con la formación de públicos y con la construcción de una plataforma para dar a conocer una nueva cartografía sonora de la Ciudad de México.

Música Híbrida, a mi juicio, es un crisol acústico de nuestra generación, y estas no son palabras descontextualizadas. Hace apenas unos días, en una de nuestras últimas charlas, le preguntaba a Orlando cuál era el papel que la coyuntura de 2012 jugaba en la construcción de Música Híbrida y comenzamos a visualizarlo en dos niveles.

El primero tiene que ver con la búsqueda de un medio de comunicación que diera voz a quienes nos han sido negados los foros; el segundo, con el contexto político y social de crisis que como chilangos y jóvenes nos ha marcado en los últimos tres años. Orlando me confía que sus indagaciones sobre el movimiento de Los Indignados en 2011, desde el campo de la comunicación política, lo llevaron a replantearse el impacto que los medios de comunicación electrónica tienen en la conformación de colectividades críticas y la organización de acción política.

Posteriormente, en 2012, su accionar como periodista político en el marco de un creciente clima de represión y acoso contra activistas, manifestantes y por supuesto comunicadores independientes, lo llevaron a centrar sus esfuerzos en la construcción de un medio de comunicación que representara a “nuestra voz”. El objetivo era construir una radio ciudadana capaz de combatir, junto con otras, el cerco mediático contra toda voz en disenso. Hubo un antes y un después de diciembre de 2012.

Finalmente, surge Música Híbrida con el objetivo de dar foro a las propuestas musicales que por su carácter independiente no tienen acceso a los grandes canales de difusión. Y es que Canseco, tuvo a bien ubicar una escena musical que emergía en el contexto de un repliegue de las libertades democráticas de la ciudad de México. Y encontró un universo sonoro oculto, periférico, íntimo, de calidad, honesto, disidente desde diversas posturas y sobre todo, dispuesto a desmesurar los límites del micro sistema del estrellato indie defeño.

Volviendo a 2012, el arte y en concreto, la música, se convirtieron en una suerte de refugio para una generación hambrienta de nuevos referentes. Tengo la impresión de que comenzamos a intuir que había que volver a los espacios pequeños, a la música de las banquetas o de la intimidad de la casa. Vimos desmoronarse una vez más, la ilusión del rockstar indie defeño y de pronto comenzaron a abrirse nuevas posibilidades creativas desde la renuncia a la fantasía paternalista o la ilusión corporativa.

Tengo la impresión de que cada mente creativa, desde su nicho cotidiano, intuyó la necesidad de “hacer algo”. Creo que la renuncia a la fantasía del rockstar indie, ha obligado al músico defeño a nutrirse mínimamente de una historia musical que remite a una ciudad de México negada a los y las jóvenes creadores. No es gratuita esta suerte de viraje hacia referentes como el movimiento rupestre o esta necesidad de superar al rock como marco de creación.

Entonces, cobra sentido hablar de “Música Híbrida” como ese lugar en el que no cabe la nostalgia. Desde mi punto de vista, la hibridez, más que tratarse de fusionar estilos y géneros musicales, tiene que ver con romper las fronteras impuestas en el acto de crear. La música híbrida es una ruptura contra los paradigmas de cómo debe hacerse la música del presente: nuestra música. Se trata de una renuncia contra el asistencialismo de la política cultural y contra la necesidad de ser evaluado o aprobado por la industria dominante.

La música híbrida sería aquella que se nutre de tiempos pasados, de utopías nuevas y de distopías presentes. Música Híbrida visibiliza cómo están emergiendo nuevos rasgos en el seno de lo que Jorge Velasco denominara “movimiento alternativo de música popular”, pues a través de sus reseñas, entrevistas, archivos multimedia y fotografías, da testimonio de la potencialidad en las prácticas creativas de grupos y autores contemporáneos que vuelven a la experiencia de los sujetos de a pie.

A través de Música Híbrida, me parece, surge una reivindicación de la intimidad como punto de confluencia entre sujetos creativos, distinguiéndose por el arduo trabajo de etnomusicología urbana que Canseco desarrolla con ahínco. Este medio, nuestro, valora la inteligencia de sus audiencias, pondera la honestidad de sus entrevistados y sus reseñas, posibilita la ampliación de los criterios musicales a aspectos sociales, políticos y discursivos: hace que el músico no se asuma sólo como un hacedor de canciones, sino como persona pública, capaz de entablar un diálogo honesto y frontal con su realidad y las personas que la construyen.

