Surf Party con Los Durísimos

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Chacahua, Oaxaca, 27 de marzo de 2016. A una temperatura de veintiséis grados Celsius a la noche, el trío de surf Los Durísimos ofrecieron un prendido concierto en la playa del Parque Nacional Lagunas de Chacahua, lugar paradisiaco en las costas de Oaxaca con un grupo de aventureros que compartieron un viaje de cuatro días en autobús.

24 de marzo. La llegada fue cerca del medio día en Zapotalito, un pequeño poblado en donde transbordamos una lancha con motor para llegar hasta la playa. El termómetro marcaba cerca de treinta grados Celsius. El calor era rico pero muy húmedo, lo que te daba la impresión de no haberte bañado, aunque realmente esto era cierto después de casi siete horas de andar pisteando dentro del camión y 12 horas de viaje.

El viaje en lancha fue caro, cada viajero pago $160.00 y los cuarenta que íbamos en el viaje nos repartimos en cinco lanchas, donde Los Durísmos tuvieron que repartir todo su equipo para la Surf Party. Todos teníamos ya el ansia de estar en las casas de campaña o en una cabaña con una buena chela fría en la mano.

El viaje duró cerca de 20 minutos, un recorrido de aproximadamente 15 kilómetros sobre la laguna, donde uno puede disfrutar de las aguas verdes, de algunas garzas y los preciosos manglares que crecen como islas y sirven de hábitat a mucha fauna animal.

Una vez arribados a la playa, los más audaces y con cierto colmillo, sin decir nada, se fueron directamente hacia las cabañas, apañándolas casi todas. Los que íbamos por primera vez, abrimos con cierta prisa nuestras casas de campaña para comenzar a inundar los terrenos de Doña Berta, una mujer de raíces afro con mucho alegría y una sonrisa fuerte y sincera.

Por la tarde, seguimos cheleando; otros, fumando sus cigarros forjados de marihuana; y los más desesperados, se prepararon para visitar el océano Pacífico que en estos lugares, no tiene nada de ello. El mar, un tanto picado como a eso de las cinco de la tarde, servía para que algunos niños surfearan sobre sus olas.

La noche siguió entre chelas, marihuana y preguntándonos nuestros nombres, o sólo viéndonos como perfectos desconocidos. Otros jugaban cartas españolas y platicaban. Esta primera noche cerró hasta la madrugada del siguiente día con harto alcohol en las entrañas.

25 de marzo. El calor a las ocho de la mañana nos despertó casi de inmediato. Parte del grupo turístico estaba de pie una vez más, desayunando con Doña Berta que tardaba tanto que a veces era mejor no pedirle nada e irte a otro lugar. Pero eso no lo sabíamos. Así que esperábamos impacientes nuestro plato.

Algunos al despertar, seguían la peda. Y seguían fumando. Toques por aquí, toques por allá era el ritual mañanero. Después de desayunar. Me di un rol con Diego y Leo, integrantes del grupo Voodoo Child’s que me llevaron a las tiendas donde podía comprar un short para andar más cómodo por la playa. Pero no lo hice y mejor los acompañé a comer muy cerca de su cabaña.

Más tarde todos o casi todo el grupo, nos fuimos del otro lado de la playa que se encuentra dividida de manera natural por la laguna. Ahí, Los Durísimos improvisaron una pequeña palapa para que no nos quemáramos bajo el sol intenso. Cuando nos dirigíamos a esa parte, nos encontramos al Gonzo con su grupo de amigos disfrutando las bajas profundidades de la laguna. Gonzo es alto, moreno y muy “castrante” cuando está ebrio. Durante el viaje tiró su vaso de ron sobre mí y mi  suéter y buscaba la mejor manera de acomodarse conmigo al dormir.

Nel. Que le pongo el brazo que divide el par de asientos y de ese pequeño espacio que le quedaba, durmió casi eternamente. Pero en la laguna, ante su necedad y su embriaguez, se avienta de una roca y ¡zas! se corta la mano izquierda que le provoca una gran hemorragia que intenta limpiar con agua de la laguna. Varios puntos le tuvieron que hacer. Ni pex.

Esa tarde lo perdimos de vista. El primer grupo que pasamos al otro lado, esperamos a los faltantes y nos fuimos rápidamente a una zona muy solitaria pero al mismo tiempo, mucho más acalorada y con un mar mucho más embravecido. Después de reposarnos sobre la arena, escuché una pequeña voz desde el mar. Era Leo que pedía auxilio. Las olas poco a poco lo iba arrastrando mar adentro. Cada vez eran más fuertes y la corriente lo subía y bajaba. Afortunadamente, la misma mar lo sacó y Leo se llevó un buen susto tanto como nosotros.

Pero estos sucesos no pudieron mermar el ánimo de fiesta que ya se preparaba para esa misma noche. Las dj Denepa Panky y Mugre Citadina, ambas de la CDMX, junto a los ingleses Matt Watson y Neil Sick Smith nos hicieron sacudir el cuerpo desde la barra con su material de 45 rpm, vinilos de colección de música de los años sesenta.

La fiesta comenzó cerca de las diez/once de la noche con la Denepa y su material de covers sesenteros de grupos de la época mexicanos; Mugre Citadina sorprendió con un buen set de garage que a todos hizo saltar; Matt Watson con un material desconocido sesentero también prendió a la banda; y el loquísimo Smith que nunca le atinaba al inicio de las canciones valiéndole madres si se le rayaban o no, también logró un buen set.

La palapa de Doña Berta se llenó de fiesta, de música retro y en su mayoría de jóvenes de todas las edades (incluyendo a los de más de 40) y de varias nacionalidades. El alcohol corría por todos lados. Cigarros de tabaco y marihuana también. Parejas en la cachondez; el chico que desea a la amiga pero ésta se interesa más por el más borracho de la noche; ligues efímeros; selfies; todo a ritmo de garage sesentero.

