Músicos y pandemia: la música más allá de las redes

Por María González de Castilla y Katia Escalante Monroy

Nos llegó la pandemia y se cayeron los telones que vestían nuestra realidad, quedamos vulnerables ante un escenario inédito, incierto y a veces terrible. Desde el aislamiento repentino e interminable, la cotidianidad como la conocíamos quedó en entredicho obligándonos a repensar nuestra manera de vivir.

Taller de laudería Colectivos Altepee, Acayucan, Veracruz./Foto: María G. de Castilla, 2015

Quienes hemos estado en posición de continuar con nuestras actividades desde casa gracias a la mediación de la tecnología (protagonista de la “nueva normalidad” urbana), estamos aprendiendo a utilizarla para hacer fiestas, reuniones, para jugar con nuestros amigos, para facilitar talleres y conversatorios. Ante la necesidad de sustituir las interacciones cara a cara (cuerpo a cuerpo), las y los músicos se subieron a las redes, y las pantallas de las computadoras se plagaron de conjuntos, duetos, intérpretes individuales dando conciertos virtuales desde sus hogares, presentaciones invadidas de pausas y silencios en donde antes había aplausos.

En este contexto, la relación se da de otra manera, muchas veces los intérpretes hablan un poco más sobre lo que se canta, mandan saludos y leen los mensajes de los “presentes”, a veces la forma de interpretar se adapta, se modula la voz, no se necesita la potencia del canto abierto que tiene que imponerse al ruido del ambiente en espacios grandes o encuentros masivos, se está ante la cercanía de la computadora. En este sentido, en algunos casos las presentaciones virtuales se pueden convertir en interpretaciones intimistas, como aquellas de la trova, la bossa nova y algunos estilos de jazz, pensadas para escenarios pequeños y una escucha próxima. 

¿Será que las prácticas musicales ejecutadas tradicionalmente en el espacio público y sin tecnología irán adquiriendo estos matices? ¿Será que la cuarentena las puede volver intimistas? y ¿Qué pasa con aquellas prácticas que son para para convivir, la música que sirve para bailar, para llevar serenatas, para amenizar eventos sociales, o que forman parte de la fiesta?, ¿qué pasa con las prácticas musicales en las que la presencia y el contacto es ineludible? ¿y las tocadas de ska, a las que no se acude sólo a escuchar, sino a brincar, gritar y hacer slam? ¿en dónde quedan el cuerpo y la energía generada colectivamente? 

Para quienes se dedican a la música, es ineludible reflexionar sobre los cambios que experimentan ahora las formas de producir música, gestionarla, difundirla para crear escenarios, públicos, vínculos y atmósferas sociales en estas nuevas circunstancias, pues las repercusiones del confinamiento son más profundas de lo que parece cuando el encierro elimina la posibilidad de acuerpar la música. 

Mensaje oficial del Ayuntamiento de Chinameca, Veracruz en el que se anuncia la cancelación de las mayordomías en la localidad afromestiza de Chacalapa durante junio y julio de 2020. Estas fiestas son conocidas más allá de las fronteras nacionales, en parte por los fandangos./Foto: Facebook 

Como ejemplo tomemos las prácticas musicales participativas – conocidas como fandangos- que se llevan a cabo en el marco de las fiestas comunitarias de la región sur del estado de Veracruz. En este caso la fiesta es un espacio de afirmación identitaria, de organización social y de continuidad cultural en el tiempo, es una práctica de resistencia en la que el contacto y el encuentro cara a cara es vital. Por lo tanto, en el caso del fandango una transformación de la práctica musical implicaría también una reconfiguración de las resistencias comunitarias.  Pero, ¿pueden estas resistencias existir desacuerpadas? ¿desaparecerá el fandango al volverse digital la ejecución del son?  ¿Se volverán estas prácticas más reguladas?, ¿en aras de respetar la distancia cambiarán sus características adaptándose a una normalidad distinta?, o bien optaremos por romper el aislamiento para darles continuidad ¿lograremos mantenerlas como hasta ahora, en el espacio público, colectivas y en rebelde cercanía?

Chacala, junio 2020. Mayordomía San Juan Bautista, Chacalapa, Chinameca./Foto: Facebook
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