Szkojáni Charlatans armó al fiesta en el Binnizá

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. Ciudad de México, 6 de febrero de 2016. La noche del sábado fue una sensacional noche de música gitana, balkánica, de música tradicional y folklórica europea; de esas noches que por azares del destino, sabes por intuición, que habrá algo más que embellecerá la noche.

Desde luego, la fiesta gitana había sido la cereza de la noche después de andar buscando algo interesante que reseñar, pues veníamos del evento “NUM3ROLO61A PERSONAL. ARTE AMATEUR. EGO EXPERIMENTAL” un homenaje hiper-absurdista a los números 0-0-16 del escritor emergente David (H) Rambo en el Allende Red. Llegamos tarde pero pudimos apreciar a algunos poetas que según las malas lenguas, fueron alumnos del poeta Israel Miranda. Más allá de eso, recibimos nuestra paqueña cortesía de mezcal.

Después, Rambo y amigos nos fuimos al barrio chino que celebraba el nuevo año del mono. Gente por todos lados comprando los típicos sombreros de campesino oriental que ha hecho de China casi un símbolo de su cultura. Cuetes, galletas de la suerte, vendimia de budas y changuitos, algodones que escapaban de vez en cuando al aire y la típica danza del dragón con sus ojos, cejas y boca móviles.

Sin embargo tenía que moverme por un encargo y me dirigí a La Burra Blanca del 56 que ahora se ha modernizado. Tiene una nueva planta baja donde me encontré el buen Haydn Hernández y Antonio DeMarcco, dos cantautores que presentaban su evento Dicotomía. Ahí echaron rolas y me invitaron a subir. El ambiente ya se había puesto bueno pero había que retirarse ya que La Burra cerraba a las once de la noche. Así que el buen Haydn y yo nos fuimos a continuar todo a la Mezcalería Cultural Binniza y esto fue lo que vi.

Szkojáni Charlatans

Szkojáni Charlatans, provenientes de Transylvania, le cayeron de la manera más informal a la tocada de Son de Caney, una banda mexicana que define su música como son urbano que ese día tocó para la inauguración de la nueva exposición pictórico y erótica en la mezcalería cultural Binnizá llamada “Posición X”.

Con un violín, un acordeón y una darbuka fue suficiente para que el dueto de Szkojáni Charlatans animarán el ambiente que ya estaba prendido por Son de Caney. Cervezas y mezcales seguían saliendo de la pequeña cocina del Binnizá. Más tarde, otro músico se les unió con una tuba balkánica dando otro giro a la música.

Algunos abrazados hacían ruedas y giraban de un lado a otro. En una de las mesas de manera repentina, comenzaron a echar por aire con todo y silla a sus guapas amigas que los acompañaban y que no dejaban de bailar ante suculenta música que difícilmente se escucha con gente oriunda del lugar. Las rondas de baile se armaron de un lado a otro en la angosta mezclaría. Abrazados todos, abrazadas todas a un mismo ritmo.

Por ahí también le cayó uno de los integrantes de la Tlazolteotl Orkestra, el magnífico percusionista que le dio mucho sabor con su virtuosidad en la darbuka. Un saxofonista que no tuve a bien preguntar quien era, pero tenía toda la actitud. Una hora y media de música gitana mezclada con balkánica y otros géneros propios de la Europa baja. Describir el evento que no teníamos idea de que se fuera a dar, es la mejor forma de dejar constancia que la música en la ciudad de México es un gran crisol en donde todo puede pasar sin ir a los grandes foros que de alguna manera ya están condicionados a las comercialidad del mercado musical. Este noche estuve demasiada suerte.

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