Ser niña o niño en el México del siglo XXI (y no morir en el intento)

Por Verónica Muñoz*

Pocos temas son tan incómodos de abordar como la sexualidad infantil. Hay una tendencia generalizada a  idealizar la infancia como un lugar inmaculado, seguro y plácido, donde la vida es amable y los problemas “de adultos” se diluyen entre golosinas y canciones pegajosas. Yo estoy segura de que esta falsa percepción es una forma de ocultar emociones y sentimientos relacionados con nuestra propia niñez, cuidadosamente enterrados, con los que nos es muy difícil lidiar.

Las niñas y los niños son personas, y como todas las personas, además de felicidad y seguridad, experimentan intensamente otras emociones como el dolor, el miedo y la ira. Pero algunos adultos no están listos para esta conversación.

Listos o no, es imperante empezar a hablar al respecto. El tabú que nos representa la sexualidad de las niñas y los niños, aunado al adultocentrismo y la precarización de la crianza, crean un clima fatal donde la violencia sexual contra las niñas y los niños nos está rebasando hace mucho.

Hay algunos datos sonando perpetuamente en mi cerebro como un timbre de alarma que no se apaga desde el año pasado, y está bien, no tengo ninguna intención de olvidarlos: México tiene el primer lugar en abuso sexual infantil con 5.4 millones de casos según cifras oficiales (http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/informacion/boletines/45796-mexico-primer-lugar-en-abuso-sexual-infantil.html).

Además, nuestro país produce el 60% de la totalidad de la pornografía infantil en el mundo (https://www.jornada.com.mx/2015/09/06/sociedad/034n1soc); el indignante primer lugar en difusión de pornografía infantil (http://comunicacion.senado.gob.mx/index.php/periodo-ordinario/boletines/8434-boletin-035-mexico-primer-lugar-en-pornografia-infantil-exhortan-al-gobierno-a-fortalecer-estrategias-para-contrarrestarlo); y el segundo lugar en turismo sexual infantil (https://www.eluniversal.com.mx/nacion/critican-segundo-lugar-de-mexico-en-turismo-sexual-infantil).

Por otra parte, se estima que únicamente el 0.1% de los casos de abuso sexual infantil que suceden en México logra condena y esto, siendo optimistas. Que quede claro: en México sólo una entre mil agresiones sexuales hacia niñas y niños, es castigada (https://www.animalpolitico.com/2019/08/casos-abuso-sexual-menores-mexico/).

Un ejemplo, es el señalamiento de la modelo Frida Sofía, contra su abuelo y abusador Enrique Guzmán, conocido cantante de rock and roll que cimbró la moral de la sociedad mexicana al enfrentar dos valores totalmente opuestos, aunque profundamente arraigados en nuestra cultura: los mismos hombres que sobreprotegen a sus hijas y reaccionan con violencia desmedida ante cualquier circunstancia que comprometa la “pureza” u “honra” de las mujeres de su familia, creen en su fuero interno que deberían legalizar a las de dieciseis y le prenden videos tipo: Sexo ORAL! Entre Amigas! Estudiantes LESBIANAS Adolescentes Mexicanas! (x videos); ALUMNAS Mexicanas se Ponen Calientes y Terminan Haciendo un Trío Después de la Escuela! (xnxx); Step bro “I didn’t mean to do that, i was grabbing the headphones and…[Hermanastro “no sabía lo que hacía, estaba tomando los audífonos y…] (PornHub).       

Los tres títulos anteriores mencionados, son los primeros videos que aparecen en las secciones de “lo mejor/lo más visto” en tres portales de pornografía más visitados en México (recuperado  en abril 19, 2021 a las 14: 45 hrs). Por cierto, según estadísticas de Similar Web, México fue el único de 58 países que dentro de sus sitios más buscados incluyó dos portales de pornografía; y también estamos en el treceavo puesto entre los que más tiempo permanecen en sitios porno (https://www.milenio.com/internacional/estados-unidos/google-facebook-youtube-sitios porno-vistos-mexico).

Me faltó estómago para hacer una investigación más concienzuda. Creo que para efectos de este texto podemos mencionar estos tres videos como una muestra del imaginario de la ambivalente sociedad mexicana alrededor de la sexualidad infantil.

Por otro lado, el debate sobre si la pornografía es una “válvula de escape” para las fantasías sexuales o pura pedagogía de la violación es extenso, complejo y materia para otro texto. Sin embargo, me limito a señalar que nuestro país que tiene los primeros lugares en abuso sexual infantil, hoy por hoy, también consume y produce la mayor cantidad de pornografía infantil en el mundo; el mismo país en el que la mayoría de los hombres (y cada vez más mujeres) pasa en promedio 9 minutos al día frente a una pantalla consumiendo material que fetichiza las relaciones incestuosas y a las “estudiantes” “alumnas” “lesbianas” “adolescentes” “mexicanas”, además de hipersexualizarlas.

Entonces ¿cuál es el peligro de fetichizar las relaciones incestuosas y a las “estudiantes” “alumnas” “lesbianas” “adolescentes” “mexicanas”?: que aún con todo lo bonito y empoderante que nos quieren pintar la cosa, la industria de la pornografía y su hermana siamesa la prostitución, son esencialmente pedófilas. Además, no hay suficientes mujeres dispuestas a ser parte de esta industria del entretenimiento sexual1  para satisfacer la demanda de una audiencia que quiere cada vez más en todos los sentidos: más joven, más real, más definición, más violencia, más control, más opciones.

Nunca será suficiente para llenar el enorme hueco que este sistema depredador ha sembrado en cada uno de los y las consumidores en su búsqueda del placer: su deseo es el motor que hace girar los engranajes de la explotación sexual de niñas, niños y mujeres en situación de vulnerabilidad.

Los videos más vistos son los de adolescentes o mujeres que corresponden a las características físicas de la pubertad y la adolescencia. La conexión de la industria de la pornografía -los géneros amateur y soft no se salvan- con la desaparición forzada de cada vez más niñas, niños, mujeres jóvenes y el creciente número de feminicidios es más que evidente. También es innegable su relación con el incesto y el abuso sexual infantil.

Para muestra, este fragmento de la entrevista realizada a Emma, una de las víctimas de Jean Succar Kuri, empresario señalado como miembro nodal de una red mundial de explotación sexual infantil:

Me llevó a uno de los cuartos de su villa, que en realidad es un hotel, y allí estaban dos chavas más grandes -como de dieciséis años, creo- desnudas y besándose. […] Con ellas me forzaba a tener sexo oral para su beneplácito […] y así nos filmó y nos tomó fotos. Cuando ya estábamos en la cocina se burló riendo: “Eres una lesbiana, si tu mamá se entera te mata. Ya nunca podrás alejarte de mí”.

Esta entrevista es parte del libro “Los demonios del Edén” donde Lydia Cacho expone el entramado de una red internacional de tráfico sexual que opera en lugares como Cancún, Guerrero, Las Vegas y otros puntos del país y el mundo.

Para mí, la más perfecta representación de esta doble moral en la que estamos inmersa/os, la lleva a cabo Alejandra Guzmán (madre de la víctima e hija del victimario) en el caso Frida Sofía vs Enrique Guzmán. Alejandra es tanto víctima como reproductora de la violencia patriarcal.

En un fragmento de un programa televisivo que ha sido viralizado en la internet tras la polémica declaración de Frida, Alejandra es entrevistada por Verónica Castro, quien al presentarla se refiere a la cantante como “la hijita de todo el ambiente artístico”, haciendo alusión a su cercanía desde antes de su nacimiento con la industria mexicana del entretenimiento al ser hija del músico Enrique Guzmán y la actriz Silvia Pinal. En la misma entrevista, la conductora se refiere al patriarca Guzmán como “una persona muy, muy importante en tu vida (de Alejandra), tu carrera, en la vida de todos nosotros, en la carrera artística, en el mundo artístico”.

de Frida, Alejandra es entrevistada por Verónica Castro, quien al presentarla se refiere a la cantante como “la hijita de todo el ambiente artístico”, haciendo alusión a su cercanía desde antes de su nacimiento con la industria mexicana del entretenimiento al ser hija del músico Enrique Guzmán y la actriz Silvia Pinal. En la misma entrevista, la conductora se refiere al patriarca Guzmán como “una persona muy, muy importante en tu vida (de Alejandra), tu carrera, en la vida de todos nosotros, en la carrera artística, en el mundo artístico”.

En los primeros minutos de interacción al aire entre padre e hija, hay un reclamo de él hacia ella por no ir a verle y ella replica: “es que luego cuando viene luego (sic) le tiene que agarrar uno las manos porque…”. La respuesta del público es una explosión de aplausos, gritos, carcajadas y chiflidos en aprobación al patriarca que envalentonado por la manada, abraza en ademán posesivo a la hija y la atrae hacia sí con fuerza palmeándola varias veces mientras exclama: “y ni modo que me culpen por eso. Es mi hija y ¡está buenísima!”.

El público redobla las muestras de aprobación mientras Alejandra estalla en risas nerviosas. Tras unos cuantos segundos se repone lo suficiente para exclamar: “¡qué tal!”. Castro tarda un poco más en recobrar el dominio de sí misma y visiblemente perpleja pero tratando de guardar la compostura, espeta: “o sea que mano suelta es pa’ todas partes ¿no? o sea…”. Ella sabe de lo que la hija habla, el mismo abusador la tocó reiteradas ocasiones durante la grabación de varias entrevistas, incluso en una ocasión la presentadora, irónica, entra al set enfundada en una especie de armadura metálica, e igual el abusador encuentra la manera de propasarse para regocijo del público.

La misma Alejandra, que entonces bromeaba en un programa televisivo con los tocamientos que su padre llevó a cabo en su cuerpo, normalizados por todo el auditorio y por ella misma, frente a los señalamientos de su hija declara que “pone las manos al fuego por su padre”. No cabe duda: ella es la hijita del ambiente “artístico” del monopolio Televisa/Tv Azteca, ella es una hijita predilecta del patriarcado: la mujer liberal, sexy, explícita y “audaz”, pero que jamás iría en contra del deseo de su padre, aunque ello signifique traicionar el deseo propio y de la hija.

El caso de Frida Sofía es tristemente emblemático en una sociedad como la nuestra; donde es más fácil empatizar y apiadarse de los violentadores que de las víctimas; donde se mete las manos al fuego para salvar la reputación del patriarca mientras la voz de las infancias es negada, ignorada y ridiculizada; donde las víctimas que sobreviven y deciden hablar, son puestas en entredicho y “tiradas de locas” pretextando las secuelas en la salud mental provocadas por el abuso. Irónico: una sociedad que lincha pedófilos para lavar su propia conciencia, para no mirar su propia penumbra y como señala Lydia Cacho, les nombra  monstruos, para no reconocer que son hombres perfectamente adaptados a su ambiente, hijos sanos de una sociedad patriarcal hasta la médula. Les rechazan enérgicamente porque en el fondo les recuerdan algo de sí mismos en lo que prefieren no pensar.

¿Qué hacer con esta realidad incómoda? Habría que comenzar por reconocer que todos y todas hemos sido de algún modo parte de este problema, reproduciendo y normalizando violencias que también nos tocaron: el abuso infantil no es solamente sexual; este es sólo el último estadio de la doctrina del shock a la que por tradición somos expuestos/as todos/as nomás nacer: golpear, no escuchar y manipular, son algunas de muchas maneras que los adultos hemos aprendido para abusar de nuestro poder y someter a las niñas y niños a nuestros deseos.

Es tan difícil como necesario desaprender la idea de que las infancias nos deben obediencia sólo porque somos mayores. Hay que tener siempre presente que niñas y niños son personas y por lo tanto, sujetas/os de derecho. Son seres sentipensantes y sexuados desde el momento de nacer y también, en ese momento se inicia su experiencia erótica y educación sexual que será determinante para el resto de su vida.

Para un sano desarrollo de su sexualidad, debemos estar al tanto de que cada niña y niño reciban todo el amor, protección, apego e información que necesiten para desarrollarse sanamente en todas las áreas; vigilar que no estén siendo expuestas/os a experiencias y emociones para las que no están listas/os: tener relaciones sexuales frente a menores de edad (aunque estén dormidas/os), permitir que entren en contacto con material pornográfico o sexualmente explicito y obviamente, cualquier interacción sexual con una/un menor. O el uso de la imagen de una/un niña/niño por parte de una persona mayor para obtener placer sexual, son consideradas formas de abuso sexual infantil. No importa si parecía que quería, no importa si también sintió rico, no importa si lo pidió, no importa si tenía 17 años, no importa si no sabías que era menor de edad.

La responsabilidad es y será siempre del/la adulto/a. Ninguna/o de nosotras/os somos culpables de vivir en un país que normaliza el abuso sexual infantil, pero tampoco se vale hacerce tontos/as ahora que lo sabemos. Un bello proverbio africano, dice que hace falta un pueblo entero para educar a una niña o un niño, y es verdad.

Si eres cuidadora/cuidador o convives con infancias, siempre recuérdales y demuéstrales que son dueñas/os de su propio cuerpo, lo cual les da derecho a marcar límites, y enséñales a estar en contacto y expresar sus sentimientos y emociones, para que aprendan a confiar en su intuición cuando sientan que algo no está bien. Pero no hay que perder de vista que ellas/os están en desventaja frente a los abusadores, hay que enseñarles que pueden decir «¡no!», pero estar muy conscientes de que los abusadores no piden permiso, arrebatan, son depredadores y manipuladores.

Si estás en contacto con una víctima o sobreviviente de abuso sexual infantil o tú misma/o tuviste alguna experiencia de ese tipo, lo primero es asegurarse de que se reciba atención psicológica y médica especializadas, no importa hace cuánto sucedió, nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para sanar las heridas del abuso.

Hay que tener presente que por incómodo que sea de escuchar, para las víctimas/sobrevivientes de abuso sexual, es necesario hablar del tema para apropiarse de su historia y hay que aprender, como dice la activista y sobreviviente Sonia Sánchez, a poner la vergüenza en su lugar: sobre los violentadores.

Sobre todo, es indispensable empezar a cuestionar y desmontar la cultura pedófila que nos ha llevado a ser el país más peligroso para ser niña o niño en el siglo XXI. Sobrevivir al abuso sexual infantil no es sencillo, alzar la voz puede tomar toda una vida, pero cada vez somos más las y los sobrevivientes que decidimos romper el silencio; y por las y los que vienen detrás de nosotras/os y por nuestra/o niña/o interior: Lo vamos a tirar.

1. Nota en: http://sinembargo.mx/15-02-2017/31532998.

* Verónica Muñoz (Hidalgo, 1989). Es guionista, directora y productora de cine comunitario.También es locutora y ha participado como columnista en diversos medios de la periferia. Es voluntaria en el Frente Nacional Feminista Abolicionista, colaboradora de MH Radio y autora del cortometraje documental “La denuncia” (2019) bajo Chime for Change.

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