¡Romperlo Todo!

Por Benjamín Márquez*.

Nos cuentan que el rock desde sus orígenes en el jazz y el blues,  ha sido siempre asociado con la rebeldía, enemiga de los dogmas sociales, políticos y económicos establecidos que buscan levantar la voz, evadir las reglas y ¡romperlo todo!

La idea se ha encarnado tanto en nosotros y nuestras entrañas de rockeros, que tomamos a muchos y diferentes personajes del rock como estandartes de nuestra propia rebeldía y los hemos convertido en ídolos populares.

La controversia comienza, cuando en nuestras creencias, decidimos que la popularidad está peleada con el discurso original, y que al aparecer en la televisión o al relacionarse con un creador de contenidos como Netflix, el ídolo se convierte en un producto enlatado, de esos que no son rock: “el que es famoso ya no es rebelde”…

El material presentado por la productora y (él en calidad de ejecutivo y entrevistado) Gustavo Santaolalla, desde mi punto de vista, nos presenta más que un material histórico, una antología anecdótica narrada por los personajes que vivieron el desarrollo de su música en medio del escenario que presentaba cada época y zona geográfica de Latinoamérica, ofreciéndonos así una plática amena y muy personal de lo que para ellos significo ser jóvenes y hacer rock en medio de un continente gobernado por la censura y los medios a disposición del opresor de ideologías nuevas y la evolución de los pensamientos de cada una de sus generaciones.

El viaje a través de los seis capítulos, para mí, cumple su función primaria de entretener, siendo al mismo tiempo positivamente contagiosa, en la necesidad de comprender cómo ser escuchados en la era digital, y llegar a un público más amplio que con los años ha perdido el gusto por el género, y el significado del rock.

El núcleo de la narrativa se enfoca en la lucha de la libertad de expresión de la juventud latinoamericana desde sus propios contextos y países, exponiendo datos interesantes que podrían darnos una pista, del cómo y cuándo los caminos artísticos tomaron interpretaciones únicas, y en cada lugar del continente la búsqueda o encuentro de nuestra propia identidad social, es influenciada de maneras misteriosas por la música  y sus exponentes locales.

Quizás nuestros héroes personales no fueron incluidos por causas que no conocemos y podemos quejarnos  y renegar de un proyecto que aunque socialmente pudiera “validar” la cultura del rock momentáneamente, en nuestro pensar no nos incluye, no lo aprobamos, nos sentimos ofendidos, y nos da derecho de crucificar a “San Taolalla” y asociados (como ha sido llamado por los críticos) y no vamos a hacer nada mas allá, pero… ¿no es esa la esencia del rock?

Ha vuelto a los escaparates por ahora, y es tiempo de pensar, ¿qué vamos a aportar nosotros para mantenerlo vivo y que la voz de nuestra ideología rebelde siga siendo escuchada, como tanto habíamos querido?

Quizás soy un romántico, pero para mí, este sería el momento de agarrar la ola y empezar a ¡Romperlo Todo!, una vez más…

* Benjamin Márquez: 20 años de Músico de tiempo completo. Alquimista / Xochihua Rock: Productor, Ingeniero / Aprisco Records.

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