Rafael Mendoza “Mil años después”

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Amecameca, Estado de México. 15 de julio de 2017. Con el título de su más reciente producción “Mil años después”, el compositor mexicano Rafael Mendoza ofreció un singular y emotivo concierto en el restaurante “La Estación de Amecameca” en el Estado de México, foro que visitó por vez primera.

Con 57 años de edad, poco más de 30 de carrera artística y con ocho producciones discográficas, Rafael Mendoza sigue cultivando la canción mexicana con temas románticos, citadinos y sociales, como fue en esta noche a las faldas de los volcanes, evocando canciones clásicas de su propio repertorio.

Tres horas antes del inicio de este recital, Rafael Mendoza llegó a “La Estación Amecameca” a probar el equipo de audio. Vino acompañado de un alumno suyo: Guillermo Manzo, inquieto intérprete de la canción mexicana. Mendoza desde el escenario y Manzo desde una mesa, el primero le muestra una nueva canción mientras espera un cable para conectar su guitarra a la pequeña consola. Pasados largos minutos, descubrí como logra ese sonido tan agradable en su guitarra electroacústica, ese sonido claro y redondo que lo caracteriza.

A las nueve de la noche comienzó el show. Oscar Ramos, “un romántico empedernido” que le “cuesta mucho hablar de otras cosas”, cantautor local y con un disco en mano, abrió el concierto. Ramos tiene buena voz, aunque su estilo es muy parecido a tantos otros de corte romántico y meloso. Se avienta speechs de cuatro minutos entre rola y rola; y sus letras contienen frases tan trilladas que no encontramos nada por descubrir.

Pero la revelación de la noche sería Guillermo Manzo que no “estaba en el cartel” y que vino “como fan, como admirador del maestro Rafa Mendoza”. Manzo fue alumno del citado estelar durante dos años más o menos, y las canciones que tocó en esta ocasión, además de ser suyas, fueron resultado de estos talleres que tomó con “Rafa”.

Manzo nos ofreció cinco canciones con títulos como: “Brote de bambú” dedicada a la pachamama y que dará título a su primera producción discográfica; “El corrido de la voz” dedicado a Carmen Aristegui; el bolero “La noche” que “invita a esa cosas nocturnas”; la canción “Verdor” que versa sobre los bosques de Ciudad Sahagún, Hidalgo; y por último, “Quiero llorar”, una rola que habla sobre el amor obsesivo.

A las diez de la noche, llegaría el maestro Rafael Mendoza con ese aplomo que los años y la experiencia le han dado. Hoy, sin su característico sombrero, nos dijo con su voz “aguardientosa”: “Qué gusto estar aquí en Amecameca en este foro por primera vez”. Rafael se nota contento y más porque hoy por la tarde, el autor Fernando Romero le regaló su reciente publicación “Sonetos para levantar el vuelo”, un texto de sonetos con forma de disco compacto y dedicado a varios músicos mexicanos.

Rafael antes de comenzar su recital, lo presenta arriba del escenario: “Voy a invitar a Fernando, que hoy vino en la tarde con un regalo para mí, que supongo es un regalo también para ustedes y para muchos personajes de la música en México. ¡Vente carnal!”.

Fernando con modestia sube y recita su soneto “A Rafael Mendoza”: Soy mi voz, soy mi voz a ras del suelo/Verdes notas que siembran esperanza/A donde la locura nos alcanza/Abrimos alas que levantan vuelo./Maestro en ignorar el desconsuelo/Recorre carreteras de confianza/Va con el viento y con el viento avanza/Hacia las vetas que domina el duelo./Manojo de armonías en pluviales/Ríos de la memoria colectiva/Aguaceros que forjan carnavales./Es Rafael Mendoza entres seis cuerdas/Sonoro carnaval sin paliativos/Y un crecido arroyuelo de motivos.

