“Sigan su camino, sólo son unas muertas más”: Clítoris Salvaje

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 28 de diciembre de 2015. La colectiva Clítoris Salvaje realizó la mañana del lunes una performance en algunas estaciones del Sistema de Transporte MetroLa Alameda Central y en la explanada del Palacio de Bellas Artes en el centro de la ciudad para visibilizar los feminicidios que se realizan en nuestro país.

Desde las nueve de la mañana, un grupo de chicas y varones, se reunieron en la estación del metro Indios Verdes para preparar una performance acerca de los asesinatos de mujeres en el país, acción que estuvo acompañada con poemas duros y crudos de Andrea Murga, coordinadora de la acción.

Con bolsas de papel y plástico en la cabeza, tiradas en el anden como si estuviesen muertas, tres de las chicas se tiran al piso. Mientras, otro chico muestra ante la sorpresa de los usuarios, una manta que dice “Sigan su camino, sólo son unas muertas más”. Otro más difunde al sencillo fanzine de una hoja y que en su portada dibujada se lee: “Alto al feminicidio”.

Murga, con un vestido negro, corto, con una sola zapatilla roja y sin medias, comenzó a declamar su duro y crudo poema “Ana”: Mi nombre es Ana/y heme aquí tirada/con la cara desfigurada, desangrada en tristeza, agonía y frustración/con los senos mutilados y la vagina desgarrada./Oí voces todo el tiempo/y yo, sólo pensaba en mi familia y mi casa/salí por la cena y no volví./Me arrastraron hasta un carro/y de los golpe me dormí./Cuando abrí los ojos deseé morir./Estaba atada, desnuda./Sin pena abrieron la puerta/unos pasos: dos o tres,/eran varias la risas/y yo sólo moría…

Mujeres, hombres y niños se acercaban, se alejaban ante los cuerpos maquillados y aparentemente ensangrentados, con la ropas rotas, la medias raídas y las cabezas tapadas. Murga continúa recitando: Somos las hijas de las brujas/que no pudieron matar/esas mujeres de las que no vas a regresar. /Somos vida y agonía/pedazos de historias caminando/estas bocas se abren para gritar rebeldía,/somos las caras golpeadas peleando…

Subimos al primer tren. Murga con su magnetófono blanco sigue gritando su palabra, su dolor, su solidaridad a las compañeras muertas. Las tres chicas vuelven a tirarse al piso. La gente, respetuosa, se abre ante sus cuerpos. Una chica me mira y su rostro refleja un contenido sentimiento de tristeza: está apunto de llorar.

Los fanzines se han acabado. Afortunadamente, en la estación Guerrero, un hombre de cabello blanco dona diez pesos sin que se los hubieran pedido: “Para más copias”, dice. Después de la acción, Murga dice e informa: “Muchas gracias a todos ustedes por ponernos un poco de atención. Esto lo hacemos a modo de indignación. Somos el primer país en feminicidios, sobre todo en el Estado de México. Sigan su camino, sólo son unas muertas más. Que tengan muy bonito día”.

Terminamos en la explanada del Palacio de Bellas Artes pasando por la Alameda. El cuerpo de seguridad privada les dice que no pueden hacerlo. Murga y las chicas no hacen caso y hacen suyo el mármol con su cuerpo tirado en él. El sol comienza a pesar, pero no tanto como los feminicidios de infinidad de niñas, jóvenes y señoras que lo han sufrido en carne propia y que han perdido su nombre. Mas Murga se los dota al concluir su poema: Mi nombre es Ana, Joana, Andrea, Mariana, Lorena, Nadia, Cynthia./Tenía rostro, tenemos,/ahora no me encuentran ni me encuentro/cada una con nombre cuenta/las nombro por mí y por todas ellas.

Aquí, algunas fotos de la acción contra los feminicidios.

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