Silvio Rodríguez: entre unicornios y papalotes

Fotografía: SUSANA GIL

Fotografía: SUSANA GIL

VERÓNICA TELLO. Para MH RADIO. Centro Histórico, 29 de marzo de 2014. Desde Bellas Artes hasta el Zócalo se extendió un corredor de unicornios tratando de pescar una canción, tarareando y recordando, caminando ansiosamente, esperando a que dieran las ocho de la noche.

El Zócalo aún no se llenaba. Entre la espera desesperada se movían las personas como papalotes de colores, con la imaginación flotando encima de la plancha de concreto. Con el color del cielo se esperaba que cayeran ramos de nubes, mas sólo cayó una gota de rocío que nos dió tregua durante las próximas horas.

Llegaron las ocho,  y con la sutileza que lo caracteriza, nos dió una canción hasta casi la madrugada, como un sutil balazo que perforaba nuestros oídos entre una guerrilla de acordes y armonías.

Tan sorpresivo como la lluvia que durante años invadió Macondo, Oscar Chávez inundó de brisa el escenario con sus melodiosos sones y aquella voz grave de trovador mexicano.

Cuando la brisa terminó de refrescar, Silvio regresó como una mariposa y se sentó al lado de aquella mujer con sombrero. Juntos nos enredaron entre los tejidos de sus flautas y guitarras. 80 mil personas esperaron. Ojalá ese tumulto de disparos armoniosos, que hacía que los corazones salieran de su escondite y derrumbaran sus muros, no se hubiera acabado.

Dieron las diez y la maza derramaba las canteras que se producían con el sonido de aquella voz, con la presencia de aquel elegido. Sutilmente, a las once, alzó sus alas  y se fue volando con las mariposas, mientras entre sonrisas y anhelos  se parían nuevas eras y nuevos corazones.

Se apagaron las luces y un jazz invadió el ambiente, y aunque muchos necios esperaban escuchar de nuevo el ruido de su aleteo, él decidió irse entre humo y metrallas, combatiendo canallas y buscando unicornios.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: