Uriel Sánchez, Haydn Hernández, Pato Yair y su orgía musical

ORLANDO CANSECO. Para MH RADIO. 10 de septiembre de 2015. Uriel Sánchez, Haydn Hernández y ‘Pato’ Yahir Martínez ofrecieron un recital con “canciones sufridoras”, “reclamativas”, “depravadas” y con mucho “malabar chorero” en la Mezcalería Cultural Binnizá el pasado jueves por la noche.

Uriel, Haydn y Pato son tres cantautores mexicanos que tienen tres puntos en común: su histrionismo en el escenario, el humor y componer sus propias rolas; cada uno con matices y personalidades diferentes, por supuesto, pero que logran envolverte con sus “malabares choreros” a decir de Pato.

“Yo soy Uriel Sánchez. Soy exponente de la canción sufridora y reclamativa, del son jarioso, del son mentumo y del rock and ron” y explica: “el son jarioso, pu’s es como el son jarocho pero más caliente; el son mentumo es como el son montuno pero más frío; y el rock and ron pues ya lo conocen si traen una pinche cara de borrachos todos”.

Uriel bromea con el público y lo interpela con su ironía, una ironía que parece dirigida a su persona, a sus defectos, a su vida diaria: “Pues sufro de una rara y grave enfermedad que se llama dislexia emocional y que no me deja aprenderme las letras de las canciones ni levantarme temprano ni ser monógamo ni mantener un trabajo estable. ¡Puta! No saben que feo ha sido mi vida por eso”.

Al contrario de sus comentarios irónicos entre canción y canción, las letras de Uriel Sánchez son mucho más serias, a pegadas al amor frustrado y ahogado en alcohol, a la confusión, a la vida de bohemio: Yo que vivo de bohemio/que me burlo del dinero/que aun que me cobres te quiero/de veras que ya no puedo/Aguantarte las cobranzas/neta te pasas de lanza/pu’s no mames son rolero…

“Buenas noches. Yo soy Haydn Hernández y me dedico a escribir canciones de amor. Entonces voy a hacer unas cuantas canciones románticas en esta noche de tríos”. El histrionismo de Hayd va más allá de la exageración con canciones perversas y de sexo explícito, de personajes oscuros y extraños: Él no sabía/que al pasar del sueño a la pesadilla/estaba un río anaranjado custodiado en la entrada/por un prieto panzón, lente oscuro/clásico de bar/exigiendo el descuento de entrada/con chicas desnudas de publicidad…

Haydn esta maquillado de medio rostro. La luz neón al iluminarlo resalta la calavera pintada una hora antes. La actuación de este cantante es explosiva: salta del banco, tiembla, grita, gesticula. Su humor es negro, es perverso. A uno que otro lo deja pasmado en su asiento por la crudeza de su material.

A ‘Pato’ Yair Martínez le toca intervenir el espacio. Y es literal. Con el rostro maquillado de muerte que sólo a lámpara de neón es posible verla, el Pato comienza su acto de “malabarismo chorero” en donde conjuga, música, poesía y actos de equilibrio cirsense.

Con un poema y música a ritmo de vals o tal vez, de ranchera decadente, Pato abre su actuación. A veces con voz humana y en otras con voz demencial, parece darle vida al personaje disímbolo de la novela Dr. Jekyll y Mr. Hyde que lucha entre dos personalidades contradictorias: SIENDO, METÁFORAS ORINADAS Y RECUERDOS/fumando y BEBIENDO POESÍA/PIERNAS…/deseo tenerte/DESEO TENERLA/DESEO ausente, ansiedad/¡CAMINANTE ANSIEDAD!…

Pato invita a pasar el poeta emergente Peter Paul Ramírez, que toma sus hojas y recita: Propongo un tiempo muerto/en el que los relojes y los calendarios hagan malabares con sus números/en vez de apretarnos a la fuerza el nudo de la corbata…

Para el segundo acto, ‘Pato’ abre con su electro-darks en que canta-recita-grita-habla y realiza malabares. Más tarde agradece a Ana María Hernández Navar “la mujer más revolucionaria del mundo”. Pato es toda una mezcla de arte callejero que combina la canción sucia, la poesía sucia, la critica social, el erotismo sucio. Más que un merolico es un malabarista chorero, que juega con las palabras, las intensidades de su sonido y las ideas grotescas del ser humano.

La noche fue una gran orgía musical con tres estilos diferentes de cantautores que utilizan el escenario como una especie de carpa callejera, donde se permite todo: las malas palabras, la poesía cruda, el humor negro, la ironía a sí mismo, la música y desde luego, la perversión oculta de ciertos personajes citadinos de esta gran ciudad.

 

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