Noir Manouche y Akil Ammar en el cierre de la Fil 2015 del Zócalo

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 18 octubre de 2015. Noir Manouche ya tocaba cuando llegué. Me parecía raro ver a tanto adolescente vestido de rapero para escuchar a este grupo de jazz gitano. La parte frontal ya estaba repleta de jovencitos que me obstruían la mirada con sus coloridas gorras.

Noir Manouche sonó bien; jazzeando, haciendo swing cincuentero que a dos que tres les hizo bailar apretujados. El contrabajista es un maestro de su instrumento. Lo toca igual de bien tanto en el suelo como al aire, claro con un poco de ayuda de su compañero guitarrista.

Las intervenciones son precisas, claras, bien estudiadas. Cada instrumento de Noir Manouche luce. Pero la banda rapera ya está un poco harta de tanta música sofisticada. Noir Manouche invita a un grupo de baile y se echan sus mejores pasos muy al estilo de rock and roll, aunque lo que tocan es swing. Hacen piruetas, pasos rápidos y vueltas intrépidas. Eso roba cámara y muchos comienzan a grabar, aunque graben también a la cámara de enfrente. Pero no importa. Lo chido es grabar un poco de historia.

Por fin entra Akil Ammar entre gritos de los seguidores. Todos se arremolinan al frente. Quedamos más apretados. Tengo que salir porque no puedo con los empujones y con la bolsa de revistas que he conseguido en la feria. Mucho menos con la cámara. Así que me salgo.

Quedo junto una morenita que lucia un lindo moño rojo en su cabeza. Nos miramos. Con más confianza me pregunta si las fotos son para mí o para quién. Le digo que es para la página de Música Híbrida. “¿Nos puedes tomar una foto y enviárnosla a nuestro correo?”, me dice con cierto encanto. Le digo que la puede ver en la página de Facebook. Pero los apretones y la gente que iba de salida nos separan.

Todos comienza a gritar: “¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil! ¡Akil!…”. Es ensordecedor. Una señora emocionada le dice a lo que parece ser su hija: “Esta reguapo”. Saca su celular para fotografiarlo y me pregunto como saldrá si está a más de 20 metros de distancia sobre la base de los postes que sostienen las mantas.

Casi llegando a la orilla derecha del escenario. Me detengo. Hay un olor raro. Cuando volteo, dos chicas y dos chicos andan tomándose unos pulques en sendos vasos de unicel. El olor es desagradable. Me muevo. Más allá huele a tinher. Me agrada más pero no lo soporto por mucho tiempo. Me salgo. Afuera de la carpa un grupo de chicos ya fuman mariguana tranquilamente. Su olor me embriaga al igual que a las personas que están por ahí buscando la fuente del placer. Me dan ganas de pedir el toque.

Desde fuera del Foro Faro, el coro es sensacional. Todos cantan a una voz lo que va diciendo Akil Ammar: Policías en helicóptero buscando marihuana/policías en las calles más brutalidad/…/Son policías, espías pitufos del sistema/proteger al pueblo dice su lema/servir y cuidarnos de los malos/traer a nuestras calles paz sin brindarnos daños… La rabia se mira en los ojos de varios jóvenes al cantar.

Pero los sentimientos cambian de la rabia a lo sentimental y cursi. Los rostros son otros y cantan: Estoy en deuda/te debo más que todo/más que todo el oro acumulado dentro de cualquier tesoro./Me diste vida cuando no lo merecí/todo lo que soy ahora/es gracias a tí… Es la rola ‘Mamá’. Pero acto seguido, le dedica otra a su padre: Se que me escuchas/soy tu hijo/escogí el cobijo de esta habitación/para hablarte con el corazón/y decirte que te extraño…

Minutos antes de terminar, Akil Ammar dice retador a sus “soldados”: “¿Qué creen? Que nos quieren correr”. Todos gritan “¡Nooooooooo!” y la rechifla no se deja esperar. Akil se revienta otra rola y una más. Se avienta una capella alusiva a los 43 normalistas desaparecidos en donde despotrica con todo a Peña Nieto y policías, sin embargo, no es suficiente para un encore y se disculpa con la banda por no poder quedarse más tiempo.

Y así, la rabia se disolvió entre la plancha del Zócalo y sus calles añejas, por sus escaleras subterráneas que van al metro dejando a los trabajadores y vendedores de la Fil 2015, más solitarios que la misma noche.

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