Punto Gozadera: feminismo y disidencia cultural

Por Paola Cardona García

Punto Gozadera fue un espacio que le hizo justicia a su nombre. ¿Cómo empezar a describir ese espacio disidente, ese espacio que le dio casa, voz, diversión, trabajo y mucha seguridad a tantas mujeres y disidentes no binarias? ¿Cómo empezar a describir lo que para mí fue como mi casa? Un espacio lleno de vida, de talleres, de música y por supuesto su deliciosa comida libre de crueldad animal.

¡Qué hermosa era ir llegando del metro Salto del Agua a la Plaza San Juan y ver de lejos esa casa, esa espacia llena de vida, de colores con sus mesas de futbolito que tanta diversión dio a les niñes de por ahí!

Al entrar, lo primero que veías eran esos hermosos murales pintados por mujeres super talentosas y esas mujeres que se rifaban la organización del espacio: Pacha, Liber, Aime y muchas más. Oler a tlayudas y sus deliciosas papas con el toque que solo ellas sabían darle.

¿Cómo olvidar esas tardes después de una marcha de morras e ir todas a echar la chela a La Gozadera? Que fuera viernes y se volviera un espacio libre de batos, desenfrenarnos en un aullido todas juntas al ritmo de Sara Hebe, o un perreo bien sabroso con Dj Clau. Sin pena, sin miedo, libres todas bailando hasta que la cuerpa ya no aguantara.

No hay palabras que alcancen para describir lo que para muchas fue un refugio donde aprendíamos a organizarnos como morras, donde yo conocí lo que era trabajar entre mujeres para mujeres.

No fue fácil ni lo romantizábamos, pero era luchar contra todo el machismo laboral o contra las ideas de poder o explotación laborar. Era un espacio para que las mujeres fueran a organizarse, fueran a cantar sus verdades, fueran a aprender a defenderse con las clases de kick boxing que Ingrid impartía, o los talleres de sanación para mujeres violentadas.

Era más que un espacio. Era lo que todas las mujeres necesitábamos en una ciudad donde no podemos ir a bailar solas o echar una chela con buena música o hacer un evento. O ir a coquetear en los lenchiviernes, sabernos seguras y sin prejuicios de nuestras preferencias sexuales. Ahí todas nos cuidábamos a todas. Recuerdo que era el único espacio donde iba con vestido.

La Gozadera le dio espacio a tantas morras como a mí con La Otredad, que empezábamos en la música y claro, como ingeniero de audio el buen Héctor, siempre al tiro de que todo sonara chingón.

Ningún otro lugar acogió a tantas mujeres músicas internacionales como La Gozadera. Bailamos al ritmo de Rebeca Lane, de Las Krudas, Tribade, Sara Hebe y muchas otras que venían a compartir el canto en el único espacio en la Ciudad de México que podía recibirlas con conciertos por y para mujeres.

Un espacio que ganó un premio de la Ciudad de México al mejor centro cultural o comunitario, pero que la ciudad no hizo nada para ayudar a subsidiar este espacio que tantas personas necesitábamos dentro de esta terrible crisis que arrasó con todos nuestros espacios culturales y autogestivos del centro.

Hoy, aproximadamente a seis meses de su cierre, aún lo extraño como muchas otras personas. Pasar por la plaza de San Juan ya no es lo mismo, pero seguimos resistiendo.

No supimos cómo rescatarte pero aún seguimos a la espera para poder llevar a gozar la cuerpa a Punto
Gozadera.

Ilustración Orlando Canseco
A %d blogueros les gusta esto: