Suna y Franco Narro en el Hilvana

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 31 de septiembre de 2016. La noche del miércoles, el Nuevo Foro Hilvana se engalanó con la presencia de la cantante veracruzana Suna, una chica con un proyecto musical que está emparentado con el jazz, un jazz romántico. A la vez, el bajacaliforniano Franco Narro cerró la noche con un par de rolas propias.
El proyecto de Suna ha crecido lentamente, “poco a poco”, nos dice desde el escenario. “Esta noche –ella comenta– tengo el placer de venir acompañada de unos amigos y grandes músicos: Mederick Priego en las percusiones; Maxym González Monreal en el sax; Virginia Morales Kuranille en Nord, en el teclado. Mi nombre es Suna y esto se llama «Nostalgia»”. Esta canción dice: Yo no sé por qué/yo no sé por qué te fuiste y me olvidaste/yo no sé por qué/yo no sé por qué no dijiste nada al marcharte./ Esa mirada no me dijo nada/sólo has dejado que mis demonios hablara por ti./Has marchitado/todo lo bello que habías creado en mi interior
El grupo es un trío que se acoplan bien. Los acordes del teclado van a contratiempo, aparentemente sencillos. La batería esta formada por una tarola y un par de contratiempos: no necesita más. El saxofón va llenado los huecos que va dejando la voz en ciertos pasajes. La voz de Suna es sueve y bien colocada. Sus líneas melódicas esta bien logradas y eso les brinda mucha calidez y suavidad.
“Esta rola que sigue –nos dice Suna- es una rola bien viejita. La habré escrito más o menos como en el 2003, 2004, cuando había llegado yo a la Ciudad de México. Mederick y yo somos del puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, y ha sido como bien lento y bien, no sé, con muchas experiencia, muchos momentos bien padres que nos han pasado en todo este tiempo y hemos tenido la fortuna de encontrar grandes amigos como Maxym y Virginia. Y esta rola que sigue se llama «La Prueba»”.
Suna esta sentada del lado derecho del escenario. No necesita realizar un gran espectáculo, su voz y su grupo lo dicen todo. Luego Suna recuerda: “En esta rola que sigue para la grabación del disco, participaron muchas personas, y es una canción que me hace recordar momentos bien bonitos, donde conocí a Virginia en una banda. Esto se llama «Turquesa»”.
Luego vendría el joven norteño Franco Narro con su guitarra y pedalera. Y por supuesto con sus canciones que va editando en tiempo real gracias al procesador de efectos y loops que lleva consigo. “Hello. Me llamo Franco Narro. Es un gusto estar aquí. Fue un placer escucharlos –le dice a Suna y su grupo–. Estuvo bien chingón. Voy a cantar algunas canciones.”
Su participación dura poco más de una hora. Franco es de los cantautores que pocas presentaciones tiene a lo largo del año, pero su trabajo es consistente. Tiene mucha frescura y es jovial. Ríe y casi al final de sus presentación nos dice mirando su antebrazo izquierdo: “Tengo una listita aquí. Me hago una lista y todas (las canciones) están bien. Pero aquí en medio tengo cuatro y un signo de interrogación. Más bien voy a hacer una rápida destrucción de las cuatro opciones. ¡Ah! ¡Bueno!¡No! ¡Ay Dios! Una va sobre «Belisario Dominguez». ¿Si saben? –y hace la señal de degollamiento– ¡y feo!, pero muy importante. A mi me marcó –dice con cierta ironía–“. En fin. Franco Narro se decide a cantar «Felicidad». Su presentación se extiende durante media hora más ente el público que lo aclama.
Una buena noche de jazz romántico con Suna y ese sonido bien logrado por su banda; y Franco Narro que se agradece que no suene a trova romántica, cursi y aburrida; sus rolas se defienden por sí solas. Un miércoles tranquilo y de muy buena música emergente.

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