Ramón Méndez: “viejo cabrón y rebelde”

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 17 de mayo de 2017. El poeta Ramón Méndez Estrada, fallecido hace dos años, fue homenajeado el en Paranoid Vision UTA este miércoles por la noche con un grupo variado de poetas, amigos, alumnos y lectores de su trabajo poético.

En este día, Antonieta, quien fuera pareja sentimental de este escritor, comentó al público: “Agradezco su presencia. Sé que muchos de los que están aquí han sido lectores de la poesía de Ramón: se han enamorado de ella. Hoy cumple dos años de haber partido de este mundo. Es conmovedor que sean los jóvenes a los que él de alguna manera transmitió la forma de hacer poesía”.

Antonieta, un tanto emocionada, concluyó diciendo: “Ramón sigue vivo a través de su poesía, de sus palabras. Va haber Ramón para mucho rato. No tengo nada más que decir, sólo agradecer su presencia y que lo sigan leyendo, porque un escritor sobrevivirá siempre que haya unos ojos que posen sobre sus letras la mirada”.

Para la editorial La Ratona Cartonera, que editó el poemario Cabiria de Ramón Méndez, “lo importante es continuar leyendo a Ramón, continuar discutiendo a cerca de la poesía de Ramón, porque es a través de la lectura donde se perpetua la memoria de un poeta”.

Enrique D. Luque del colectivo Entrópico comentaría: “Lo que voy a leer de mi autoría creo que le gustaría a Ramón” y recita: Aquí estamos envejecidos y rotos los que mirábamos desde bastidores/como las escenas se repetían en amaneceres interminables…

Edgardo León Mantra también comentó: “Yo tuve la fortuna de conocerlo unos meses antes de que se fuera. Estuvimos dando un rol allá por Michoacán. Él (Ramón Méndez) era un tipazo. A cada rato sacaba algo de la computadora. Nos decía «¡A ver! ¡Ahora les voy a leer esto!», mientras se echaba un trago de charanda. También era a toda madre porque daba viada de que uno pudiera leer, de que uno pudiera sacar sus textos y el «wey», así, con su vozarrón de repente decía «¡No! ¡Lee bien!», así como bien atento a lo que uno decía”.

La joven Luna Itaj leyó el poema «Metamorfosis» de Ramón Méndez, pero antes rememora: “(Él) Fue de los poetas que nos acompañó a inaugurar las bohemias en el Bombay, que fue uno de los últimos «infras» que nos tocó conocer”. Arturo Álvar Gómez, editor de la revista “Sapiensa”, leyó dos poemas: uno de Ramón Méndez y otro de Max Rojas.

Pedro Emiliano recordó varias características de Ramón Méndez: “El recuerdo del «viejo roñoso»: el buen Ramón Méndez. Los que tuvimos el gusto de conocerlo, fue un padre putativo para muchos jóvenes poetas; un tipo generoso, un tipo cabaretero el buen Ramón. Hasta sus últimos alientos, siempre demostró ese ápice de locura y verdad y beldad en sus poemas”.

Xólot Méndez, hijo de Ramón Méndez, destacó lo siguiente: “Yo creo que la poesía «infrarrealista» siempre ha representado, fuera del blog y las cámaras, una poesía ruda, una poesía huraña, una poesía salvaje; y creo que mi padre, a lo largo de sus años, hasta lo aplicaba: los soplamocos que me aplicaba cuando me enseñaba las tablas de multiplicar eran inolvidables a lo largo de mi vida. A parte de su «¡Aquí no hay pedo»; y su «¡Ya se fue a calacas!». En calacas andará (Ramón Méndez) festejando su día especial”.

Zipactzin Méndez, otro de los hijos de Ramón Méndez, comentó antes de leer otro poema de su padre: “Partió un viejo cabrón y rebelde; partió a ese inframundo lleno de flores. Nos dejó muchos consejos, mucha poesía; nos dejó un gran cenit en esta tierra donde también era alumno en sus viajes nómadas por el desierto”. Después de leer “Alma grande” de su padre, Zipactzin subrayó: “Espero que mi papá se la pase muy bien en esa eternidad que recalcaba siempre: «Nosotros vivimos hoy/mañana no hay/simplemente»”.

Otra de las persona que estuvo cerca de Ramón Méndez fue Agosto Orión, quien nos relata: “Cuando conocí a Ramón era pequeño, tenía ocho años. Fui a Morelia pues mi tía Antonieta estaba enferma y le habían diagnosticado una enfermedad oscura, una mierda así. Él me había invitado a su cuarto y de ahí se nos quedó la costumbre de hacer catas de karate; siempre que nos poníamos a chupar nos aventábamos unas artes marciales”.

Otro testimonio sobre Ramón Méndez fue el de Carlos Martínez Rentería. Él cuenta con su voz aguardientosa: “Me siento muy feliz de poder recordar esta noche el momento simbólico y totalmente casual de conocer a Ramón. En la cervecería que se llama Salón Corona, justo un día después de que se murió Roberto Bolaño, fresa y la chingada”. Más tarde agrega: “Ramón es de esos poetas, que tenía mucho más dignidad, emoción. Tenía mucha condición de humanidad, de belleza que la mayoría de los poetas”.

Otro escritor que conoció a Ramón Méndez por su obra y no personalmente, fue Axayácatl Gutiérrez Ramos. Éste comentó: “Lo primero que yo supe de él es cuando uno anda chavo, buscando droga, buscando alcohol y que dicen «Ah´esta Baudelaire» (…) Pero dice uno: «¡Órale! ¿Y del barrio quién hay?». Del desmadre ¿quién hay que se le pueda uno acercar? Y encuentra uno borrachos, mariguanos, lo que quieran, pero encuentra uno también poesía. Y poesía a la que encontré como mexicano, como desmadroso en las drogas fue a Ramón Méndez y fue a Parménides (García Saldaña). Lo que escribió Ramón Méndez y lo que escribió Parménides sobre la marihuana, en específico, son cosas que ahí están para la literatura. Pasarán los años y ahí están. Parménides es muy famoso, fue muy desmadroso; Ramón fue muy desmadroso, no fue tan famoso pero hay que juzgarlos por su pedo literario”.

Temok Saucedo, organizador de este homenaje y alumnos de Ramón Méndez, se lanza a recitar el poema “Los motivos del grifo” de Ramón Méndez: Yo no nací para perder/o para ganar/sólo he nacido, simplemente… y al terminar, recuerda: “El desmadre es que, en efecto, Ramón dejó varios alumnos, que creo que los de a de veras ni siquiera somos bien a bien alumnos. Porque las clases de Ramón eran bien chidas. Empezábamos hablando de poesía, nos empezábamos a empedar, nos seguíamos empedando, seguíamos hablando de poesía, pero cada vez hablábamos con menos fluidez. Ramón no se como chingaos le hacía que tenía una memoria de elefante. Se sabía todos los poemas que hablaba y podía corregirnos la ortografía a leer y cosas por el estilo. Cualquier piche cita la sacaba de memoria”.

Pita Ochoa también llegó a este homenaje, poeta que lo conoció de manera personal al ser integrante de la primera época de los infras. Ochoa comentó: “Si hay alguien de los infras que sabía contar historias y quien podía permanecer toda la noche contando cuentos era Ramón. Y podíamos estar, efectivamente sobrios o borrachos”. Más adelante, Ochoa concluye: “A pesar de lo que se puedan imaginar de Ramón, tenía ganas de cambiar el mundo”.

Así el primer día en homenaje a uno de los poetas malditos de México.

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