Y fue entonces cuando su voz, esa voz “de cuerpo y alma” que guarda Rafael, comenzó a sonar en el foro de “La Estación de Amecameca”, ese torrente de sonido que golpea y al mismo tiempo, regocija el oído. Soy mi voz, cuerpo y alma, cantó punteando las cuerdas graves de su guitarra; Soy canción, soy palabra… Los aplausos no se dejaron esperar.

Para la segunda rola “Qué barato”, una canción que parece venir del libro “Vida de consumo” de Zygmunt Bauman, Rafael nos explicó con mucho humor: “El disco abre con una canción que yo escribí hace ya algunos años, pensando en el carrito ese de «se compran colchones». ¿Si se acuerdan no? Nada más que en la realidad se compran y se venden muchas otras cosas a parte de los colchones y los hornos de microondas. Entonces yo quise ser algo así como el «tlacoache reloaded» de Cri – Crí en una canción que se llama «Que barato»”.

Si hay algo que admirar de Rafael Mendoza es la facilidad de realizar coros o estribillos brillantes en sus canciones. Estos párrafos son efectivos, pegajosos que seducen, que contagian, que encierran humor y crítica al mismo tiempo; y que redondean de manera sagaz sus canciones en las que quiere hablar de su tiempo, “de nuestro tiempo”.

Pero Rafa también reconoce sus “canciones más íntimas, amorositas”. Y presenta una especie de bossa nova que le dedica a su pareja sentimental. Rafael es muy consciente de su tiempo y nos dijo: “Andamos perdiendo espacios. Hay carreteras a las que ya es mejor no ir; ciudades a las que es riesgoso visitar”. Y nos introduce un ska que escribió para un disco dirigido a jóvenes y nos explica: “Hace algunos años me invitaron hacer una canción para un disco dedicado a jóvenes. Y yo dije: pero «¿Yo por qué?» como Fox. Con esa idea yo intenté escribir algo que tenía que ver con la calle, con deseo de que la calle siga siendo nuestra y con los jóvenes en una forma musical que se llama ska”, y Rafa ejecuta unos cuantos compases de este ritmo en su guitarra de una manera humorística.

Y continúa diciendo: “Y cuando la grabé en un disco, me dice un amigo «¿Y cómo vas a cantar eso wey? Tienes que brincar y bailar». Bueno, no puedo brincar ni bailar. «Entonces ponte una máscara de luchador». Mi solución fue más fresa. La canción está grabada como ska, la acaba de grabar ahorita una banda de ska muy buena que se llama Santo Mezcal; y dije bueno, para cantarla pues ya estoy grande, pues hago como un reggae. Ustedes dirán si la regué o no. Se llama «No me bajo del avión»”.

Y Rafa canta: Vale el viaje por el viaje/lo demás es lo de menos/vale el viaje por el viaje/ vale por cada estación/en tiempo y la distancia/todos somos pasajeros/pasajeros como el miedo/como el canto y el dolor/No, no, no, yo no me bajo de este avión…

Rafael Mendoza realizó un espectáculo de dos horas y media que se van como la lluvia que cayó esta noche: fuerte, tupida y refrescante. Su música así como sus discos, son totalmente independientes. Y aunque se pregunte Rafa “¿Qué me pasa?”, el público sí lo sabe, y corea sus canciones como tormenta en el monte. Una noche que se convirtió en río musical, que recorre géneros como el bolero, bossa nova, blues, vals y que nos ahoga y sublima en cada nota que va cantando el maestro. A mil años después, sigue siendo un gran compositor contemporáneo.

 

RAFAEL MENDOZA – En Corto

1 comment for “Rafael Mendoza “Mil años después”

  1. Guadalupe Zamora Vargas Olvera
    25 julio, 2017 at 1:56 am

    Buenos días,un concierto con magia es un gran maestro con muchos años de experiencia por eso esa seguridad y aplomo,pero lo mas hermoso un ser humano sencillo,calido. Su alumno con melodías y voz hermosa siguiendo sus enseñanza. Y los nuevos valores despacio pero seguros dando lo mejor de su sentimiento como asistente del concierto fue enteramente para mí, mil gracias por permitirnos en la zona de volcanes disfrutar esta caricia al alma.

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