Pobreza: la otra cara de la pandemia

Por Verónica Muñoz*

“Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, es que desnuda las almas y ese suele ser un espectáculo horroroso[1]” Albert Camus

2018, Plaza San Salvador El Seco, calle Bolívar, centro de la Ciudad de México. Cualquiera que allí haya prendido un clandestino porro seguramente conoció a Don Erasmo, bolero de oficio, beisbolista apasionado, eterno enamorado de su esposa muerta años atrás, chilango hasta las cachas.

Fue mi amigo entrañable cuando me mudé a una pajarera al lado de esa minúscula placita, la más pequeña del mundo. A nosotros y un puñado de invisibles -uno de tantos Escuadrones de la Muerte- no nos unió la casualidad; fue el vicio, el frío del alma, los ojos vacíos y las bocas llenas de anécdotas que a nadie le importaban. Él vivía de nostalgias, yo soñaba convertirme en cineasta y juntos apendejábamos el hambre con mota.

Corrió el depósito, sin varo para la renta si quería terminar el curso no había de otra mas que la calle. Sólo dormía segura y comía a mis horas cuando podía volver a mi pueblo.  Eran las ocho de la mañana y mientras la ciudad empezaba el día yo agradecía haber sobrevivido la noche, y gastaba mis últimas monedas en dos pesos de tortillas y un vasito de consomé de barbacoa. Me disponía a dar la primera cucharada de lo que probablemente sería mi única comida del día cuando apareció Don Erasmo, de lejos vi cómo se le iluminaba el semblante y saboreaba anticipadamente el consomé calientito que seguramente le iba a convidar. No se equivocaba, donde come uno comen dos.

Me encantaría decir que esa vez compartí felizmente con mi amigo pero no, la verdad es que cuando lo vi a lo lejos comencé a temblar de rabia, y tuve que hacer acopio de todo lo que en mí quedaba de humanidad esa mañana terrible en la que yo no era más que un miserable despojo, la verdad es que mientras comíamos yo sólo podía sentir egoísmo, envidia del jodido rincón donde le daban viada para no pasar las noches a la intemperie, no podía más que mirar obsesionada cómo llevaba a su boca la mitad de mi pobre alimento.

Apenas se fue brotaron a borbotones lágrimas de hambre, rabia y vergüenza por mi propia mezquindad. “Cuando el hambre entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. Por eso cuando anunciaron el confinamiento, mientras todxs entraban en pánico por la posibilidad de contraer el nuevo virus, yo me aterré ante el inminente recrudecimiento de una fantasmagórica pandemia que inició mucho tiempo atrás: la pobreza.

Nos han convencido de que ser pobre es como tener un grano en la punta de la nariz, algo que hay que erradicar a toda costa, y si no es posible hay que esconderlo porque ¡qué vergüenza! Pero sobre todo nos han enseñado que lxs pobres, son pobres porque quieren.

Y de pronto, mucha gente que andaba sobre esa delgada línea que divide a la clase trabajadora de la pobreza, perdió su fuente de ingresos y con ello la ilusión de ser clasemediera. Las redes sociales se llenaron de gritos desesperados por comida para lxs hijxs, por trabajo para pagar la renta, por un espacio para escapar a la indigencia.

Terminología propia de economistas como “recesión” o “desaceleración económica”, se popularizaron tanto como la jerga médica, se organizaron foros televisivos donde analistas de barbas cuidadosamente recortadas y flamante ropa hipster debatían apasionadamente sobre la preocupante situación -de manera remota, of course– bien guarecidos en sus acogedoras viviendas.

Yo, sin ser pudiente pero esta vez con un techo sobre mi cabeza y a salvo del monstruo del hambre, con cada bocado elevaba una oración a un dios en quien no creo, porque una oración siempre la hace a una sentirse mejor cuando no puede tender la mano a quien se está ahogando sin ponerse en riesgo una misma. Ya no había necesidad de fumar para engañar al hambre, ahora el punto era acallar las voces dentro de mi cabeza que me repetían una y otra vez que poco o nada cambiaba con comprarle un mazapán a esa niña-madre o darle una moneda al músico callejero.

Me sentía igual a aquellxs que desmenuzan sesudamente la pandemia en términos de macroeconomía, seguros de entender el contexto actual mejor que el grueso de la población y repiten una y otra vez “Quédate en casa” mientras ordenan comida a domicilio que tendrá que llevar algún invisible a quien no le alcanzó para quedarse en su casa.

