Surfeando en el garage

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 18 de octubre de 2014. Dentro de la escena subterránea de la capital, existe la vertiente del surf y garage. La primera ha tenido su época dorada a mediados de los años noventa con grupos como Los Acapulco y Los Esquizitos. Por otro lado, el garage aún sigue manteniéndose oculto y con una gama de bandas que lo tocan en pequeños bares nocturnos. Ambos géneros no son nuevos en nuestro país, puesto que desde los años sesenta del siglo pasado, se viene ejecutando.

Y en esta noche de farra, nuevamente caímos al Dirty Sound Bar que es un lugar interesante en cuanto a las propuestas musicales que buscan un lugar para mostrar su trabajo. Y en esta noche, fue de surf y garage, una mezcla curiosa pero que muestra una interesante escena.

Si bien nos perdimos de la primera banda llamada Arrowheads, la noche pintó bien con las otras tres bandas que escuchamos. La segunda en tocar fue Viv And The Sect con un garage energético y bien ejecutado, teclados Yamaha que le dan un matiz muy sicodélico. Su cantante es muy espectacular al cantar y tocar su guitarra acústica, además de bailar durante su presentación.

Después vendrían Voodoo Child’s con su loquísimo sonido de garage. Lo mejor fue su bajista que ya no podía con su alma y mucho menos con el bajo. Sus notas no eran precisas pero la actitud es lo que cuenta, y entre sus notas falsas y anárquicas, me recordaban un cierto aire a punk de a deveras, en donde te valía madres como tocaras, lo importante era hacerlo y ya. La voz grave de su cantante contrastaba mucho con la cara de adolescente que aún conserva. Su baterista entregado, y el de la lira, el más propio de todos, ejecutaba buenos riffs cuando su turno llagaba.

Por último, el surf cerró la noche con un trío llamado Los Durísimos. Y efectivamente, esta agrupación suena como una buena pared de concreto bien cimentado. El guitarrista es sensacional con sus riffs, porque toda su música es instrumental, y sus gritos (que me recordaban a los danzantes alabando a Ehécatl, dios del viento) entusiasmaban a los pocos que nos quedámos a escucharlos. Tanto el bajista como el baterista, lo apayaban sumamente bien en la base rítmica.

Y la noche siguió entre la convivencia hasta casi el amanecer. Aprendimos que para surfear, no es necesario tener una tabla para echarla al mar.

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