Canseco y nosotros, intuimos que el quehacer musical, el quehacer periodístico… es decir, el quehacer cultural que emerge ahora, apunta hacia un hacer político basado en la posibilidad de tender puentes de diálogo que devuelvan a la ciudad una vitalidad cultural que ha sido amenazada por el tedio, el desempleo, el star-system, el monopolio de los espacios y los festivales, y por el pesimismo ante el incumplimiento de la promesa de una industria musical robusta y propia.

Hoy sabemos que los criterios de selectividad de la música de nuestro tiempo, deben basarse en una constante relación de renovación de lazos solidarios. Y en ello, surge también un replanteamiento sobre el papel de la tecnología y las formas de producción y difusión musical. No es gratuito que, aunque desconozcamos los alcances de la discusión sobre la democratización de los medios de comunicación, intuyamos que los medios electrónicos constituyen una herramienta de autonomía de la que, honestamente, no hemos aprendido a sacar pleno provecho.

Ustedes lo saben, como músicos y como públicos: hoy las herramientas de producción nos son más cercanas, las tecnologías de la comunicación desplazan a la mercadotecnia como medio de difusión, para obligarnos a una convicción centrada en la creatividad, la propuesta, la experimentación, la profesionalización y sobre todo, la reciprocidad. Asimismo, obligan al músico a ponderar el contenido de su propuesta.

Y huelga decir que, proyectos como Música Híbrida, comprometen al músico a ser mejor lector y mejor hablante, a enterarse de lo que proponen sus contemporáneos, a tejer relaciones con sus públicos y a reconocer el trabajo de sus antecesores. Por otra parte, las propuestas musicales que Música Híbrida visibiliza, obligan a la “audiencia” a convertirse en “público”: a buscar, o mejor, a construir nuevos espacios, a ampliar su escucha, a experimentar la ciudad y sus otros espacios, a retribuir económicamente mejor a los músicos y a encontrar en sí su propia musicalidad.

Y es que Música Híbrida nos presenta propuestas creativas surgidas de donde surge la gente que las escucha: del barrio, la colonia y la fiesta, las escuelas, los centros culturales independientes, los fanzines, los pequeños festivales y de las coyunturas políticas. Se genera pues, la sensación de un lenguaje propio y la posibilidad de construir comunidades. No obstante, aún es largo el camino que me parece deberíamos comenzar a construir.

Me parece que nos encontramos ahora ante una nueva coyuntura. Por un lado, sí, emergen expresiones creativas que van tejiendo lazos de solidaridad y que, desde una perspectiva independiente, nutren otra vida cultural en la ciudad de México; sin embargo, habremos de aprender – si es que esto es posible – a sustraernos de una lógica cultural que una vez más apunte hacia nuevos nichos de encarnada competencia, la desprofesionalización del músico, la pasividad de la audiencia y el ensanchamiento de la distancia entre el público y el músico. Me pregunto ¿estamos construyendo nuevas solidaridades o sencillamente estamos refrescando al sistema cultural que en principio nos excluía?

Creo que propuestas como Música Híbrida y trabajos como el que realiza Canseco, son una excelente coyuntura para generar nuevas formas de hacer y relacionarnos. Presiento que estos tres años han generado un semillero fértil para reflexionar sobre la necesidad de ensanchar nuestra experiencia como sujetos creativos, cuerpos disidentes, espacios independientes y en general, como generación de chilangos capaces de tomar la palabra y hablar con entereza de la vida que nos rodea.

Día a día, Música Híbrida pone y nosotros, como audiencias disponemos. Música Híbrida es un proyecto que se asume en constante crecimiento, no sólo de seguidores, sino en la calidad y profesionalización de sus contenidos. Felicidades a Música Híbrida, felicidades a todos los que aquí concurrimos; ahora, toca a quienes nos hemos conocido a través de estos espacios, seguir construyendo nuestro argot: nuestro lenguaje común y tejer en el sutil devenir de nuestras músicas y nuestras palabras, nuevas cartografías culturales en las ciudades de México que a diario experimentamos.

* Edgar Ruiz es licenciado en sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fue becario del proyecto Universos Sonoros Mayas del Centro de Estudios Mayas de la Unam. Líneas de investigación: sociología de la cultura y rock indígena en Chiapas. Participó en el  libro Etnorock. Los rostros de una música global en el sur de México con la investigación Los orígenes de Vayijel. Un paraje en los senderos del rock, libro coordinado por Martín de la Cruz López Moya, Efraín Ascencio Cedillo y Juan Pablo Cebada Carbonell, editorial Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas-Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica: Juan Pablos Editor, 2014.

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