26 de marzo. Después de la tempestad viene la calma. Todos destruidos de la fiesta anterior, esperábamos el cierre final del sábado de gloria, así que muchos para resucitar, desayunamos nuevamente, tomamos mucha agua de pepino con limón de Doña Bertha, visitamos el mar toda la tarde, se vio el placton fosforecente al caer la noche, algunos liberaron tortugas, y otros nos echamos un coyotito para aguantar la tocada de la noche.

La tarde desaparecía y una hermosa luna roja nos miraba desde el horizonte, escondida entre la nubosidad que la obstaculizaba. Yo desperté sudado. Así que me fui a duchar rápidamente bajo el cielo estrellado porque el cuarto de baño no tenía techo ni puerta, una onda muy rústica.

Desde las nueve de la noche, Los Durísimos (Manolo “Rompe cuerdas” en la guitarra, Javier en el bajo y David en la batería) ya alistaban el escenario improvisando una pequeña palapa con vista al mar, aunque ellos tres le dieron la espalda y a la luna que brillaba en su salida como una gran yema en un cielo estrellado y claro.

El escenario estaba rodeado por cerca de 10 velas montadas sobre pequeños montículos de arena que le daban un toque “romántico”. Más tarde, el dueño de la tienda de enfrente, les prestó una serie de luces color azul que le dio un toque exótico y cabaretero. Después de una hora, y solucionar las fallas técnicas que conlleva la prueba de sonido, Los Durísimos ya estaban listos para el toquín.

Las luces, la luna y muchos jóvenes mexicanos y varios extranjeros, ya rodeaban el escenario en espera de la sesión en plena playa de Chacahua. Jess, baterista de Los Selváticos, y que durante el viaje de ida ya se había vomitado tres veces por la ingesta de ron, y a quien el “Castro”, un wey que importunaba a quien lo permitía, no dejaba de molestarla diciéndole que si era integrante del desaparecido grupo mexicano Las Vinylators, estaba repartiendo collares de flores artificiales y de colores a la banda viajera que acompañábamos a Los Durísimos.

Tres morritos lugareños con sus camisas floreadas y de ascendencia afro, ya andaban contando que esos collares los estaban vendiendo a veinte pesos a una niña que deseaba uno, nada perdidos. Mientras comenzaba el toquín, me fui a cenar un plato de arroz y me puse a platicar un rato con Jess hasta que Mugre Citadina dejó de tocar y comenzamos a escuchar los primeros acordes de la primera rola de Los Durísimos. Y de volada que nos paramos y casi corriendo le caímos.

“¡Muchas gracias! ¡Muchas gracias! Somos Los Durísimos desde Veracruz y D. F. para el mundo y Oaxaca –dice Javier después tocar tres piezas–. Estamos aquí haciendo la surf party en la última noche de este viaje que estamos haciendo pero hay que disfrutarla al máximo”. Javier viene con su bermuda negra y su camisa negra/blanca. Manolo no puede dejar de gritar. Su expresión contagia y sus riffs son efectivos imitando el sonido de burbujas que escuchamos bajo el mar. David es mucho más tranquilo en la batería.

Manolo con su extensa barba hacia sonar su lira con harto reverb mientras que David le daba duro a la batería. La banda se prendió. Algunos ya hacían el slam playero. Algunos se tiraban boca bajo, sobre la arena imitando una tabla de surf en las rolas más movidas. Otro se subía a sus espaldas y el primero se meneaba para lograr tirarlo. En la parte álgida, los chicos subieron en hombros a Manolo y Javier, otros imitaban nadar y en las rolas más lentas o “románticas”, las parejas se unían y cachondeaban.

“Un saludo al crudísimo Fidel. ¿Dónde anda el wey? Gracias por todas las atenciones que siempre nos das –agradece Javier–. Pues a su salud –y bebe un poco de cerveza–. También a Berta que nos ha dado cada alimento para aliviar estas crudas. Gracias a Chacahua por prestarnos otra vez la playa para armar la fiesta”. Por ahí entre la guasa la gritan: “¡A Julio de las pescadillas (quesadillas de pescado)!”, “¡Al Castro!” y la tocada continua por un tiempo más.

Un gran agasajo de música y surf, de baile y marihuana, de mexicanos y extranjeros, de luna y arena, de cachondeo y coqueteo. Una tocada loca, una Surf Party en uno de los lugares que aun guarda lo rústico y que agradecemos mucho. Los Durísimos, este joven trio de surf lleva cuatro años realizando este evento y que para el siguiente, prometen extenderlo a Zipolite sin olvidar a Chacahua.

Epílogo. Todo terminó hasta las cuatro de la mañana. Aun nos quedamos a platicar y conocer a la banda un rato más. La luna nos miraba un poco achatada desde su mar de estrellas. A la mañana del día 27, comenzamos a guardas nuestras pertenencias. Nadie se quería regresar. El sol caía aplomo. Nunca pude tomar una buena foto a las mantarrayas que saltaban desde el mar en busca de comida. Aquí las conocen como murciélagos. El Gonzo estaba más que tranquilo con su mano herida y su “castrocidad” a nivel cero. El regreso fue un concierto de ronquidos que se mezclaban con el ronronear del motor. La Surf Party había terminado.

2 comments for “Surf Party con Los Durísimos

  1. 30 marzo, 2016 at 2:29 pm

    Por favor dígame que obsequiará su collar de flores!! Qué chingona aventura, que fregona reseña! Gracias.

  2. 31 marzo, 2016 at 12:24 am

    Muchas gracias por la reseña, estuvo ¡durísima!

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