La pandemia ha puesto de manifiesto el rostro descarnado del sistema: la violencia doméstica y de género se elevaron a la estratósfera; el abuso sexual y el consumo de pornografía infantil se multiplicaron[2]; tomaron fuerza movimientos como el MAP, que pretende luchar por los “derechos” de los pedófilos[3]; surgieron nuevas formas de prostitución/pornografía en lo que la escritora y cineasta Mabel Lozano nombró Prostitución 2.0[4], como el caso del sitio Onlyfans que llenó sus arcas aprovechándose de la vulnerabilidad económica de miles de mujeres que vieron allí una forma de hacerse de un dinero que en la mayoría de los casos no alcanza para casi nada, explotando su propia imagen hipersexualizada bajo el lema de “mi cuerpo, mi decisión”, tergiversándolo y despojándolo de toda profundidad hasta reducirlo a algo así como “mi cuerpo, mi mercancía”[5].

Y como era de esperarse, el nepotismo de las autoridades sanitarias a la hora de asignar las vacunas, que mientras anuncian a los cuatro vientos que se dará prioridad a enfermerxs, médicxs y personal de limpieza, bajita la mano se vacunan ellxs y a sus familias[6]-. La falta de credibilidad de autoridades y medios masivos de comunicación provocaron que la gente pusiera en duda la existencia de la pandemia y después, ignorara las recomendaciones oficiales prefiriendo remedios milagrosos como el dióxido de cloro[7], altamente tóxico. Como siempre, son las personas más vulnerables quienes pagan los platos rotos: lxs que más se infectaron y también, a quienes más afectó la crisis económica.

Todxs, confinados o saliendo a trabajar, sufrimos la pandemia; todxs, hasta el más huraño, sentimos hambre de contacto humano, insertidumbre, miedo. También todxs nos refugiamos en el arte. De cierto modo, lxs artistas son tan indispensables en esta pandemia como el personal de salud e higienización y sin embargo, es también el de lxs artistas, uno de los colectivos más golpeados por el desempleo y la indiferencia, al grado de que autoridades llevan a cabo planes para desactivar colectivos culturales, como quedó de manifiesto en días pasados por un descuido durante una conferencia virtual llevada a cabo entre funcionarixs de la Secretaría de Cultura Federal y diversas organizaciones de artistas[8].

Sea consumiendo o creando, el arte está presente ahora con más fuerza y es lo que nos permitió mantener la cordura, seguir siendo humanxs. Puede que el arte sea la única cura para esta otra pandemia, la del egoísmo y el agandalle que vienen tras el miedo y la incertidumbre, la de la falta de empatía y calor humano. Porque es el arte la forma en que unx puede entregarse a lxs demás, sin perderse.

Mi amiga Ana, como tantxs artistas que no pudieron quedarse en casa, sigue acariciando las almas de lxs pasajerxs en algún camión con su voz de terciopelo, y yo me consuelo recordando cuando trepadas en mis versos y sus notas recorríamos los caminos, viajo más allá en el tiempo a la placita de San Salvador El Seco donde Don Erasmo nos contaba la historia de la Ciudad de México vista desde sus ojos cansados y planeábamos documentales que no cuajaron porque lo alcanzó la muerte, voy aún más allá a un tiempo que no es el mío, y me refugio en el fuego fatuo de un Camus que ya no está pero que a través del tiempo y el arte nos recuerda que “puede parecer una idea ridícula, pero la única manera de combatir la peste es la decencia[9]”.

*Verónica Muñoz (Hidalgo, 1989) es guinista, directora y productora de cine comunitario. También es locutora y ha participado como columnista en diversos medios de la periferia. Colaboradora de MH Radio y autora del cortometraje documental «La denuncia» (2019) bajo Chime for Change.


[1] “La Peste”  Albert Camus (1947)

[2] Ver http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/informacion/comision-permanente/boletines-permanente/48307-denuncian-aumento-de-pornografia-infantil-via-internet.html

[3] Ver https://www.infobae.com/america/mexico/2020/09/04/el-map-y-el-mop-el-debate-sobre-estos-grupos-que-presuntamente-buscan-normalizar-la-pedofilia/

[4] Ver https://www.20minutos.es/noticia/4495869/0/mabel-lozano-onlyfans-perpetua-la-prostitucion/

[5] Ver https://mujeresporlaabolicion.org/2020/12/27/preguntas-y-respuestas-sobre-pornografía-parte-i

[6] Ver https://www.proceso.com.mx/nacional/cdmx/2020/12/30/protestan-en-iztapalapa-para-exigir-la-vacuna-contra-el-covid-19-255370.html

[7] Ver https://www.bbc.com/mundo/noticias-52303363

[8] Ver https://www.animalpolitico.com/2020/12/desactivacion-colectivos-chat-funcionarios-cultura/

[9] “La Peste” Albert Camus (1947)

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